e qué habla este hombre? ¿Construir sobre el progreso? ¿Cuál progreso? Con
otra guerra civil a punto de estallar entre Hamas y la Autoridad Nacional
Palestina (ANP), con Benjamin Netanyahu como contendiente para ser el próximo
primer ministro israelí, con el monstruoso muro israelí en Cisjordania y los
israelíes construyendo nuevas colonias en cada vez más tierras árabes, mientras
los palestinos siguen disparando cohetes sobre Sderot, ¿Obama cree que hay
“progreso” sobre el cual construir?
Sospecho que este lenguaje sin sentido proviene de las nieblas mentales de su
futura secretaria de Estado. “Al menos a nivel conversación” es un clásico de
Hillary Clinton, en el sentido de que es una frase cuyo significado no
comprendo, pero lo que en verdad lo delata es el todavía más vago concepto de
“en torno” al conflicto árabe-israelí.
Desde luego, si Obama hubiese hablado de poner fin a la construcción de
asentamientos palestinos en tierras árabes, que es lo único que se ha
“construido” en torno a los conflictos con Hamas y la ANP, o se hubiera referido
a la justicia y seguridad que necesitan ambos bandos, puede que haya algo de
cambio.
Un desafío interesante para la congruencia de Obama llegará apenas tres meses
después de su toma de posesión, cuando tendrá que cumplir una pequeña promesa
que hizo. Sí. Se trata de esa maldita conmemoración, el 24 de abril, del
genocidio armenio en que personas de este origen recuerdan al millón y medio de
armenios que fueron asesinados por turcos durante el imperio otomano, en 1915,
cuando los primeros profesores, artistas y otros armenios fueron ejecutados por
las autoridades otomanas.
Bill Clinton prometió que él llamaría “genocidio” al asesinato de armenios si
éstos lo ayudaban a resultar electo. Lo mismo hizo Bush. Lo mismo hizo Obama.
Los primeros dos rompieron su palabra y recurrieron a hablar de la “tragedia” en
vez del “genocidio” una vez que obtuvieron los votos deseados pues temían que
que esos gritones generales turcos no dieran a Estados Unidos acceso a sus
“carreteras y demás” (como dijera Robert Gates), en lo que ha sido una de las
más crueles paradojas de la historia. Resulta que esas “carreteras y demás”
fueron las mismas que usaron los turcos para trasladar a los armenios a la
muerte.
Gates estará ahí para recordarle esto a Obama. Así que les apuesto, por el
gato de la familia, que el 24 de abril Obama decidirá que el “genocidio” fue
sólo una “tragedia”.
Por casualidad encontré en la revista de Aerolíneas Turcas, cuando viajaba a
Estambul a principios de mes, un artículo sobre la región de Harput. “El jardín
natural de Asia”, “un popular destino vacacional”, “donde las iglesias dedicadas
a la virgen María se yerguen junto a las tumbas de los ancestros de Mehmet el
Conquistador”, según el artículo.
Qué raro que haya todas esas iglesias, ¿verdad? Quizá haya que sacudirse un
poco la cabeza para recordar que Harput fue el centro del genocidio armenio, la
ciudad desde la cual Leslie Davis, el valiente cónsul estadunidense, envió sus
devastadores testimonios respecto de miles de armenios asesinados brutalmente,
hombres, mujeres y niños cuyos cadáveres vio él mismo.
Pero supongo que esto destruiría el efecto del “jardín natural”. Sería un
poco como invitar a los turistas a la ciudad polaca de Oswiecim sin informarles
que su nombre en alemán es Auschwitz.
Estos días todos podemos reescribir la historia. Por ejemplo está Nicolas
Sarkozy, el más adorable presidente francés, quien no sólo departe con Bashar
Assad de Siria sino que hace migas con ese enfermo y espantoso jefe de Estado
argelino Abdelaziz Bouteflika, quien acaba de “modificar” la Constitución de su
país para concederse un tercer mandato.
No hubo debate parlamentario, sólo fue necesario que levantaran la mano 500
de un total de 529 legisladores. ¿Cuál fue la respuesta de Sarko?
“¡Mejor Bouteflika que el talibán!” Yo que siempre creí que el talibán operaba,
más bien, un poquito más al este, en Afganistán, donde los muchachos de
Sarko están ocupados combatiéndolo, pero uno nunca sabe. Mucho menos cuando
oficiales exiliados del ejército argelino han revelado que soldados encubiertos,
al igual que islamitas argelinos (el “talibán” de Sarko), estuvieron
involucrados en brutales destrucciones de aldeas en la década de los años 90.
Hablando de “encubiertos”, me sorprendió lo que descubrí sobre el sistema de
entrenamiento utilizado por los guardias que en el Metro británico mataron al
joven Jean Charles Menezes. Según el ex comandante policial Brian Paddick, las
reglas secretas de estos guardias para “vérselas” con los atacantes suicidas
fueron diseñadas “con la ayuda de expertos israelíes”.
¿Cómo? ¿Quiénes son estos supuestos “expertos” que asesoran a los policías
británicos para que disparen a los civiles en las calles de Londres? ¿Son los
mismos que asesinan a palestinos buscados por la ley en Cisjordania y Gaza
mientras matan indiscriminadamente a civiles palestinos? ¿Los mismos que hablan
de “asesinatos selectivos” cuando matan a sus contrarios? ¿Esos matones daban
consejos a (la jefa policial, N. de la T.) lady Cressida Dick y a sus
muchachos?
Nuestro valiente enviado para la paz, lord Blair, no tiene mucho que
decir al respecto. Recuerden que es el hombre cuyo único viaje a Gaza fue
suspendido cuando más “expertos israelíes” le dijeron que su vida podía correr
peligro allí. De todos modos todavía puede ser presidente de Europa, algo que
Sarko quiere concederle. Me imagino que por eso Blair escribió sobre él
tan halagador artículo en la misma edición de Time que proclama a Obama
como “persona” del año.
“Hay momentos en que Nicolas Sarkozy se asemeja a una fuerza de la
naturaleza”, lisonjea Blair, quien siempre lo llama por su nombre de pila.
“Nicolas tiene la marca de los verdaderos líderes”; “Nicolas ha adoptado...”;
“Nicolas reconoce”; “Nicolas es abierto”. Hay en total 15 “Nicolases”. ¿Es ése
el precio de la presidencia europea?
¿O ahora nos va a salir Blair con que estará involucrado en esas
“conversaciones” con Obama para “construir” sobre algún “progreso” en Medio
Oriente?