Por Christian
Salmon -
Le Monde / The New York Times Syndicate
"El veto del Presidente Bush será uno de los actos más vergonzosos de su
presidencia", afirmó el senador Edward Kennedy, en alusión a la decisión del
Mandatario estadounidense de oponerse a un proyecto de ley aprobado por el
Congreso que prohíbe la práctica de la tortura por agua, simulación de
ahogamiento asimilada a las técnicas de interrogatorio del manual práctico
del Ejército estadounidense.
Que el Gobierno de George W. Bush ha encubierto y autorizado el recurso
de la tortura desde el 11 de septiembre de 2001 no es realmente un gran
descubrimiento, sobre todo después de la publicación de las fotos de Abu
Ghraib, de los testimonios de los detenidos de Guantánamo y las prisiones de
la CIA ubicadas en Europa. Pero es la primera vez que un Presidente
estadounidense utiliza sus prerrogativas institucionales para defender
oficialmente el principio y el uso de la tortura.
Es cierto que Bush está al fin de su último mandato y que su popularidad,
de lo más baja, ya no puede sufrir más. Pero esa decisión hubiera sido
imposible de no inscribirse en un horizonte de espera marcado por un
profundo cambio de las normas y los valores éticos aceptados por la opinión
pública de Estados Unidos.
Tortura en hora prime
Como prueba de lo anterior, están las innumerables escenas de tortura en
las series televisivas como "24", "Lost", "Alias" y "Law and Order". De 2002
a 2005 se transmitieron no menos de 624 escenas de tortura en horario
estelar, a diferencia de las 102 que hubo de 1996 a 2001. "Jack Bauer, el
héroe de ‘24’, no es un torturador", declaró a "The New York Times" el
creador de la serie, Joel Surnow. "Sólo es un ciudadano que sabe mostrarse
convincente cuando hace falta. Él paga muy caro todo lo que hace, todo para
salvar millones de vidas humanas. Él es la encarnación misma de la justicia.
Una máquina de matar con la que todos soñamos en secreto, pues él no castiga
más que a la escoria".
Según Human Rights Watch, "24" no sólo banaliza la tortura a ojos de los
espectadores, sino que también inspira a los soldados en Irak. "Tenemos un
ramillete de pruebas que demuestran que los soldados jóvenes imitan las
técnicas de interrogación que ven en la televisión", advierte David Danzig,
que dirige la campaña "tortura en horario estelar".
Los mismos especialistas de los servicios secretos se inquietan por ello.
A mediados de noviembre de 2006, la Academia Militar de West Point organizó
un encuentro con los guionistas de "24". Según "Los Angeles Times", "los
militares expresaron el deseo de que las escenas de tortura fueran más
auténticas. Eso no quiere decir más sangrientas o salvajes. Por el
contrario, quieren que sean más realistas, más expeditivas".
Pero eso sería renunciar a lo que constituye el éxito de la serie y que
no se debe sólo a la personalidad del héroe y a los acontecimientos que se
presentan, sino también al suspenso creado por el famoso "recurso de la
bomba de tiempo", que le da a la serie su tensión narrativa, su eficacia,
aunque se base en un encadenamiento narrativo que el director británico
Alfred Hitchcock ya alguna vez, en sus entrevistas con François Truffaut,
había considerado obsoleto.
La cátedra Bauer
Cada temporada está formada por 24 episodios de una hora de duración y
cubre "en tiempo real" los acontecimientos de un día. La duración de los
anuncios está incluida en la cronología del episodio, materializada por la
presencia en la pantalla de un reloj digital que realiza una sincronía
perfecta entre el tiempo de la acción y el de su percepción. Los
acontecimientos se dan a la vez como vividos y como representados. La acción
ya no se conjuga en el imperfecto de la ficción, sino en un tiempo virtual:
el de la urgencia normalizada, de estado de excepción permanente. La amenaza
perpetua de un atentado terrorista da licencia para la suspensión del juicio
moral y permite instaurar una nueva ley ética que autoriza y obliga a todo
el mundo a "interrogar" a todo el mundo el padre al hijo, el marido a su
esposa, la hermana a su hermano a nombre de la seguridad de todos. Se
instaura, entonces, un nuevo régimen de política que ya no reposa sobre la
creencia compartida, sino sobre la generalización de la sospecha.
Durante un coloquio de juristas celebrado en Ottawa en junio de 2007, un
juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, Antonin Scalia, justificó el uso
de la tortura basándose no en textos jurídicos o el derecho internacional,
sino en el ejemplo de Jack Bauer. La Universidad de Georgetown ofrece un
curso destinado a estudiar las cuestiones de derecho planteadas por la serie
"24". Según la revista "Slate", el curso se lleva a cabo los martes en la
tarde, para que los estudiantes tengan todavía fresco el recuerdo del
episodio transmitido el día anterior.
Éste es un claro indicador de la paranoia del Gobierno de Bush que, no
encontrando en el derecho internacional ni legitimación ni fundamento, los
busca en las ficciones que inspira, instaurando una especie de
autolegitimación por la ficción y creando una jurisprudencia basada ya no en
la anterioridad de las decisiones de justicia, sino en el desempeño de actos
ficticios, una jurisprudencia "Jack Bauer".
Al referirse a la segunda temporada de la serie, en el curso de la cual
vemos a nuestro héroe salvar a California de un ataque nuclear gracias a los
informes obtenidos mediante interrogatorios "enérgicos", el juez Scalia no
titubea al afirmar: "Jack Bauer salvó a Los Ángeles; salvó cientos de miles
de vidas. ¿Va usted a condenarlo? ¿A decir que el derecho está en su contra?
¿Habrá un jurado que condene a Jack Bauer?".
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