La secretaria de
Estado de EEUU, Rice, acaba de asegurar en el Foro Económico
Mundial de Davos que la economía norteamericana tiene
aguante y está sana. Pero dos recortes seguidos en los tipos
de interés por parte de la Reserva Federal no pueden
entenderse sino como un drástico movimiento antirrecesión.
En cualquier caso: los daños han llegado ya a Europa.
El viaje por autopista de ocho carriles, rozado el gran crac
bursátil, prosigue alegremente. Esta semana han vuelto a
aparecer millones de valores bolsísticos ficticios tan
rápidamente como se han desvanecido en el aire. Millones han
vuelto a redistribuirse –dentro de la clase de los
propietarios de capital y de dinero, entre las grandes
empresas financieras—. El juego a escala planetaria con
valores ficticios siempre sabe, en el mundo financiero, de
ganadores y perdedores.
Entre los principales ganadores hay que contar a las
empresas de la bolsa: violentas y frecuentes oscilaciones de
los cursos significan grandes cifras de negocios, que
siempre reportan grandes ganancias a las bolsas. Como a los
especuladores profesionales. Sólo que ahora, especuladores
profesionales, lo son casi todos; también los más sobrios y
respetables bancos se han librado, al menos temporalmente, a
la pura especulación financiera. Los profesionales pueden
ganar tanto con cursos al alza como con cursos a la baja.
Por eso la actual crisis financiera ofrece a los jugadores
profesionales un campo ideal de acción. Los bancos, que
debieron pechar con pérdidas milmillonarias, siguen jugando
con celo en la esperanza de poder compensar las pérdidas.
De repente, regresan viejas recetas keynesianas
En el Foro Económico Mundial (FEM) de este año en Davos, las
elites allí reunidas se ejercitaron de consuno en
pronósticos de crisis. Subitáneamente, el auge y el
crecimiento desaparecieron de los discursos, que sólo
hablaban ya de burbujas especulativas a pique de estallar y
de oleadas de quiebras por venir. El miedo al gran crac, a
una crisis de la economía mundial que podría hacer palidecer
a todas las anteriores, penetraba a tal punto en los
tuétanos de las damas y caballeros de la "elite", que, de
repente, regresaron, y entre mimos, las viejas recetas
keynesianas.
Para salir del pánico, se está dispuesto a un quiebro
drástico: dinero barato, espectaculares bajadas de los tipos
de interés conforme a los ejemplos norteamericano y japonés;
incluso programas de coyuntura. Todo es bienvenido, con tal
de eludir la amenazante debacle de coyuntura. Hacía mucho
tiempo que no se veía tal pérdida de triunfal seguridad
entre los representantes del nuevo capitalismo global. El
fantasma de la crisis económica mundial estaba allí, sentado
entre los ilustres panelistas.
Pero antes de que pudiera llegar a oírse algo parecido a una
crítica del capitalismo, vino en auxilio el crac de la
Société Génerale, el segundo mayor banco francés. Un
escándalo especulativo en el que, pretendidamente, un solo
operador perdió de golpe cerca de 5 mil millones de euros.
Algo hasta ahora sin precedente, y unas pérdidas inauditas,
si se piensa que ese mismo banco, en el último trimestre de
2007, sólo tuvo que registrar pérdidas por valor de 2,05 mil
millones de euros a causa de la crisis crediticia.
No tardaron en cocinarse rumores, y no se hizo esperar
tampoco la leyenda redentora: un solo tipo sin escrúpulos,
actuando por su cuenta, habría desencadenado con sus
fechorías el crac bursátil del lunes negro. Los bancos y sus
lobistas políticos apenas cabían en sí de gozo: no ellos, no
un sistema económico irracional eran culpables de la crisis,
sino un joven que respondía al nombre de Jerôme Kerviel.
Lástima que éste no hubiera hecho nada fuera de lo corriente
cuando, unas semanas atrás, cerró una apuesta: compró cerca
de 140.000 contratos a término con los que apostó a un
índice accionarial europeo al alza (entre ellos, el DAX
alemán), y lo hizo por un monto de casi 50 mil millones de
euros. Es decir, cuatro veces más que lo que, conforme a las
reglas del banco, estaba autorizado a hacer por su cuenta.
Salió mal, aun cuando el joven fue lo bastante profesional
como para asegurar el tiro en ese juego con una especulación
de signo contrario (con cursos accionariales a la baja).
Solo, no pudo hacerlo: no pudo de ningún modo sortear los
controles internos del banco. Ni actuaba por su cuenta y
riesgo, ni es un caso único. Que los operadores sobrepasan
los límites cuantitativos fijados en los reglamentos de sus
empresas, es cosa que acontece a diario.
Tácitamente cubiertos por la dirección ejecutiva de la
empresa, mientras tengan éxito. Es incluso muy probable que
esas pérdidas gigantescas hayan sido co-generadas por
negocios particulares de quienes estaban en los secretos de
la empresa y por una reacción de pánico ante la acumulación
de contratos a término. La dirección ejecutiva del banco
había sido ya amonestada el pasado noviembre por la Eurex
[una de las mayores bolsas a término del mundo para
derivados financieros], y los negocios que rebasaban por
mucho los límites internamente prescritos por el banco hacía
muchos años que estaban en marcha. Quién ha engañado a quién
en este juego de alguaciles alguacilados, dista mucho de
estar claro.
La última pérdida milmillonaria de la Société Génerale tiene
consecuencias: sus acciones pierden, el banco necesita
capital fresco. Vino éste, en casos análogos registrados en
el pasado, de inversores extranjeros, preferentemente de
fondos estatales de los estados petrolíferos árabes, de
China, India y Singapur. Pero, puesto que desde mayo de 2007
ha perdido la mitad de su valor bursátil, la Société
Génerale se ha convertido en un candidato a sucumbir a una
operación de toma de control a través de ofertas públicas de
adquisición de sus acciones. Su inveterada rival, la BNP
Paribas, que ya lo intentó una vez hace algunos años, anda
al acecho para fagocitarla.
Los accionistas de la SG no podrán resistir mucho tiempo la
tentación, si, en la batalla de toma de control que se
avecina, grupos bancarios franceses y extranjeros les
ofrecen montañas de oro. Bastó, en las pasadas semanas, el
mero rumor de una posible oferta de la BNP Paribas, para que
las acciones de la SG se dispararan al alza en más de un
10%. Ahora entran en escena los grandes jugadores. Está en
ciernes la próxima megafusión en el negocio bancario
europeo, lo que, conforme a toda experiencia, costará el
empleo a unos cuantos miles de trabajadores de la banca (un
fenómeno que acompaña a toda crisis financiera corriente).
Tan ignaros y desnortados, y al propio tiempo, tan
racionales y refinados
También esta vez se practicará el ritual habitual en estos
casos graves: en el tono baritonal de la convicción, los
responsables nos aseguran con mirada cordialmente suasoria
que "algo así", naturalmente, resulta de todo punto
impensable en Alemania. No es así. Los pseudoasientos,
inevitables en los tratos ahora frustrados, son posibles en
cualquier sitio y van con el negocio. Los jóvenes operadores
son reclutados por su talento para la "contabilidad
creativa", para el zascandileo y el engaño, no por su
aburrida probidad contable. Jerôme Kerviel, Neil Leeson y
todos los jóvenes profesionales de la especulación
representan precisamente el tipo modélico del jugador
poseído del "rendimiento" febril a toda costa.
El actual capitalismo financiero necesita de ese tipo de
gentes, tan ignaras y desnortadas, y al propio tiempo, tan
racionales y refinadas. Esos operadores conocen todos los
trucos, y no tienen ni puta idea. Una y otra vez daremos de
bruces en esto: las bolsas del mundo, los centros de las
altas finanzas internacionales están dominadas por una
muchedumbre de hombres (y entretanto, también mujeres)
jóvenes (y algunos viejos, no menos necios), que confunden
la economía mundial con un casino. La carcoma anida en el
sistema.
Que la economía mundial es algo demasiado importante como
para dejarla en manos de jugadores, es cosa que se repite
ahora a menudo. Pero que eso no se logra con algunas reglas
y controles adicionales, que necesitamos mucho más que un
par de cámaras de vigilancia nuevas y un par de vigilantes
más en el casino, que necesitamos, a saber: otro orden
económico mundial; a esa idea siguen totalmente ajenas
nuestras "elites".
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Traducción para sinpermiso.info: Amaranta Süss