Hoy, ante los ataques
israelíes contra Gaza, el artificio esencial, que estuvo ahí encubierto tras
el conflicto, queda revelado flagrante y burdamente: la muerte de una víctima
israelí parece justificar la matanza de 100 palestinos. Una vida israelí se
equipara en valor a 100 vidas palestinas.
Es esto lo que el Estado israelí y lo que los medios mundiales, más o
menos, repiten insensatamente, aunque hay cuestionamientos marginales.
Y esta
pretensión, que ha acompañado y justifica la más prolongada ocupación de
territorio extranjero alguno en la historia europea del siglo XX, es
visceralmente racista.
Que el pueblo judío deba aceptar
esto, que el mundo deba estar de acuerdo y que los palestinos deban someterse
a esto, es una de las ironías más negras de la historia.
No le veo la risa por ningún lado.
Sin embargo, podemos refutarla en voz más y más alta.
Hagámoslo.