"Tengo mis opiniones y él tiene las suyas, pero como partido nos mantenemos
unidos", aseguró Romney durante una rueda de prensa en Boston.
El ex gobernador consiguió antes de tirar la toalla cerca de 300 delegados para
la convención republicana de principios de septiembre, en la que se elegirá
oficialmente al candidato para las elecciones presidenciales.
Para la nominación son necesarios 1.191 compromisarios, una cifra que McCain
casi habrá alcanzado en cuanto se sumen los de su antiguo rival y los más de 800
que lleva acumulados desde enero.
Desde la retirada de Romney, sólo el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee y
el congresista Ron Paul —que no se ha apuntado ningún estado— resisten junto a
McCain en la carrera republicana.
La ventaja de McCain en la carrera también tiene queda de manifiesto por los
apoyos que recibe desde fuera del partido y de sus competidores e incluso de
los sectores más conservadores que, muy a regañadientes, comienzan a cerrar
filas a su alrededor.
Desde el campo demócrata, donde Obama y Clinton mantienen una dura pugna por
hacerse con la candidatura a la presidencia, son conscientes de que gane
quien gane, McCain será el rival. A él se han referido ya en varios mítines.
Y McCain contraataca, asegurando que los demócratas no hacen más que
decir "perogrulladas" en cuanto a la guerra de Irak, por ejemplo. Se refiere a
sus planteamientos de retirada y de que "nunca se conseguirá una victoria
militar". Él no contempla la retirada y no quiere un final antes de que el éxito
sea evidente.
"Ya está llegando la hora de tener precisiones", aseguró McCain en un ataque a
Obama.
"Yo estoy en el negocio de las
soluciones. Mi oponente está en el de las promesas", asegura ahora Clinton,
quien lucha denodadamente por hacerse con los votos en Ohio y Texas, los dos
estados claves en los que los demócratas se juegan el futuro, y más tarde en
Pensilvania.
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