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Soldados israelíes observan la franja de Gaza.(Foto EFE) |
El bloqueo ha sido presentado
como castigo por la elección democrática de Hamas, castigo por su posterior
toma del territorio y castigo por los ataques extremistas contra civiles
israelíes.
Por Andrea Becker - The Guardian
Algo
más de dos semanas han pasado desde que Israel impuso un cierre completo sobre Gaza,
después de meses en que sus cruces fronterizos han estado abiertos sólo para los
suministros humanitarios mínimos.
En este escenario, la situación de los civiles es todavía peor sin los
alimentos de Naciones Unidas (ONU) que recibe el 80% de la población, que
depende por completo de ayuda alimentaria; sin abastecimientos médicos o
remedios para los deteriorados hospitales de la Franja y sin combustible (pagado
por la Unión Europea) para la planta eléctrica y los generadores utilizados en
los largos y constantes apagones.
La explicación oficial de Israel para bloquear incluso la ayuda humanitaria
mínima, según el portavoz de la Fuerza Israelí de Defensa, mayor Meter Lerner,
fue el "continuado lanzamiento de cohetes y las amenazas a la seguridad en los
cruces".
El aislamiento israelí, en vigor desde que Hamas tomó el control de Gaza a
mediados de 2007, puede describirse como una intensificación de las políticas
destinadas a aislar a la población, arruinar su economía e incentivar el rechazo
contra el movimiento islamista mediante duras (e ilegales) medidas de castigo
colectivo.
Sin embargo, estas acciones no son del todo nuevas: el bloqueo no es más que
la expresión final de la política israelí de clausura, en práctica desde 1991,
que se basa, a su vez, en las políticas de Israel como ocupante desde 1967.
"No esenciales"
En la práctica, el cierre de los pasos fronterizos significa la negación de
una amplia gama de ítems (alimenticios, industriales, educacionales, médicos)
que se estiman "no esenciales" para una población que, en gran medida, es
incapaz de ser autosuficiente al cabo de décadas de ocupación. Significa,
además, que los normalmente escasos combustibles para la industria, para cocinar
y para el transporte, están ahora ausentes.
La falta de carburante significa a la vez que las plantas de disposición y
tratamiento de residuos no pueden funcionar adecuadamente, lo que se traduce en
la disminución del agua potable y en que decenas de millones de litros de
basuras no tratadas o tratadas parcialmente sean arrojados todos los días al
mar.
Los cortes eléctricos afectan a todos los hogares y hospitales. Los que
tienen la suerte de tener generadores se debaten para encontrar el combustible
que los haga funcionar o los repuestos para repararlos cuando se echan a perder
por sobreuso. Hasta las velas se están agotando.
Recompensa o castigo
No puede discutirse que las medidas de castigo colectivo contra la población
civil de Gaza son ilegales bajo la ley humanitaria. Los alimentos y el
combustible no pueden ser retenidos o entregados como recompensa o castigo. Pero
la legislación internacional fue dejada de lado hace mucho tiempo. El bloqueo ha
sido presentado como castigo por la elección democrática de Hamas, castigo por
su posterior toma de Gaza y castigo por los ataques extremistas contra civiles
israelíes.
Los
civiles de la Franja, desde el profesor de matemáticas de un campamento de
refugiados de la ONU hasta el recién nacido prematuro en una incubadora,
adecuadamente castigados por actos sobre los que no tienen control alguno, se
levantarán y se librarán de Hamas. O por lo menos así se espera. ¿Y qué pasa con
estos agentes civiles del cambio político?
Con todas sus complejidades y tragedias, el principal efecto del aislamiento
forzado ha sido reducir a toda la población a una vida de supervivencia. Los
individuos se ven reducidos al detalle diario de sobrevivir y a sus
agotamientos.
Al hacerlo, se priva a la gente del tiempo y de la posibilidad de no hacer
más que negociar las minucias de lo que es y no es posible en sus vidas
personales y profesionales. Si habrá harina disponible para hacer pan, dónde
podrá encontrarse, cuánto cuesta.
Ricos o pobres, taxistas y defensores de los derechos humanos, todos pasan
horas especulando sobre dónde encontrar un cilindro de gas para cocinar. El
agotamiento se está apoderando de toda Gaza. La supervivencia deja poco o ningún
espacio para la actividad política. Y, más allá del agotamiento, la ira y la
frustración es todo lo que queda.