Mukasey tampoco investigará cualquier otro tipo de
tortura --por él llamadas "técnicas de interrogación
intensificadas"-- ni dejará que el Congreso legislativo tenga acceso
un memorando preparado por la Oficina de Consejo Legal del
Departamento de Justicia en el que se concluye que estas prácticas
eran legales.
Esa oficina sostuvo que el llamado en inglés "waterboarding",
tortura muy utilizada pro las dictaduras latinoamericanas en los
años 70 y 80, fue "legal en ese momento", dijo Mukasey al Comité
Judicial de la Cámara de Representantes, pero subrayó que los
documentos relacionados con esa conclusión eran clasificados.
El funcionario sostuvo que no era viable ninguna investigación
debido a que los procedimientos ya habían sido considerados
legítimos por el Departamento.
En la audiencia en el Congreso de octubre, Mukasey se negó a opinar
si el subarino era o no una tortura.
Mukasey pidió al Congreso que renovara la Ley de Vigilancia de
Inteligencia Exterior (FISA, por sus siglas en inglés), que vencerá
la próxima semana y que concede inmunidad retroactiva a las
compañías privadas de telecomunicaciones que cooperaron con el
gobierno para interceptar, sin necesidad de órdenes judiciales,
llamadas telefónicas y mensajes de correo electrónico que las
autoridades sospechaban estaban vinculadas con actividades
terroristas.
El secretario indicó que las empresas participaron a pedido del
gobierno y estaban convencidas de que sus esfuerzos eran "necesarios
y legales".
El tema de darle inmunidad a las compañías de telecomunicaciones
está en el centro del actual debate del Senado sobre la renovación
de la FISA. Según esa ley, el gobierno puede obtener órdenes de
tribunales especiales para interceptar llamadas y correo privado.
La audiencia en el Congreso fue realizada en momentos en que las
técnicas usadas por Estados Unidos para interrogar sospechoso de
terrorismo eran otra vez cuestionadas, tras un período de relativo
silencio.
La polémica renació con los comentarios el miércoles del portavoz de
la Casa Blanca, Tony Fratto, quien señaló que el submarino es legal,
y que el presidente George W. Bush podría autorizar a la CIA a
reanudar su uso en circunstancias extraordinarias.
Fratto dijo que esas circunstancias extraordinarias podrían ser
"creer que un ataque puede ser inminente".
Activistas por los derechos humanos lanzaron duras críticas a estas
declaraciones.
"El submarino es de hecho una forma de tortura", dijo a IPS la
activista Mary Shaw, de la oficina estadounidense de Amnistía
Internacional.
"Por esta razón, el Manual de Campo del Ejército expresamente
prohíbe su uso. Claramente viola las leyes estadounidenses e
internacionales contra el trato cruel, inhumano o degradante. No hay
excepciones, no importa cuándo haya ocurrido o bajo qué
circunstancias", añadió.
Shaw informó que Amnistía exhortó al Congreso para que apruebe una
ley que garantice pautas uniformes de interrogatorio para cualquier
prisionero bajo custodia de Estados Unidos, en cualquier parte del
mundo.
"Al votar que todos los agentes de Estados Unidos se sometan a las
técnicas de interrogatorio permitidas en el Manual de Campo del
Ejército, el Congreso puede dar un paso significativo para prevenir
la tortura y todo tipo de maltrato en el futuro, y para restaurar la
moral de este país en el mundo", sostuvo.
Los comentarios de la Casa Blanca fueron hechos un día después de
que el director general de la CIA, Michael Hayden, declaró en el
Congreso que la agencia había usado el submarino en 2002 y en 2003
contra tres prisioneros pertenecientes a la red terrorista Al Qaeda,
incluyendo al autoproclamado autor ideológico de los atentados del
11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, jeque Mohammed.
En un nuevo testimonio el jueves, Hayden reconoció: "En mi opinión,
y en la opinión de mis abogados en el Departamento de Justicia, no
es seguro que esa técnica pueda ser considerada legal bajo el actual
estatuto".