El reciente despliegue en
el mar Rojo de fuerzas navales ajenas a la región para reprimir a
corsarios somalíes constituye una amenaza aun mayor a la de los
modernos piratas, según expertos.
Por Adam Morrow
y Khaled Moussa al-Omrani
- IPS
"La presencia intensificada de armadas
extranjeras, con el supuesto objetivo de proteger las rutas navieras
internacionales de la piratería, plantean un peligro para la
seguridad nacional árabe", dijo a IPS el brigadier general retirado
egipcio Gamal Mazloum.
En los últimos meses se sucedieron numerosos incidentes de piratería
marítima, en particular en y alrededor del golfo de Adén, en aguas
de Somalia. Solo este año, más de 80 buques fueron atacados por
corsarios en esa área, según la Oficina Marítima Internacional.
El 15 de este mes, el buque petrolero saudita Sirius Star, cargado
con crudo por un valor aproximado a los 100 millones de dólares, fue
secuestrado por piratas somalíes en aguas de Kenia.
La nave, que con sus 330 metros de largo es la de mayor porte jamás
capturada en el mar, todavía está en manos de los piratas, que
demandan un abultado rescate para liberarla.
Apenas tres días después, una fragata india destruyó el "buque
madre" pirata en el golfo de Adén, luego de un fuerte intercambio de
disparos, según reportó la armada en Nueva Delhi. Informes
posteriores indican que se trataba de un barco tailandés
secuestrado.
El día 25, un barco yemení cargado con acero fue secuestrado en el
golfo de Adén.
Varios gobiernos ajenos a la región respondieron desplegando buques
militares allí. Estados Unidos, India, Rusia, Sudáfrica y la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ya enviaron los
suyos con el objetivo declarado de proteger el comercio marítimo.
A mediados de noviembre, la Unión Europea (UE) lanzó la primera
misión naval conjunta de su historia --Operación Atalanta-- con el
mandato de combatir la piratería en aguas somalíes. La operación,
que incluyó fragatas, aviones y helicópteros de patrullaje, tendrá
un periodo de despliegue inicial de 12 meses.
Incluso antes del reciente resurgimiento de la piratería, las
fuerzas navales extranjeras tuvieron una presencia significativa en
el área. Por más de una década, la Quinta Flota de la armada de
Estados Unidos, basada en Bahrain, ha patrullado las aguas del golfo
Pérsico o Arábigo y las del mar Rojo, y también las de los
alrededores.
Además, en los últimos años una fuerza naval occidental
multinacional cuyo objetivo era brindar seguridad marítima --la
"Fuerza de Tareas Combinadas 150"-- sentó sus bases en el cercano
Yibuti.
Egipto está especialmente preocupado por el efecto potencial de la
piratería sobre su propio canal de Suez, que une al mar Rojo con el
Mediterráneo.
Las tarifas aplicadas al tránsito por esa vital hidrovía, que
representa aproximadamente 7,5 por ciento del tráfico marítimo
global anual, es una de las principales fuentes de divisas
extranjeras de Egipto.
Dado el recrudecimiento de la piratería, varias de las principales
compañías navieras ya cambiaron rutas de carga para apartar sus
buques del canal de Suez, desviándolos al sudafricano Cabo de Buena
Esperanza.
"Egipto podría ser perjudicado por la piratería más que cualquier
otro país. Las tarifas de tránsito por el canal --que ya siente los
efectos de la crisis financiera mundial-- podría verse severamente
impactada si persiste el problema", dijo a IPS Aymen Abdelaziz
Salaama, profesor de derecho internacional en la Universidad de El
Cairo.
Con el objetivo declarado de establecer una estrategia común contra
la piratería, representantes de varios estados del mar Rojo se
reunieron el día 20 en El Cairo.
Co-organizada por Egipto y Yemen, a la conferencia también
asistieron funcionarios de Arabia Saudita, Sudán, Jordania, Somalia,
Eritrea y Yibuti.
En una declaración conjunta, los participantes culparon del
preocupante fenómeno a la crisis política en Somalia, donde un
impopular gobierno central respaldado por Estados Unidos combate a
la insurgencia islamista, luego de un decenio sin un estado central
en funcionamiento.
"La piratería en aguas somalíes es una de las consecuencias del
deterioro de la situación política, humanitaria y de seguridad en
Somalia", reza la declaración.
El texto reclama que los estados árabes de la región acometan
operaciones navales conjuntas contra la piratería, y creen un centro
de control de la piratería radicado en Yemen.
Aunque los participantes en la conferencia dieron la bienvenida al
apoyo naval de las naciones extranjeras, enfatizaron en la
importancia de la soberanía nacional de los estados en la región.
Analistas independientes coinciden en que las caóticas
circunstancias políticas de Somalia constituyen una de las
principales causas de la piratería.
"La piratería es un síntoma de la crisis real, que es la
desintegración de Somalia desde 1991", dijo Salaama. "La solución no
es recibir a las armadas extranjeras para que combatan la piratería,
sino ponerle fin a la histórica guerra civil en ese país", agregó.
Pero la conferencia aportó poco en materia de soluciones concretas
al problema, según expertos.
"Durante más de una década, Egipto y Arabia Saudita realizaron
ejercicios navales conjuntos de seguridad con la aspiración de
proteger el mar Rojo. Pero nunca crearon una fuerza naval conjunta
viable para combatir la piratería", enfatizó Mazloum.
Mientras, algunos gobernantes de la región manifestaron temores de
que el mayor despliegue de fuerzas navales extranjeras en el área
represente, en sí mismo, una potencial amenaza a la soberanía
regional.
"La presencia militar multinacional intensiva en el sur del mar Rojo
es preocupante", dijo el día 10 a la prensa el canciller yemenita
Abu Bakr al-Kurbi.
También advirtió que esta presencia podría implicar una amenaza para
la "seguridad nacional árabe" y conducir a la "internacionalización"
del mar Rojo.
Según Mazloum, a la advertencia del ministro yemenita no le falta
justificación. La posibilidad, dijo, es que la piratería sea
explotada por "elementos extranjeros" con el objetivo de
"internacionalizar la región del mar Rojo" en beneficio de Estados
Unidos e Israel.
"En los años 80, Israel propuso establecer una presencia naval en el
mar Rojo, pero la idea fue rápidamente rechazada por los árabes y no
ha sido discutida desde entonces", explicó Mazloum.
"Pero con este nuevo brote de piratería, algunos analistas sospechan
que Israel insistirá en enviar fuerzas navales al área con el
pretexto de proteger a las embarcaciones comerciales", agregó.
Mazloum continuó cuestionando la aparente incapacidad de las
existentes flotillas navales extranjeras para desbaratar la rampante
piratería en la región.
"Las fuerzas navales que ya están en el área --la Quinta Flota de
Estados Unidos, la OTAN, la Fuerza 150-- fueron incapaces de frenar
la piratería. Luego de los últimos despliegues, incluso, los
incidentes aumentaron. Esto debería plantear preguntas", sostuvo.
Salaama se preguntó por qué los estados del mar Rojo no pueden
brindar una seguridad marítima adecuada.
"En la guerra árabe-israelí de 1973, Egipto, Arabia Saudita, Yemen y
Somalia unieron fuerzas exitosamente para cerrar el estrecho de
Mandeb (entre el Cuerno de África y la península arábiga) a la
armada israelí, mientras mantenían la navegación en el mar Rojo. Así
que ¿por qué no pueden cerrar el área a los piratas somalíes?", se
preguntó.