nterrumpe sus palabras para alertarme del sonido de las bombas que en esos
momentos caen rompiendo el silencio de la ciudad y poco antes de prepararse para
salir con sus hijos, también médicos, al hospital general Al Shifa, desbordado
ante la avalancha de heridos.
Hazim Sarraj tiene 59 años, sufre secuelas de una hemiplejia y camina a
diario kilómetro y medio, junto con dos de sus hijos médicos, hasta el hospital
central Al Shifa "para ayudar en lo que puedo a los heridos". "Todo son
amputaciones, pérdida de trozos de cabeza, heridas de gran envergadura y no hay
vendajes para cubrir las heridas ni mercurio cromo y las familias nos dicen
¿para qué venimos al hospital?".
En Al Shifa, con una capacidad para 400 camas, han dejado de recibir las
urgencias rutinarias de cualquier servicio de emergencias hospitalario desde que
hace cuatro noches se iniciaran los bombardeos de Israel sobre la franja de Gaza,
que han causado cerca de 400 muertos y más de 1.800 heridos, desde sus aviones
de combate F 16 con misiles de una tonelada. "Más del 12% de heridos son niños"
aclara Hazim Sarraj.
"Aquí la gente dice que no es una cuestión de Hamas sino de una
destrucción del pueblo palestino", continúa durante la conversación
telefónica. "¿Dónde están los derechos humanos? ¿Porqué matarnos de esta manera?
Si ustedes quieren matar a Hamas vayan a buscarlos pero ellos dicen que cada
casa es Hamas" dice sin elevar el tono de su voz encadenando una pregunta tras
otra.
Hoy llueve en Gaza, las casas están cerradas, no hay movimiento en las calles
y se acumula el sueño perdido de las últimas noches de bombardeos desde el
inicio de la operación judía 'Plomo sólido'.
Hazim Sarraj vive en su casa, en las inmediaciones de la avenida de Omar El -
Mukhtar, con su mujer, hijos y sus nietos, el mayor de siete años. Toman té y
pan a diario para alimentarse. No hay leche. Sólo harina y patatas que nos llega
de la ayuda humanitaria de la ONU.
A la una de la madrugada del lunes, "los niños saltaron de la cama llorando"
cuando diez cazabombarderos lanzaron contra el complejo de edificios
ministeriales erigido en su día por Arafaf "veinte misiles de una tonelada cada
uno". "La explosión se escuchó en todos los rincones de la ciudad
y la noche se hizo toda roja y pensamos que era el día del Juicio
Final".
Desde hace cuarenta años no se había producido un ataque con tantas víctimas
mortales palestinas en tan sólo cuatro días consecutivos de bombardeos,
contestados por los cohetes de Hamas que han terminado con la vida de cuatro
irsraelíes.
Los destrozos materiales son incalculables y sobreviene a la situación de
escasez y penuria producida por el embargo. Sin luz, sin agua, sin gas, sin
medicinas, sin mantas... Sin nada. El médico palestino recibe en su móvil la
llamada del consulado español, que está pendiente en estos días y a diario de
los 150 españoles que viven en Gaza.
Se vive un toque de queda voluntario. Nadie se mueve. No hay
sirenasv que avisen de los inmediatos bombardeos. "En un día normal nadie sale
de casa porque los aviones persiguen cada objeto que se mueve. Los
aviones están encima de nuestras cabezas. Algunos reciben llamadas de
teléfono con mensajes enlatados del tipo 'vamos a destruir tu casa ahora.
Hemos descubierto que usted tiene armas. Tiene media hora para salir'. La
propaganda del miedo hace que algunos se vayan, otros se quedan, ¡qué van a
hacer!".
Hazim Sarraj, que en estos días ha perdido a más de medio centenar de amigos
íntimos y conocidos, afirma que todos "son víctimas inocentes. No han localizado
a líderes del Gobierno de Hamas y ningún lanzacohetes". Narra como un hombre de
76 año fue tomado por terrorista y derribado mientras recogía verduras para su
familia y como un niño, también moría, alcanzado por una bomba. "No hay
sitio para los nichos de los muertos".
Recuerda los dieciséis años de estudiante de medicina en España, "donde he
vivido los mejores años de mi vida. Me considero más español que palestino. Me
honra ser español", se despide Hazim Sarraj. "Yo le pido a Dios que nadie en el
mundo pase lo que nosotros estamos pasando".