aza amaneció
el domingo convertida en una ciudad fantasma, atestada de ciudadanos
que encerrados en sus casas temían lo que no tardó en llegar, la lluvia de
misiles israelíes que cayó por segundo día consecutivo en la campaña militar más
mortífera en la franja desde 1967. Los muertos ascienden a 298 y los heridos
superan los 900, según fuentes médicas palestinas. De ellos, 120 se encuentran
en estado crítico en hospitales en los que falta casi de todo. Los últimos
cuatro fallecidos se produjeron en ataques lanzados a última hora del domingo, que
alcanzaron uno de los símbolos de Hamás en la franja: la Universidad Islámica.
De los líderes de Hamás no queda ni rastro; se refugian en sus escondites
temerosos de que Israel emprenda una nueva campaña de asesinatos selectivos como
hiciera en el pasado. El líder de Hamás, Jaled Meshaal, llamó a los palestinos a
sublevarse en una tercera Intifada, desde su exilio en Damasco. Hamás respondió
a los bombardeos del Ejército lanzando una veintena de cohetes y seis granadas
de mortero que impactaron sin causar heridos, en varias poblaciones del sur del
país, donde vive un cuarto de millón de israelíes. Desde el sábado, el
movimiento islamista palestino ha disparado 110 artefactos.
El Gobierno israelí aprobó el
domingo la llamada a filas de 6.500 reservistas; una
señal más de que la campaña se ampliará con incursiones terrestres. El domingo, los
blindados israelíes aguardaban órdenes alrededor de la franja.
La ofensiva israelí comenzó el sábado por la mañana, ocho días después de que
expirara la tregua de medio año pactada entre Israel y Hamás. Israel quiere
frenar la lluvia de cohetes palestinos que en los últimos ocho días se han
cobrado una víctima mortal. Hamás acusa a Israel de haber roto la tregua con su
ataque de noviembre en el que mató a seis milicianos y de no cumplir su
compromiso de apertura gradual de los pasos fronterizos para permitir la entrada
de víveres a la franja.
Los nuevos bombardeos destrozaron almacenes de armamento, una comisaría de
policía, la prisión central (de la que escaparon los presos), la sede de la
televisión de Hamás Al Aqsa y una mezquita, entre otros edificios. El Ejército
israelí informó de que había destruido 40 de los túneles que unen el sur de la
franja con Egipto y que los islamistas utilizan para suplir las carencias de una
población sometida al bloqueo israelí desde hace más de un año. Israel acusa a
Hamás de utilizar los corredores subterráneos para introducir armas de forma
ilegal.
En la frontera sur de Gaza, la policía egipcia disparó
el domingo al aire para
dispersar a cientos de palestinos que trataban de romper las vallas y cruzar al
país vecino. Muchos de ellos lo consiguieron, según informa la agencia Efe.
Egipto, el país encargado de mediar para lograr un alto el fuego en la zona,
acusó a Hamás, a través del Ministerio de Exteriores, de impedir el traslado de
heridos al país vecino. La tensión entre Hamás y Egipto aumentó anoche después
de que fuerzas de seguridad palestinas mataran a un guarda fronterizo egipcio e
hirieran a otro, informa Reuters.
Muchos de los heridos se hacinan en los desprovistos hospitales. Faltan
ambulancias, generadores y material para los cuidados intensivos. La Cruz Roja
advirtió en un comunicado de que hacen falta equipos médicos en unos hospitales
"ya vacíos por la dificultad de dotarse de material hospitalario en la franja en
los últimos meses". Mientras los heridos penan, los muertos yacen bajo carpas
funerarias que llenan las calles de Gaza, explican residentes de la franja por
teléfono. "Palestina nunca ha visto una masacre tan horrible", dijo Ismail
Haniyeh, el líder de Hamás en Gaza.
La tensión se dejó sentir el domingo por segundo día en Cisjordania, hogar de dos
millones y medio de palestinos y donde se celebraron manifestaciones de apoyo a
los habitantes de Gaza. En una de ellas, un joven murió por los disparos del
Ejército israelí. Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina que
gobierna en Cisjordania, pero no en Gaza, criticó desde El Cairo a Hamás, a la
que atribuyó parte de la culpa del ciclo de violencia por no renovar la tregua
con Israel. Las palabras de Abbas dejan claro que la reconciliación entre las
facciones palestinas tendrá que esperar.
Por su parte, el líder de Hezbolá, Sayyed Hasan Nasralá, ordenó a sus
militantes que estén alerta ante cualquier ataque israelí contra el sur de
Líbano. Siria, por su parte, anunció la ruptura de las conversaciones de paz
indirectas que mantenía con Israel.