Cuando
apenas falta una semana para el quinto aniversario del inicio de la guerra de
Irak, parece que los efectos de este asunto en la política interna de EEUU
está a punto de dar un nuevo vuelco. Según una encuesta del Pew Research
Center, hay una mayoría de ciudadanos que ve con optimismo el futuro del
esfuerzo bélico en el país árabe, algo que no sucedía desde el verano de 2006.
En concreto, un 53% de los encuestados cree que EEUU "triunfará
en la consecución de sus objetivos", lo que supone una ascenso de 11
puntos en comparación con el pasado mes de septiembre.
El incremento es aún mayor entre los que creen que la guerra va
"bien" o "muy bien", aunque en este caso no llegan a constituir una
mayoría. Hoy son el 48%, respecto al 30% de hace unos meses.
En cuanto a la cuestión de la necesidad de retirar las tropas de
forma urgente, el país está dividido en dos partes casi iguales
cercanas al 50%.
Un futuro incierto
Sin duda, estos números serán analizados con lupa por parte de los
aspirantes a la Casa Blanca, ya que pueden transformar una dinámica política
iniciada hace dos o tres años según la cual Irak era un asunto que
beneficiaba políticamente a los demócratas.
En octubre de 2006, los demócratas obtuvieron una
gran victoria en las elecciones legislativas, en parte gracias al hastío
de la mayoría de la población respecto al conflicto. Ahora mismo, y de cara a
las
presidenciales de noviembre, la cosa no está tan clara.
Parte de la explicación reside, además de en la palpable reducción
de la violencia en Irak, tanto la que afecta a los soldados
estadounidenses como a los civiles, en la personalidad y posiciones de
John McCain. Cuando los ataques de la insurgencia iban en aumento, el
heterodoxo senador por Arizona fue uno de los únicos políticos que abogaron
por un incremento de las tropas y cargó contra Donald Rumsfeld por haber
planificado mal la invasión.
En consecuencia, más allá del hecho de que la reducción de la violencia en
Irak se debe a varias causas, no sólo a la escalada militar, la nueva dinámica
en Irak le ha permitido a McCain sacar pecho y
hacerse con una nominación que hace medio año tenía muy cuesta arriba.
¿Influirá en la carrera presidencial?
Sin embargo, Irak ha demostrado ser en estos cinco años una verdadera caja
de Pandora. Por lo tanto, a nadie debería extrañar que la violencia pueda
recrudecerse en los próximos meses y se acabe produciendo un nuevo
giro en los efectos políticos de la guerra.
Quizás por esta razón, y por el hecho de que entre los demócratas aún
existe una clara visión negativa de la guerra de Irak --sólo un 30% considera
que la guerra vaya bien--, tanto Hillary Clinton como Barack Obama no
han modificado su retórica antiguerra. Por ejemplo, hace tan sólo un
par de días, Clinton reiteró en Pensilvania su promesa de "poner fin a la
guerra de Irak y traer las tropas a casa".
Así las cosas, si la situación en Irak continúa mejorando
--o al menos no
empeora, pero sí va calando entre el electorado la sensación de que es posible
estabilizar el país árabe--, nos podemos encontrar en el mes de octubre ante
una curiosa situación: un aspirante republicano intentando
centrar la campaña en la guerra de Irak y un demócrata prefiriendo hablar de
economía. Quién lo hubiera dicho hace unos pocos meses...
No obstante, la encuesta ofrece mejores noticias para Obama que para
Clinton, ya que una sólida mayoría de ciudadanos continúa creyendo que
fue un error estratégico invadir Irak, que es el principal argumento
del senador demócrata para desmentir su supuesta inexperiencia en política
exterior.
Por lo tanto, en un hipotético duelo McCain-Obama, desde un punto de vista
electoral, la cuestión de Irak podría favorecer al uno o al otro en función de
hacia dónde miren los electores, el futuro o el pasado de la
guerra.