Al menos Irak y Afganistán
recordarán por mucho tiempo el viaje de despedida que el presidente
estadounidense hizo a estos países.
Por Ilgar Velizade -
RIA Novosti
Lo recordarán no por lo de los zapatos que el periodista iraquí le lanzó a
George Bush durante la rueda de prensa en Bagdad, y no por el pordioseo público
del presidente afgano Hamid Karzai que ya se ha gastado una millonada de la
ayuda norteamericana, sino por lo impotente de la política militar
estadounidense ante lo ojos del mundo. Durante el periodo de treinta años y pico
después de la guerra de Vietnam nunca se había visto una política norteamericana
tan pobre como la que se ve ahora.
La opinión pública de EE.UU. ha recibido una cachetada al ver la millonada de
dólares que se gastan mensualmente en las guerras de Irak y de Afganistán ahora
que se atraviesa por una crisis financiera mundial y ante el limosneo del
presidente afgano. Bueno hubiera sido que estas empresas bélicas se hayan
coronado con éxitos, pero éstos, lamentablemente, son contaditos. El hecho de
que del escenario político hayan desaparecido el régimen iraquí y el de los
talibanes, no impedirá la aparición de semejantes regímenes en esta región en un
futuro.
En lugar de un Osama Ben Laden (probablemente refugiado en las montañas
afganas) llegaron Al-Zarqawi, muerto ya hace dos años, Abu Ayub al-Marsi y una
decena de otros más o menos conocidos líderes extremistas. El terrorismo se ha
convertido en una norma de vida en la región y continúa siendo un factor serio
que desestabiliza la situación en la mayoría de los países. El acto terrorista
en Bombay en este sentido es un reflejo o resonancia de las campañas militares
iraquí y afgana, todos ya saben que los soldados norteamericanos no son capaces
de luchar ni siquiera con un sólo terrorista.
Incluso el aspecto social de un terrorista en la actualidad ha sufrido
cambios. La línea que separa a un iraquí, afgano o palestino, amargado por las
condiciones de vida, de un humillado por la presencia militar extranjera, capaz
de tirar sus zapatos, que puede pasar a ser de una persona que acata las leyes a
ser un delincuente, es tan insignificante que un terrorista potencial puede ser
cualquiera casi de la mayoría de la población.
Hoy la población se manifiesta en contra de la presencia norteamericana
tirando zapatos; mañana lo hará empuñando las armas.
El periodista iraquí Muntazer al Ziadi que por suerte no acertó con sus
zapatos en el presidente norteamericano es hoy un verdadero héroe de las calles
musulmanas. En Oriente las personas que se atreven a enfrentarse en contra de
los invasores son respetadas en especial. Es así como fue calificada la acción
del periodista iraquí. No será sorpresa si empiezan a componer piezas musicales
en su honor, o empiezan a vender polos con su retrato, etc.
A propósito, a fines de este año se había planificado la visita de George
Bush a los países del Cáucaso del Sur (Armenia, Azerbaiyán, Georgia). Pero el
destino ha sido condescendiente con Georgia. Ya será Obama quien explique a los
georgianos porque inicialmente les prometieron el ingreso en la OTAN y después
lo pensaron; así como a los iraquíes, afganos, palestinos e incluso a sus mismos
ciudadanos, porqué las "buenas intenciones no siempre surten resultados
deseados".