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Barack Obama e Hillary Clinton |
Cuando el Comité Nacional del Partido Demócrata prohibió a los delegados
por Michigan y Florida asistir a la Convención de agosto --anulando así de forma
efectiva los resultados de las primarias desarrolladas en ambos estados-- pocos
miembros del partido imaginaron que la carrera entre Barack Obama y Hillary
Clinton iba a resultar tan ajustada que comenzara a contemplarse la posibilidad
de volver a convocar primarias y readmitir a los 366 delegados que se acumulan
entre los dos estados.
La pregunta que queda ahora en el
aire es hasta qué punto está dispuesto el partido a alterar sus normas,
permitir una nueva votación y, llegado el caso, obtener el dinero para
financiarla.
En estos momentos, los delegados de ambos partidos no cuentan. Podrían asistir a
la Convención Nacional del Partido Demócrata que tendrá lugar en Denver el
próximo mes de agosto, pero simplemente en calidad de testigos de excepción de
la votación final en la que se elegirá al candidato demócrata a la Casa Blanca.
El Comité Nacional Demócrata
(CND), presidido por Howard Dean, determinó que los dos estados --primero
Florida, el 25 de agosto de 2007; luego Michigan, el 1 de diciembre-- habían
incumplido las normas del partido al adelantar la fecha de sus primarias
para conseguir importancia mediática y una sustanciosa inyección económica. El
órgano de control republicano impuso exactamente el mismo castigo.
Pero el caso demócrata es más relevante, ya que las victorias de Clinton el
pasado martes en Texas y Ohio han vuelto a dejar en el aire el
resultado final.
Ahora la presión se reparte: por
un lado, el CND se enfrenta a la posibilidad de cambiar las reglas, mientras que
las secciones estatales de ambos partidos dudan sobre su capacidad para aportar
entre los cuatro y los 16 millones de dólares necesarios para poner en marcha
una nueva votación.
La otra opción, lejana y poco
estudiada por el momento, es apelar al Comité de Credenciales de la Convención,
que se reúne poco antes de la celebración del evento.
Ambos estados han solicitado al comité su readmisión , argumentando que
prohibir su asistencia a la Convención supone una falta de respeto a sus
millones de votantes. Así, la gobernadora de Michigan, Jennifer Granholm (D) y
el gobernador de Florida, Charlie Crist (R), emitieron una petición conjunta a
tal efecto pidiendo a los jefes de partido que respetaran las garantías básicas
ofrecidas por la Constitución estadounidense.
"El derecho a voto conforma el núcleo mismo de nuestra democracia. En esta
temporada de primarias, nuestros votantes se han presentado en cifras récord
para ejercer ese derecho, y es lamentable que alguien quiera silenciar el voto
de más de cinco millones de americanos", rezaba el texto emitido por ambos
gobernadores.
En respuesta, Dean apareció al día siguiente en la práctica totalidad de los
matinales más importantes del país, para desmentir la posibilidad de que les
haya ofrecido a los delegados de estos estados la capacidad de reincorporarse a
la Convención de Denver como miembros de pleno derecho a través de una nueva
votación. "No se pueden cambiar las reglas en mitad del partido", declaró el
presidente del CND en el programa Today, de la NBC.
Para Clinton y Obama, se trata de un problema de importancia cada vez mayor.
La senadora por Nueva York se
impuso a Obama en Florida (un 50 a un 33 por ciento), mientras que el
senador por Illinois rechazó presentarse a las primarias de Michigan, que
finalmente ganó Clinton aunque los partidarios de Obama se hicieron notar (en
estas elecciones se registró un 40 por ciento de votos en blanco).
Con la "penalización" ya en vigor,
los resultados fueron simplemente testimoniales.
Y el caso es que ninguno de los
dos precandidatos había invertido una gran cantidad de esfuerzo en ambas
elecciones, en señal de respeto a las leyes del partido y, aprovechando la
coyuntura, concentrar sus estrategias y fondos de cara a las importantes
primarias de Iowa.
Ahora, con 366 delegados en juego, los precandidatos lo están pensando mejor.
Obama lleva 1.458 delegados
frente a los 1.370 de Clinton. Y de momento, ambos se han limitado a pedir
tímidamente el acuerdo entre las secciones estatales del Partido y el Comité
Nacional para alcanzar una resolución satisfactoria.
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