Desde el ahogamiento simulado hasta el envenenamiento del agua potable, entre
la tortura, la encarcelación, la anulación de derechos básicos y una guerra
sin fin, la vida en Estados Unidos no ofrece mucho como ejemplo al resto del
mundo.
Por David Brooks -La Jornada
El sábado pasado el presidente George W. Bush vetó un proyecto de ley que
buscaba prohibir algunas formas de tortura aquí llamadas “métodos de
interrogación”. En particular se buscaba prohibir el llamado waterboarding
o simulación de ahogamiento –casi universalmente considerada como tortura (por
parte de la ONU, los principales grupos de derechos humanos, e incluso por el
propio gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial)– el cual
Bush consideró como “una de las herramientas más valiosas en la guerra contra
el terror”.
Al parecer, la democracia y la civilización no se pueden defender sin la
tortura.
Mientras, el principal frente de esa “guerra contra el terror” –la
ocupación de Irak– a punto de celebrar su quinto aniversario está costando
unos 12 mil millones de dólares al mes, o sea el triple de sus primeros años,
según nuevos cálculos. De hecho, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz
calcula que el costo total de las guerras y ocupaciones de Irak y Afganistán
ascenderá a 1.7 y 2.7 billones de dólares o más para 2017.
Todo esto en medio de una creciente crisis económica que casi todos ya
califican de recesión, donde decenas de miles de familias están perdiendo sus
casas por no poder pagar hipotecas, y donde se siguen perdiendo cientos de
miles de empleos (sólo en febrero se reportó el cálculo oficial de otros 63
mil empleos desaparecidos, la peor pérdida de empleos registrada en cinco
años).
A la vez, con base en cifras oficiales, un nuevo informe revela que poco
más de uno de cada 10 estadunidenses están encarcelados actualmente, lo que
significa la mayor tasa de encarcelamiento en el mundo. Se detalla que uno de
cada nueve hombres negros entre los 20 y 34 años está encarcelado, y también
lo está uno de cada 36 hombres latinos. El informe del Pew Center on the
States calcula que Estados Unidos ahora tiene más de 2.3 millones personas en
prisiones, y la investigadora del centro Susan Urahn calcula que eso es una
cuarta parte de la población encarcelada del mundo (o sea, tiene uno de cada
cuatro personas encarceladas en el planeta), seguido, muy por abajo, de China,
con 1.5 millones de encarcelados.
Más de 90 por ciento de los internos está en prisiones estatales y locales,
y los gobiernos estatales gastan unos 50 mil millones de dólares en este
rubro. El informe dice que en el transcurso de las últimas dos décadas el
gasto estatal para prisiones se ha incrementado 127 por ciento, comparado con
un incremento de sólo 27 por ciento en educación superior. El gobierno federal
dedica otros 5 mil millones anualmente para las prisiones.
Por otro lado, el gobierno de Bush procede con las llamadas “comisiones
militares” para enjuiciar a unos cinco acusados de “terrorismo” en Guantánamo,
violando así normas internacionales al negarles casi toda protección legal
básica garantizada por las Convenciones de Ginebra y la Constitución de
Estados Unidos. Los acusados no pueden revisar las pruebas en su contra, sus
declaraciones extraídas bajo tortura podrán ser empleadas en un juicio, y no
tienen el derecho de obligar a las autoridades a demostrar las pruebas bajo
las cuales están detenidos (el habeas corpus).
Agua potable contaminada
Para colmo, resulta que la advertencia hecha a los turistas que viajaban a
lugares como México y otros países “subdesarrollados” ahora se tiene que dar a
los que visitan (y viven) aquí: aguas con el agua. Una extensa investigación
del equipo nacional de investigaciones de la agencia Associated Press
reportada hoy reveló que una enorme gama de fármacos, incluidos antibióticos,
anticonvulsivos, drogas siquiátricas y hasta hormonas sexuales, se han
detectado en el agua potable que usan por lo menos 41 millones de
estadunidenses (por lo menos porque sólo se investigaron 24 áreas
metropolitanas). En algunos lugares se detectaron hasta 56 diferentes
farmacéuticos en el líquido.
Aunque las concentraciones de estos fármacos en el agua son pequeñísimas
–por debajo de las dosis médicas–, y aunque las autoridades y empresas que
manejan esta agua insisten en que no hay razón para alarmarse, las
consecuencias para la salud pública a largo plazo sí preocupa a científicos,
reportó Ap.
Ojalá no estén usando agua contaminada al aplicar la técnica del
waterboarding.
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