|
 |
|
Fallon saluda a Bush durante un
acto en Florida en mayo de 2007. (Foto: AP) |
Al pedir que lo
relevaran del mando militar de Estados Unidos en Medio Oriente y el
pase a retiro, el almirante William Fallon, contrario a las
propuestas de ataque contra Irán, cedió a las presiones del gobierno
de George W. Bush.
Por Gareth Porter (*) - IPS
Al anunciar su alejamiento, el secretario
(ministro) de Defensa, Robert Gates, dijo considerar que era la
decisión "correcta". De esa forma, indicaba que la renuncia
coincidía con el deseo del gobierno.
Antes de la renuncia, los periodistas le preguntaron el lunes al
portavoz del Pentágono, Geoff Morrell, si Gates aún tenía plena
confianza en Fallon. Morrell se limitó a señalar que existía entre
ambos una "buena relación de trabajo" y agregó que el almirante
prestaba servicios "a disposición del presidente".
El desenlace se produjo pocos días después de la publicación en la
revista Esquire de un perfil de Fallon, según el cual el máximo jefe
militar de Estados Unidos en Medio Oriente "estaba en la sartén" por
sus declaraciones públicas en contra de un ataque a Irán, opción que
Bush se ha negado sistemáticamente a descartar.
La repercusión que alcanzó ese artículo elevó la presión para que
Fallon renunciara, pero es casi seguro que el almirante sabía que
sería removido cuando aceptó cooperar en la realización del perfil
que publicaría Esquire.
El martes, Fallon difundió una declaración. "Informes en la prensa,
que sugieren una desconexión entre mis puntos de vista y las
políticas del presidente, se han convertido en una distracción en un
momento crítico y obstaculizan los esfuerzos" en la región a su
comando, que incluye Medio Oriente y países de Asia como Afganistán
y Pakistán.
El militar tuvo en el último año choques con la Casa Blanca por la
política de Bush hacia Irán. También cuestionó que Iraq continuara
siendo la prioridad militar de Washington en lugar de Afganistán y
Pakistán, lo que le deparó conflictos con el presidente y con el
general David Petraeous, máximo comandante estadounidense en Bagdad.
La mayor preocupación de Fallon parece haber sido evitar una guerra
con Irán. El almirante, al igual que la mayoría de los miembros del
Estado Mayor Conjunto y muchos altos oficiales, se sintieron
alarmados a fines de 2006 y principios de 2007 por los indicios de
que Bush y el vicepresidente Dick Cheney contemplaban un ataque
contra Teherán.
Gates nombró a Fallon como máximo jefe militar para Medio Oriente
poco después de una reunión entre Bush y los miembros del Estado
Mayor Conjunto, el 13 de diciembre de 2006, en la que les solicitó
sus opiniones sobre un posible ataque a Irán.
Según el coronel Patrick Lang, ex miembro de la Agencia de
Inteligencia de Defensa, Fallon dijo en privado, cuando se lo
confirmó para el cargo, que no habría guerra con Irán mientras él
fuera comandante.
Cuando se le preguntó cómo haría para evitarla, respondió: "Tengo
mis opciones". Lang interpretó ese comentario en el sentido de que
estaba dispuesto a renunciar antes que obedecer la orden de ataque.
Fallon también habría dicho en privado: "Varios de nosotros estamos
tratando de poner a los locos nuevamente dentro de su caja", en
aparente referencia a la oposición del Estado Mayor a un
enfrentamiento militar con Teherán.
Incluso antes de ser nombrado comandante para Medio Oriente, el
almirante expresó una fuerte oposición al envío de un tercer
portaaviones al Golfo Pérsico (o Arábigo) con la intención de
intimidar a Teherán y sugerir que se estaba preparando un ataque. El
plan fue abandonado por este motivo.
Al parecer, Fallon comunicó a Bush su reticencia a una guerra con
Irán poco tiempo después de ser designado.
Pero más que su oposición a un ataque militar contra Irán, la mayor
fuente de fricción con el gobierno fue el papel de Fallon en el
terreno diplomático, a través de sus contactos personales con
líderes políticos y militares de Medio Oriente.
Este verano (boreal), mientras Cheney promovía un ataque a bases en
Irán supuestamente conectadas con los insurgentes iraquíes, Fallon
declaró en una entrevista que Estados Unidos debía "encontrar la
forma de llegar a un acuerdo" con el régimen islamista.
La relación empeoró cuando el militar, entre septiembre y noviembre
de 2007, descartó en tres oportunidades la posibilidad de un ataque
contra Irán, para calmar la inquietud de varios gobiernos de Medio
Oriente aliados de Washington.
Fallon también entró en conflicto con funcionarios del gobierno al
reclamar una retirada de tropas de Iraq mucho más rápida que la
contemplada por Bush y Petraeous, por quien el almirante sentía un
desagrado visceral.
Cuando se reunieron por primera vez en Bagdad, en marzo de 2007,
Fallon lo llamó "pequeña mierda de gallina lameculos", según fuentes
familiarizadas con los informes sobre ese encuentro.
Su enfrentamiento con Petraeous se debía a la insistencia de este
último en mantener tropas estadounidenses en Iraq, aunque la
posición de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte se estaba volviendo más precaria en Afganistán.
Fallon siempre consideró que este país y Pakistán constituían los
mayores desafíos a la seguridad de Estados Unidos.
Asimismo, ordenó a sus subordinados que dejaran de emplear para
referirse a Iraq el término "guerra prolongada", caracterización
empleada por los funcionarios del gobierno de Bush. Se comentó que
lo preocupaba que el uso de ese concepto sugiriera que Estados
Unidos tenía la intención de dejar tropas en países musulmanes por
tiempo indefinido.
Las posiciones de Fallon lo hicieron impopular entre los
neoconservadores que integran el gobierno de Bush.
El almirante decidió embarcarse en un complejo juego político al
oponerse a la política de la Casa Blanca. Sabía que era
políticamente vulnerable, pero en lugar de optar por un papel
discreto decidió doblar la apuesta, prestándose a cooperar
abiertamente con Esquire en el perfil que la revista estaba
preparando.
Probablemente ya sabía en ese momento que sus días como comandante
para Medio Oriente estaban contados.
******
(*) Gareth Porter es historiador y experto en políticas de seguridad
nacional de Estados Unidos. "Peligro de dominio: Desequilibrio de
poder y el camino hacia la guerra en Vietnam", su último libro, fue
publicado en junio de 2005 y reeditado en 2006.