odavía tres así? ¿Tres meses más de "caos y de malevolencia" entre Barack
Obama y Hillary Clinton para obtener la investidura demócrata a la elección
presidencial?
Después de los resultados de las primarias del pasado martes en Texas y
Ohio, ésa es la pregunta que se plantean los analistas del sitio web
independiente Real Clear Politics.
La última primaria demócrata tendrá lugar el 7 de junio, en Puerto Rico.
Pero bastante antes que eso, el enfrentamiento entre los dos abanderados ha
tomado un giro que muchos consideran peligroso.
En el curso de 38 primarias han votado más de 25 millones de personas del
lado demócrata. Una cifra impresionante que se debe tanto a la esperanza de
una victoria sobre el candidato republicano en las elecciones de noviembre,
como a la tensión que han inyectado en las filas demócratas los dos
candidatos.
Obama encabeza la carrera con 51% de los votos y una ventaja de 105
delegados. Pero todavía faltan por asignar 1.014 delegados y 12 primarias, y
la batalla se está volviendo ponzoñosa.
Antes del escrutinio del 4 de marzo, el equipo de campaña de Hillary
Clinton multiplicó mensajes muy agresivos contra Obama. La víspera de la
votación, en San Antonio (Texas), el senador por Illinois replicó metiendo
en el mismo saco en tres ocasiones a Hillary Clinton y John McCain, como si
la candidata demócrata y el favorito republicano estuvieran en la misma
longitud de onda.
Si la senadora por Nueva York "quiere hablar de ética, transparencia,
abogados, transacciones inmobiliarias y así sucesivamente, no sé por qué se
lanza en eso", dijo inquieto el estratega de la campaña de Obama, David
Axelrod. "¿Vamos a ver tres meses más de ‘lavado de ropa sucia en
familia’?", le preguntó la víspera. No, su pupilo está convencido de que
será designado antes del fin de las primarias.
Hillary Clinton, por su parte, acababa de declarar que iría "hasta el
final". El partido, explican los estrategos de Obama, no puede permitirse
una campaña de ese tipo, devastadora para el candidato investido y
provechosa para el adversario, John McCain.
Éste, una vez asegurada su candidatura, ya se está colocando para el
último tramo de la campaña presidencial y aprovechará las divisiones
demócratas. Como buena táctica, Hillary Clinton no descartó la posibilidad
de formar equipo con Obama para vicepresidente. Pero éste no reaccionó y el
enfrentamiento promete ir creciendo.
Obama sabe que, aunque Clinton ganase en Pensilvania, último estado con
una población importante y donde se celebrarán las primarias el 22 de abril,
Hillary prácticamente ya no tiene oportunidad de obtener la mayoría de los
delegados. Ni siquiera si se repitieran las elecciones de Florida y Michigan,
cuyos resultados no fueron tomados en cuenta por razones de procedimiento.
Aun más, el senador de Illinois atrae a muchísimos jóvenes e
independientes. ¿Cuántos de ellos se quedarían en su casa dentro de ocho
meses, el día de las elecciones, si él no es el candidato? Hillary Clinton,
a su vez, afirma que ha ganado en todos los estados grandes y que ningún
demócrata puede convertirse en Presidente sin esos electores.
Y, sobre todo, ella ha atraído al redil a los "demócratas bushistas". Si
ella no es designada, ¿cuántos regresarán con John McCain? Para numerosos
observadores, si el Comité Nacional Demócrata permite que se instale una
hostilidad irreversible entre los partidarios de los dos campos, el pugilato
que se anuncia sería fatal el 4 de noviembre para el candidato demócrata,
fuera quien fuera.
******