La hipocresía del lenguaje democrático de los imperios es conocida. La
lucha por la democracia mundial, el Eje del Bien, es un slogan de márketing ad
usum delphini: donde convienen a nuestros intereses estratégicos lo decimos de
verdad y donde no es una cáscara retórica que oculta siempre lo peor.
Peenemünde
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Podemos torturar e incluso
sostener dictaduras democráticas corruptas hasta la médula persiguiendo
abstractos fines libertarios.
No será la última vez que un ex alto cargo de la Administración de Bush, de
probada fe neocon, denuncia a un medio de comunicación norteamericano que sus
jefes se embarcaron en "una guerra sucia para dar la victoria a una dictadura
corrupta" de Oriente Próximo. Podrá ser la famosa culpa, el cargo de conciencia
o una pequeña venganza personal.
El caso es que la denuncia estalló y el personaje en cuestión es David Wurmser,
hasta julio de 2007 asesor de Cheney, y la "dictadura corrupta" es nada más ni
nada menos que la Autoridad Palestina. Después de no haber digerido la victoria
limpia en elecciones democráticas de Hamas en Gaza, la Casa Blanca de Bush
comenzó la lenta cocción de una gigantesca y complicada operación que recuerda
los grandesa escándalos (y fracasos) de la CIA. Una operación encubierta, mitad
al estilo "Irán-contras", mitad "Bahía de Cochinos", que se proponía con medios
ilegales, violentos y terroristas desalojar a Hamas del poder legítimo.
La revista Vanity Fair ha publicado un largo reportaje –con el significativo
título de "The Gaza Bombshell"– en el que detalla con documentos confidenciales
de primera mano y fuentes de la Administración el fracaso de los intentos de
EEUU por eliminar a Hamás de la ecuación palestina con la colaboración estrecha
de dirigentes del corrupto Gobierno de Mahmud Abás.
El periodista David Rose revela cómo el Presidente Bush, Condoleezza Rice, y el
viceministro de Seguridad Nacional Elliott Abrams, planearon la creación de un
cuerpo paramilitar clandestino (entrenado y armado con armas de nueva
tecnología, más la parafernalia tecnológica estadounidense-israelí), al mando
del hombre fuerte del Fatah, Muhammad Dahlan. El objetivo era desatar una
sangrienta guerra civil en Gaza, para debilitar al gobierno de Hamás,
deslegitimar su posición ante el pueblo palestino y lograr una intervención
mediadora internacional.
Más o menos con la misma lógica con que Kennedy lo intentó sin éxito en Cuba;
más o menos con la misma lógica con la que Reagan lo intentó con éxito contra la
Nicaragua sandinista. Todo comenzó, relata Rose, con un capricho democrático
abstracto de Bush: por primera vez elecciones libres y limpias en Palestina. No
escuchó lo que le decían palestinos de Fatah e israelíes: ¿está loco? ¿dejar que
esta gente vote libremente? Igual se preparó todo adecuadamente: una ley
electoral que favorecía arbitrariamente a Fatah, trabas burocráticas a Hamás y
todas las trampas legales de las democracias occidentales avanzadas.
De nada sirvió: Con poco más del 44% de los votos, los islamistas obtuvieron una
mayoría absoluta arrolladora. Gaza pasó a ser controlada por Hamás, que comenzó
a presionar a Israel como nunca lo había hecho el gobierno de Abbas. ¿A quién
mierda se le ocurrió esto?, bramaron en el Pentágono. Ya era tarde. Bush
reconoció su error a medias: “I don’t know whether you can solve it in a year or
not” [No sé si se podrá resolver o no en un año].
Las elecciones ya no importaban un comino: Rice presionó a Abbas para que
disolviera el Gobierno dirigido por Hamás y declarara el estado de excepción con
alguna excusa orwelliana. Abbas se postró a los pies de EE.UU. pero poco podía
hacer. Allí entro el plan de desestabilización de Gaza. Apareció el siniestro
personaje de Dahlan (que había sido jefe de policía con antecedentes de maltrato
y tortura) y el teniente general Keith Dayton prometió a Dahlan 86 millones de
dólares para formar una fuerza paramilitar. El dinero nunca llegó por culpa de
las reticencias del Congreso, o sea: por culpa de los controles democráticos.
Como en los tiempos del escándalo del Iran-Contra –pero aparentemente sin
cometer ningún delito– Rice tuvo que dar un rodeo y convencer a varios gobiernos
árabes de que adelantaran los fondos y entrenaran a las fuerzas policiales de
Fatah. Dahlan no se quedó quieto: lanzó una guerra sucia contra los islamistas
en una cadena de asesinatos y represalias que perseguía convertir Gaza en un
lugar ingobernable, al mejor estilo "Contras" en Nicaragua.
El Departamento de Estado elaboró un plan alternativo, con el poco imaginativo
nombre de Plan B, para dar a Abás 15.000 hombres armados con los que
definitivamente acabar con el control de Gaza por Hamás. El plan se denominaba
en la jerga interna de la seguridad como “Iran-contra 2.0”. Todo se derrumbó
cuando un humilde diario jordano publico la noticia. Los dirigentes de Hamás no
contaban ya con simples sospechas. No es extraño que prefirieran adelantarse a
los acontecimientos y expulsar de Gaza a los verdugos.
Los miembros de Hamás se llevaron durante el putsch contra Fatah carpetas y
documentos de uno de los despachos de la Seguridad Preventiva, el principal
cuerpo policial en Gaza que dirigía Mohamed Dahlan. Buscan lo que Hamás dice
haber encontrado ya: las pruebas de la estrecha relación de Dahlan y Fatah con
la CIA y los servicios de seguridad israelíes. Encontraron el plan "Iran-contra
2.00".
Dahlan gastaba fama de ser el hombre de la CIA en Gaza por sus excelentes
relaciones con los norteamericanos. Por eso, no resulta extraño que de la casa
de Dahlan ya no quede más que las paredes. Sin "Bahía de Cochinos", sin "contras"
en Gaza sólo quedaba una solución: Israel declaró el más inhumanitario bloqueo
que se conozca en tiempos de paz.