En las últimas semanas ha habido renovadas especulaciones periodísticas acerca
de un intento militar estadounidense-israelí para castigar a Irán por su
renuencia a poner fin a su programa nuclear que Occidente aun sigue
considerando la antesala de la producción de bombas atómicas.
Es curioso en alguna medida, porque los signos más evidentes se apilan en
contra de esta posibilidad. George W. Bush aparece como un sobreviviente
de lo que fuera su poder político y su posición en materia de la elección de
su sucesor aparece casi irrelevante.
No está entre los que pueden ser nominados -la enmienda constitucional 22 de
1947 lo ha dejado sin otra posibilidad de perpetuarse en la Casa Blanca-, no
tiene un vicepresidente que pudiera heredarlo y su propia impopularidad le
impide casi hasta comentar la marcha de las elecciones internas. Por lo demás,
ni él ni el Partido Republicano quieren reavivar la cuestión de Irak y
Afganistán hoy oscurecida en el debate político porque sus efectos son
deletéreos.
Las especulaciones sobre un ataque contra Irán crecieron en setiembre pasado
cuando se supo que aviones de combate israelíes bombardearon instalaciones
sirias sobre el río Eufrates. No hubo confirmación pero se especuló con que
el edificio era parte del programa nuclear sirio. Un excelente artículo del
periodista Seymour Hersh en la última edición de The New Yorker pone en
duda esta premisa y sugiere que la acción pudo haber sido un mensaje para
Teherán.
En octubre pasado cuando Bush habló públicamente sobre una "tercera guerra
mundial" si Irán accedía al armamento nuclear la tensión volvió a crecer, pero
luego se desvaneció en especial en diciembre de 2007 cuando la más reciente
Estimación de Inteligencia Nacional -producto del trabajo de las 16 agencias
especializadas de Washington- aseguraron que Irán había abandonado su programa
atómico.
Sin embargo, algunos analistas sugieren que Irán -que no ceja de corcovear de
cara a una negociación con Occidente que no llega a iniciarse- podría volverse
en breve más proclive a la propuesta si su liderazgo ve avanzar en
posibilidades la candidatura del republicano John McCain, un "halcón" en
materia de seguridad internacional. Tanto el liderazgo en la interna
republicana como el estancamiento de los demócratas en la pugna entre Barack
Obama y Hillary Clinton incentivan esa visión.
Una firma de análisis estratégico, Stratfor, aconsejó estar atento a los
próximos gestos de Teherán. Entre los demócratas Obama está intentando
superar la desconfianza que su candidatura produce entre los votantes
judíos que representan poco más del dos por ciento de la demografía, pero cuya
influencia es enorme. Desde el hecho de haber sido criado en la Indonesia
musulmana hasta que su segundo nombre sea Hussein todo está siendo citado
como, al menos, un alerta amarillo. Algo parece ser cierto en todo esto. De
ser electo Obama es difícil que en su presidencia, Washington aparezca tan
acrítico de las políticas del estado de Israel como lo ha sido durante los
años de Bush.