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Imagen del aviso televisivo que invita a
votar por Clinton |
Según un reconocido experto del
partido de John McCain, contrariamente a lo que otros de sus
correligionarios piensan, Hillary Clinton presenta el mayor desafío para el
oficialismo estadounidense.
Por
Dan Schnur (*) - Der Spiegel, The New York Times Syndicate
No es la primera regla de la política republicana, pero debiera serlo: nunca,
nunca, jamás subestimar a nadie cuyo apellido sea Clinton. Ni a Bill, ni a
Hillary.
Ni a Chelsea, ni siquiera a George. Son muy buenos en lo que hacen y cuando
están a punto de ser declarados muertos dan lo mejor de sí.
Hemos dado por terminados a los Clinton antes: durante la primaria de New
Hampshire en 1992, tras la muerte de la reforma de la salud y la toma del
Congreso por los republicanos, y en el proceso parlamentario de destitución unos
pocos años después.
En cada una de esas ocasiones, nos convencimos de que ese sería el fin de la
trayectoria política de esta singular familia.
Y, cada vez, nos equivocamos. Cuando Hillary Clinton decidió competir por la
Presidencia, me prometí que no volvería a equivocarme.
Como simpatizante igualmente leal del Partido Republicano y del equipo de
fútbol Green Bay Packers, había llegado a considerar a los Clinton de la misma
manera en que siempre he pensado de los Dallas Cowboys. No me gustan. Quiero que
pierdan y a veces me descubro deseando que les pasen cosas malas.
Pero son muy buenos en lo que hacen. Y si alguien puede noquearlos en los
playoffs (sean los New York Giants o un senador por Illinois) me siento feliz de
no tener que enfrentarlos en la final.
Y Hillary le dio la razón a mis temores: le cerró la boca de todos esta
semana con sus triunfos en Ohio, Texas y Rhode Island.
Por esta capacidad de permanente "resurrección" política, a través de las
primarias demócratas he estado apostando por Barack Obama. El lado noble de mi
persona lo admira, más allá incluso de las líneas partidarias, debido al
tremendo interés y entusiasmo que ha generado entre los jóvenes estadounidenses.
Pero mi lado más grande y menos decente cree que Hillary Clinton sería una
adversaria mucho más formidable para el candidato republicano en la elección
general.
Apuestas
Una guerra impopular, una creciente probabilidad de una recesión y una
comezón del octavo año que ha devuelto la Casa Blanca al mismo partido en tres
elecciones consecutivas (1980-1984-1988) sólo una vez desde la Segunda Guerra
Mundial, ponen cuesta arriba la lucha del senador McCain contra cualquier
candidato demócrata.
La mayoría de mis correligionarios republicanos, consumidos por 16 años de
odio a Hillary y atónitos ante los talentos políticos del senador Obama, todavía
esperan que la senadora Clinton tenga su retorno y obtenga la nominación de su
partido. Ellos piensan que sólo ella puede unificar a los republicanos y
movilizar a nuestros votantes a las urnas en noviembre. Pero me he quemado
tantas veces antes con los Clinton, que estoy anhelando que el nuevo muchacho de
Illinois la deje fuera pronto.
Lado flaco de Obama
Hay en esto algo más que superstición: hay también un asunto de
posicionamiento ideológico. Muchos de mis correligionarios republicanos no lo
creen, pero Hillary Clinton ha, de hecho, forjado una carrera relativamente
centrista como senadora.
Por el contrario, el registro de votaciones de Obama le ha significado ser
designado por el respetado y no partidista Nacional Journal como el más liberal
miembro del Senado. Esto no es simplemente un epíteto: representa una serie de
opciones políticas y votos legislativos que colocan al senador Obama a la
izquierda de Ted Kennedy, John Kerry y Barbara Boxer.
Hasta el más inspirador e inclusivo lenguaje del mundo enfrentará una dura
prueba ante acusaciones en ese frente. Sin conocer aun los aspectos específicos
de su trayectoria en el cargo, los votantes de la elección general comienzan a
mostrar una conciencia instintiva de las potenciales debilidades del senador
Obama.
Una reciente encuesta Los Angeles Times/Bloomberg News mostró a la senadora
Clinton derrotando a John McCain en la pregunta sobre qué candidato manejaría
mejor los temas relativos a la economía y la inmigración, mientras que el
senador Obama era superado por el senador McCain en ambas preguntas.
Cambio vs. experiencia
Aunque las diferencias no fueron muy notables, Hillary Clinton también anduvo
mejor que Barack Obama en los asuntos relativos a la atención de salud y el
terrorismo (el senador Obama marcó tres puntos más que la senadora Clinton en
relación a John McCain respecto de Irak, el único tema en que la supera). Lo que
nos lleva de vuelta al tema del cambio versus la experiencia.
Si bien el senador McCain es un insurgente y un inconformista, tiene 71 años
y ha estado en el Congreso durante casi un cuarto de siglo. No es una sorpresa
que ambos demócratas derrotaran al senador McCain en la pregunta sobre qué
candidato haría los necesarios cambios en Washington, Obama más decisivamente
que Clinton.
Pero el debate sobre el cambio (y quizá sobre la edad) queda ensombrecido por
el abrumador margen (53% contra 22%) con que los votantes dicen que el senador
McCain tiene la "experiencia adecuada" en relación a Obama, una ventaja casi
tres veces mayor que la que registra sobre Hillary Clinton.
El electorado estadounidense ha dejado en claro que quiere cambios, pero, en
medio de una difícil guerra y de una amenazante recesión, quiere también
seguridades.
Mucho más que contra la senadora Clinton, una campaña de McCain contra el
senador Obama podría beneficiarse de la percepción entre los votantes de que el
aspirante republicano está mejor preparado para la Presidencia.
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(*) Especialista estadounidense en medios y ex consultor
republicano que asesoró al senador John McCain