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Benjamin
Netanyahu junto a Barack Obama. |
Candidatos del partido defienden posiciones que lindan con el fascismo.
Por
Juan Miguel Muñoz -
El País, España
Las encuestas van viento en popa. El país, Israel -uno de los pocos que
acogieron con recelo la victoria de Barack Obama en EE UU-, está escorado a la
derecha. Sus principales rivales se hunden o carecen de liderazgo. Todo parece
estar a punto de caramelo para que el partido conservador Likud arrase en las
elecciones legislativas del 10 de febrero. Pero a la fuerza que ha gobernado
durante 20 de los últimos 31 años le ha salido un quiste: las primarias del
Likud han arrojado unos resultados inesperados para su presidente, Benjamin
Netanyahu, en las que varios candidatos se alinean con posiciones que lindan con
el fascismo.
Netanyahu reclutó a Benny Beguin, hijo del ex primer ministro Menáhem Beguin,
y al ex jefe del Estado Mayor Moshe Yaalon. Eran estrellas rutilantes, dos
halcones de tomo y lomo. También incluyó entre sus elegidos a Dan Meridor, más
conciliador. Jugaba al equilibrio. Pero sucedió lo que menos deseaba. Moshe
Feiglin, líder de los rebeldes extremistas en el Likud, y sus partidarios se
erigieron en auténticas estrellas de la campaña y lograron posiciones que les
garantizan escaños en el Parlamento. Un destrozo a la imagen de relativa
moderación que pretende ofrecer Netanyahu para arañar votos a Kadima, su gran
adversario en las urnas.
Porque Feiglin es un dirigente al que muchos califican sin tapujos de
"fascista". Hace más de una década, en entrevistas en los medios hebreos, se
declaró admirador de Hitler. A su juicio, el líder nazi era un "genio militar
incomparable" que "dotó a Alemania de orden público y de un régimen ejemplar con
un sistema judicial apropiado". Añadía Feiglin que el sionismo es "racista" y
que los palestinos son "inferiores" porque fracasaron a la hora de lograr su
Estado a lo largo de la historia. Entre sus partidarios se encuentra Ehud Yatom,
un ex agente de las fuerzas de seguridad que aplastó con piedras las cabezas de
dos terroristas palestinos que habían sido detenidos. Se declaró orgulloso de
ello tras recibir el perdón presidencial.
Incluso para Netanyahu, este sapo es duro de tragar. En una turbia maniobra
en el comité electoral del partido, el jefe del Likud logró que Feiglin, Yatom y
alguno más de los fanáticos fueran relegados en la lista y, previsiblemente,
quedarán fuera del Parlamento. Sin embargo, varios más entrarán en la Kneset. No
le ha importado demasiado a Netanyahu la democracia interna. Desea a toda costa
enviar a los líderes occidentales el mensaje de que, a su modo, continuará
negociando con los palestinos, pese a que sólo propone una "paz económica" sin
significado político e inaceptable para la Autoridad Palestina.
La candidata de Kadima, Tzipi Livni, ya cuenta con un argumento que explotar
en campaña: un Likud anclado en el belicismo que entorpecerá las relaciones con
EE UU, con Europa y con los países árabes.