Por un lado, debe responder a los deseos de su
jefe, el presidente George W. Bush, quien está obsesionado con Irak
y se opone decididamente a cualquier medida que pueda poner en
riesgo los avances realizados en los últimos seis meses para reducir
la violencia sectaria y establecer una imagen de estabilidad en ese
país.
Cuando el comandante de las fuerzas de ocupación, el general David
Petraeus, insistió que reducir el número de tropas por debajo de los
130.000 hombres sería una amenaza para las posibilidades de lograr
la "victoria", Gates se hizo eco de esa preocupación, aunque
previamente había favorecido la idea de dejar en Irak sólo 100.000
soldados para fines de este año.
El lunes 11, luego de reunirse con Petraeus en Bagdad, Gates anunció
por primera vez que apoyaba la idea de una "pausa" en el retiro de
tropas en julio, cuando se llegará al nivel existente antes de la
"escalada" dispuesta el año pasado por Bush, que incrementó la
presencia militar en 30.000 hombres.
Por otro lado, Gates debe hacer frente a la creciente convicción de
los máximos jefes militares y los expertos en seguridad nacional,
quienes advierten que las fuerzas terrestres de Estados Unidos se
encuentran peligrosamente sobrecargadas y que mantener 130.000
hombres en Irak resultará insostenible en el tiempo.
El jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante Michael Mullen, y el
jefe del Estado Mayor del Ejército, general George Casey, han
expresado en las últimas semanas su preocupación acerca de que Irak
está transformando sistemáticamente a la maquinaria militar
estadounidense en una "fuerza hueca".
"¿Debemos poner el futuro de Irak por encima del futuro de nuestras
fuerzas armadas", se preguntó el ex comandante de la Armada, Harlan
Ullman, en su columna semanal publicada por el diario Washington
Times.
Este punto también está siendo planteado por los jefes militares en
actividad, aunque de manera más diplomática. "Nuestros hombres en
servicio, en particular los de las fuerzas de tierra, y sus
familias, se encuentran bajo una fuerte tensión", dijo Mullen la
semana pasada.
También remarcó que el tiempo que deben pasar actualmente en la zona
de combate, 15 meses, es demasiado extenso y debe reducirse a un
año, en forma urgente. "Los recursos son abundantes, pero no
infinitos", advirtió.
El ex jefe del Estado Mayor Conjunto durante la época de la Guerra
del Golfo (1991) y posteriormente secretario de Estado (canciller),
Colin Powell, también señaló durante una entrevista televisiva que
incluso el nivel de tropas previo a la "escalada" no puede
mantenerse "indefinidamente".
Pero los expertos no están preocupados sólo por los efectos en la
moral y capacidad de las fuerzas de tierra. Mullen, entre otros,
plantea el creciente peligro representado por los insurgentes de la
milicia islamista Talibán en Afganistán y Pakistán, un país que
cuenta con armas atómicas. Señala que Washington podría enfrentar
amenazas más serias que las existentes en Irak.
"No debemos permitir que los desafíos de hoy nos impidan estar
preparados para las realidades de mañana", dijo Mullen la semana
pasada. "Existe el riesgo de que no seamos capaces de responder
rápidamente a futuras amenazas a nuestro interés nacional", agregó.
Esta parece ser la opinión compartida por los expertos y Gates
seguramente coincide con ella.
Existe un creciente consenso acerca de que Afganistán y Pakistán,
especialmente la convulsionada zona fronteriza entre ambas naciones,
se han convertido en el frente principal de la "guerra contra el
terrorismo" de Bush, aunque el presidente estadounidense sigue
creyendo que será ganada o perdida en Irak.
Las agencias de inteligencia estadounidenses, un ámbito en el que
Gates pasó la mayor parte de su carrera, han pensado desde hace
mucho tiempo que Iraq era una distracción en la campaña
antiterrorista, un punto que dejaron en claro en la Evaluación
Nacional de Inteligencia (NIE, por sus siglas en inglés) publicada
en julio de 2007.
La NIE concluyó que la organización terrorista Al Qaeda se había
recompuesto de su expulsión de Afganistán hace seis años, con la
reconstitución de su organización central y algunas de sus
capacidades operativas en los "paraísos seguros" en la zona
fronteriza entre ese país y Pakistán.
El director de inteligencia nacional, almirante retirado Mike
McConnell, fue aún más allá al testimoniar la semana pasada ante el
Congreso legislativo en Washington: señaló que Al Qaeda se
encontraba nuevamente en condiciones de concretar ataques en
territorio estadounidense.
Mullen ratificó ese punto de vista, planteando que en su opinión un
próximo ataque a Estados Unidos se originaría con Al Qaeda operando
desde la frontera entre Afganistán y Pakistán.
Mullen viajó a Pakistán para entrevistarse con el presidente Pervez
Musharraf y el jefe del ejército, general Ashfaq Parvez Kayani,
según se informó para comunicarles la preocupación de Washington por
la expansión de la insurgencia talibán y reiterar las ofertas no
sólo de una mayor cooperación militar y de inteligencia sino de
realizar "operaciones conjuntas" en el lado paquistaní de la
frontera.
Su visita se sumó a varias anteriores de delegaciones de alto nivel,
una muestra de la importancia que los expertos en seguridad nacional
otorgan a la región.
Aunque Gates se alineó con Petraeus en el tema de la "pausa" en la
retirada de tropas de Iraq luego de julio, sugirió que la obsesión
de Bush con Iraq tiene un alto costo diplomático y militar, tanto en
lo que hace al combate contra Al Qaeda y la milicia Talibán como
para el futuro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN).
"Me temo que para muchos europeos las misiones en Afganistán e
Irak
son confusas", dijo a los periodistas para explicar la reticencia de
los aliados a enviar más tropas a Afganistán, a pesar de los pedidos
de Gates en ese sentido.
"Creo que muchos de ellos tienen problemas con nuestra intervención
en Irak y proyectan esos sentimientos a Afganistán, sin entender que
se trata de dos clases diferentes de amenazas", señaló Gates.
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