Ya el israelí-estadounidense Paul Krugman, de los pocos analistas rescatables
de The New York Times (que perdió su alma en la desinformación sobre
las “armas de destrucción masiva” en Irak), había anticipado años atrás que EEUU
se había convertido en un “país del tercer mundo” debido a su endeudamiento
masivo y a sus severos déficit (NYT,14/10/03).
Krugman resultó mejor escritor que economista –y eso que es uno de los pocos
economistas lúcidos que quedaron en EEUU, ultrajado por las monstruosas
mendacidades de sus multimedia– y vuelve a la carga 10 días antes de la
explosiva declaración de Bloomberg: “Carmen Reinhart y Ken Rogoff publicaron un
análisis alarmante sobre los paralelos que existen entre Estados Unidos y los
países que experimentaron crisis financieras en el pasado. El piso de fondo del
análisis, que ha llamado mucho la atención, es que nos parecemos espantosamente
(sic) demasiado a esas otras naciones –y que si su experiencia constituye guía
alguna, entonces las cosas pueden volverse realmente malignas” (NYT,
4/2/08).
¿El “EEUU monetarista” es similar al “México neoliberal”? Entonces, ¡que Dios
nos agarre confesados!
Vale la pena resaltar el elevado nivel académico de los autores citados por
Krugman: Carmen Reinhart, de la Universidad de Maryland, y Kenneth Rogoff, de la
de Harvard, ambos miembros de la célebre Oficina Nacional de Investigación
Económica (NBER, por sus siglas en inglés), la cual, por cierto, descalificó
desde hace cuatro años el TLCAN experimentado en México (“TLCAN y México: un
desempeño menos que estelar”, por Aaron Tornell, Frank Westermann y Lorenza
Martínez, 4/2/04) –para que se vayan enterando tanto el locuaz castañedista
Arturo Sarukhán Casamitjana como el desorbitado Calderón, a quien nunca se le ha
dado la “economía política” (como tampoco la “economía” ni la “política”
sueltas).
A quienes se embelesaron con el “sueño
estadounidense” durante un siglo entero
y atraviesan por la clásica “fase de negación” para adaptarse a la triste
realidad de la decadencia inexorable de EEUU, les parecerá descabellado el aserto
del israelí-estadounidense Bloomberg, quien sopesa la posibilidad de lanzar su
candidatura a la presidencia como “independiente” o, en el peor de los casos,
figure en calidad de candidato a la vicepresidencia junto a John MacCain, quien
a sus 71 años no goza de muy buena salud, lo cual convertiría a su acompañante
(cinco años menor) en un “presidente de facto”, tan poderoso como fue
Dick Cheney en su cúspide previa a la debacle militar en Irak.
No carece de fundamento el feroz ataque del alcalde israelí-estadounidense
Bloomberg, propietario de una de las principales agencias financieras del mundo:
Estados Unidos “exhibe una hoja contable que parece cada vez más de un país de
tercer mundo”.
También ridiculizó que los “cheques de rembolso” del gobierno federal
“equivalen a proporcionar más bebida a un alcohólico”. Ignoramos si la diatriba
iba con chanfle, debido al pasado adictivo de Baby Bush, lo cual
expresaría el desprecio absoluto del establishment por la figura
presidencial número 43.
Agregó que los “candidatos presidenciales buscaban soluciones fáciles a
problemas económicos complejos”, aunque habría que matizar que Hillary Clinton,
la agazapada candidata del Partido Demócrata, es la única que ha expresado un
programa “proteccionista” creíble, al estilo de Franklin D. Roosevelt.
El “cambio” inespecífico del fenomenal Barack Obama subsume una genuina
revuelta de la base popular del Partido Demócrata contra el establishment,
mientras que la materia económica no es el fuerte del senador de Arizona John
MacCain, candidato del Partido Republicano en caída libre, y que pudiera ser
revigorizado con la candidatura “independiente” de Bloomberg, o hasta del
belicoso israelí-estadounidense Joe Lieberman, republicano centrista con máscara
de “demócrata”.
El régimen torturador bushiano pasó una legislación de emergencia que
proveerá rembolsos de 300 a mil 200 dólares para más de 130 millones de
personas, con el fin de estimular la economía, a punto de entrar oficialmente en
recesión.
El entorno recesivo favorece una candidatura “independiente” de un tercer
partido en discordia y de un candidato con el perfil de Bloomberg, muy exitoso
en los negocios bursátiles en Wall Street y con la aureola de haber creado un
imperio informativo financiero.
En la geometría política que se va configurando para la elección
presidencial, al alcalde neoyorkino le conviene más enfrentar la candidatura de
Barack Obama que la de Hillary Clinton, quien sería más competitiva con el
discurso económico. De allí que no suene nada discordante que Bloomberg haya
alabado el plan de Obama, senador de Illinois, para crear un muy loable Banco
Nacional de Reinversión en Infraestructura, de entonaciones neokeynesianas, con
el fin de reconstruir carreteras, puentes, aeropuertos y obra pública que
generarían más de 2 millones de empleos.
Nadie dice de dónde provendría el financiamiento que endeudará todavía más a
Estados Unidos y que afectará sensiblemente la cotización del dólar convertido
en papel-chatarra, pero no queda la menor duda de que EEUU tiene que ser
reconstruido de pies a cabeza, después de la embriaguez frenética de su fase
monetarista-neoliberal-centralbanquista por más de dos décadas aciagas y ciegas:
el periodo del brujo-aprendiz Alan Greenspan, que legó lastimosamente a Ben
Shalom Bernanke, su sucesor en la devaluada Reserva Federal, quien no se da
abasto en arrojar dinero desde su flotilla de helicópteros muy averiados.
Bloomberg sabe acomodarse y maniobrar estupendamente de cara a las
tempestades: “demócrata” toda su vida, fue elegido como “republicano” para
alcalde de Nueva York, nada menos que en 2001: ciudad y año del 11-9,
el montaje terrorista hollywoodense “actuado” conjuntamente por la CIA, el
Mossad y los circuitos sionistas globales con el fin de invadir Irak y
Afganistán –si hacemos caso a las estrujantes aseveraciones del ex presidente
italiano Francesco Cossiga (entrevista con Corriere della Sera,
30.11.07).
En la matriz neoliberal, los partidos políticos descerebrados son
intercambiables, como sucede con los saltimbanquis de PRI y PAN, así como en los
partidos Demócrata y Republicano.
Relegido en 2005, con el barómetro financiero en las manos, Bloomberg
abandonó en 2007 el lánguido Partido Republicano, con el fin de coquetear a la
postulación “independiente”. Es probable que un triunfo de Obama facilitaría su
lanzamiento “independiente”, mientras una victoria de Hillary lo induciría a
reforzar a McCain.
El diagnóstico de Bloomberg, aunque tardío, es real, pero encubre su
posicionamiento en el óptimo momento como “independiente” a la presidencia y/o a
la vicepresidencia, en calidad de compañero del anterior héroe de guerra MacCain.
Pero, desde cualquiera de las dos posiciones, ¿podrá Bloomberg, o llámese quien
sea, regresar a EEUU al “primer mundo” financiero?.
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(*) "Bajo la Lupa" -Columna del autor en La Jornada, México