Ilan Pappé, profesor a la Universidad de Haifa, doctorado en Oxford, es uno
de los «nuevos historiadores israelíes». Una de esas personas que buscan en
páginas de documentos mohosos lo que los poderosos quisieran ocultar, que
escriben lo que pasó en Palestina a la luz de documentos militares
desclasificados. Romper mitos crea problemas y, pese a que Pappé no quiere
hablar de los suyos, sabemos que, amenazado de muerte por la ultraderecha
israelí, vive exiliado y tiene cátedra en Inglaterra.
«Hablaré de la ocupación a Palestina y como acabarla», dice al empezar
«Una ocupación siempre es el resultado de una guerra. Internacionalmente hay
unos roles establecidos para ocupado y ocupante. En todo el mundo la ocupación
ha tenido, tiene, un inicio y un final. En Palestina no, porque las élites de
Israel no están dispuestas a ponerle fin. La ocupación es un fin en sí misma»,
afirma.
«Si un médico quiere curar a un paciente lo primero que debe hacer es una
buena diagnosis. Si hablamos todavía de ocupación, la solución está en tener dos
estados. No puede haber seguridad para los israelíes sin una salida justa para
los palestinos. Antes de empezar un proceso de paz se debe hablar del fin de la
ocupación civil y militar de Palestina. Pero en Israel no piensan que han
ocupado Cisjordania y Gaza. Israel explica algo que sólo ellos entienden. Es
demasiada complicado para nosotros, que sólo podemos llamarle ocupación», sigue.
«Cuando me preguntan sobre la situación actual en Cisjordania y Gaza siempre
digo que debemos volver los ojos hacia lo historia. Sin hacerlo no entenderemos
nada. Es una historia larga. Es la historia del sionismo, desde el siglo XIX
hasta 1948, buscando un territorio para los judíos, en Sudamérica, en África,
finalmente en Palestina. Quien ocupa tierra de otro es un colonialista. Querían
conseguir el máximo de tierra con el mínimo de palestinos. El sionismo aspiraba
a construir un estado democrático parecido a los regímenes europeos, pero esto
entraba en contradicción con la limpieza étnica que implementaban. Abandonaron
los valores democráticos para conseguir más tierras», dice serio.
«De 1948 hasta hoy es una historia corta. La historia de la ocupación. Hoy,
en el 2008, las dos historias se encuentran. La misma gente que tomó las
decisiones para la limpieza étnica el año 1947, son las que tomaron las
decisiones en 1967. Todos los representantes del espectro político israelí
estuvieron de acuerdo en perpetrar este crimen contra la humanidad. La ideología
sionista es la misma entonces y ahora, y sigue anhelando más tierras y menos
palestinos.
«Pero en 1967 no pueden expulsar y matar a los palestinos como veinte años
antes. No al menos a tan gran escala. Los palestinos de los territorios ocupados
en el año 1967 se podrán quedar. Pero la tierra será de Israel para siempre
jamás. Entonces, ya sabían que habrían negociaciones, conversaciones,
resistencia. Juegos políticos. Pero no aceptarán que los saquen de los
territorios», afirma convencido. «Ahora en Israel desclasifican documentos
secretos»
«En esto son más transparentes que en España. Tenemos acceso a documentos de
1967 y sabemos que ya entonces estaban decididos a quedarse todos los
territorios para Israel. El dilema es como apropiarse la tierra sin echar a la
gente y a los que se queden no darles ningún derecho. Para implementar esto
quieren crear la prisión más grande del mundo: la Megacárcel, con capacidad para
tres millones de personas.
« Hay dos versiones. La primera es una prisión al aire libre, con autonomía
si aceptan la autoridad de Israel. Oslo y Camp David representan el mejor modelo
de esta prisión que les pueden ofrecer. Pero si rechazan esta oferta hay otra
cárcel. Esta es de máxima seguridad, la que los palestinos sufren desde el año
2000. Con muro, sin los exiguos derechos del otro modelo y dónde a cada acción
de resistencia se contrapone el castigo colectivo», dice mirando fijamente al
público.
«Mirando atrás, a 1967, me sorprende la efectividad de los israelíes para
crear las leyes de esta prisión, las terminaron dos semanas después de la
ocupación. Primero, el control seria de los militares; más tarde de los civiles.
La Shabak -la policía secreta- tiene un sistema tremendamente operativo: todo lo
que los palestinos necesitan tiene un precio, que se paga colaborando. Un
quiosco, estudiar, una habitación, atención médica… tiene un precio. Los que
quieren colaborar muchas veces acaban en la prisión real, encerrados entre
cuatro paredes.
«Los últimos ocho años hemos visto los últimos adelantos de la Megacárcel:
vallas electrificadas, el muro del apartheid, los checkpoints, los caminos
bloqueados con escombros, las barreras en todos los pueblos de los territorios
ocupados… Cuando hay resistencia la megacárcel se torna más dura. Se debe
castigar a todo el mundo con castigos colectivos», dice mientras -quizás- sus
pensamientos rememoran lo que sus ojos han visto. «Y cual es la solución?»
«De entrada llamar a las cosas por su nombre. No es sólo la ocupación, es un
sistema maligno basado en la certeza de que los palestinos no son personas. Son
un problema y como tal que se los debe tratar. Debemos saber qué es este sistema
que usan los sionistas en Palestina, comprenderlo para saber como se puede
abolir.
«Este sistema es de una ineficiencia eficiente. Se dan pocos permisos para
todo, por eso es imposible satisfacer a todos los palestinos. Es policial, con
normas y arbitrario, aunque conozcamos todas las leyes los soldados y los
policías pueden decidir en cualquier momento aplicarlas o no. Cuando lo
criticamos nos acusan de antisemitas.
«Pero debemos diferenciar el sistema de las personas. Cambiar los
diccionarios para cambiar los conceptos. No son dos partes enfrentadas. No son
dos países en guerra. Es un sistema colonial que desposee a las personas. Es un
sistema criminal, donde unos son victimarios y los otras sus víctimas. A una
mujer maltratada, violada, a nadie se le ocurre pedirle que negocie nada con su
violador. Sencillamente se acaba con el crimen y se castiga al criminal», suena
rotunda, su voz, como la de una sentencia.
«La negociación empieza acabando con la megacárcel. Solucionando el problema
de los refugiados. Buscando una manera para convivir juntos. Pero insisten con
las conversaciones de Oslo y los acuerdos de Camp David y no dicen nada de
acabar con la prisión, no podremos ir a ninguna parte hasta acabar con este
crimen.
«Durante mucho tiempo hemos creído que la diplomacia solucionaría el
problema. Pero el proceso de paz es sólo una pantalla para continuar con la
expansión de las colonias y establecer las normas de la megacárcel. La
estrategia del Cuarteto - EEUU, UE, ONU y Rusia- es continuar con las
negociaciones y no hablar del crimen. Ahora con la crisis ya no hablan ni de
proceso de paz. Ya no necesitan justificar nada», sostiene rotundamente. «Los
palestinos creían que la resistencia es el camino. Como historiador debo decir
que no han tenido éxito. En Jenin ha desaparecido una generación de jóvenes, la
que va de los 18 a los 25 años. Tenemos ahora la responsabilidad de escoger una
buena estrategia, que no es ni la diplomacia ni la lucha armada.
«Una tercera estrategia que implique a la opinión pública de los países
europeos. Una campaña como la que provocó el fin del apartheid en Sudáfrica.
Debemos decir a Israel que así no son bienvenidos, que serán apartados de la
comunidad internacional si continúan con esta política racista e inhumana. No
podemos cambiar el régimen de Israel, pero podemos influir, determinar un
cambio. Hicieron falta 21 años para derrocar el régimen de Sudáfrica. No tenemos
más opción para acabar con el apartheid en Palestina”.
«Si Israel destruye a los palestinos, los árabes -tarde o temprano-
destruirán Israel. En beneficio de todos, y es difícil decirlo para mí como
Israelí que soy, ahora es la última posibilidad de construir un movimiento
social que entienda la importancia que tiene este conflicto por el futuro de la
paz al mundo y que quieran contribuir a acabar con este crimen. Es difícil
desprogramar a la gente con una ideología racista. Harán falta años, pero es el
único camino», dice.
«Europa, sus gobiernos, compensaron a los judíos de siglos de persecuciones.
Los compensaron dando carta blanca al proyecto sionista que desposeyó a los
palestinos. Europa es responsable moral del mal que han sufrido y sufren los
palestinos. En 1948 había otras opciones que ahora ya no existen.”
«Debemos hacer que los países de Europa, y sobre todo Alemania, que son
quienes bloquean todas las soluciones, sean más positivos y digan a Israel que
no puede mantener este régimen de apartheid por más tiempo», expresa convencido.
Acaba la charla y empieza el coloquio. Salah administra los turnos de
palabras. Su gesto da paso a las preguntas nuevas. Una chica y un chico se
pasean por la sala con un micro inalámbrico que ofrecen a quienes tienen
cuestiones y quieren expresarlas.
Si es Europa quien debe ser protagonista, ¿qué rol tienen los palestinos?
«Qué papel pueden jugar los prisioneros de la megacárcel, no tienen papel
porque primero han de estar en libertad. Un camino es la resistencia que en 40
años no ha dado frutos. El otro es la solidaridad internacional. La gente de
Israel piensa que la prisión es necesaria pero no saben qué pasa allá dentro, y
nosotros no somos lo suficiente fuertes para cambiarlo. Los palestinos necesitan
la unidad para luchar y ser eficaces», contesta.
Se están rompiendo mitos modernos, pero también es interesante que se
rompan los antiguos, como quienes afirman que nunca existió la resistencia judía
a Masada.
«Los libros que niegan los mitos antiguos son muy populares entre los jóvenes
israelíes, no así los que hablan de Gaza y de la limpieza étnica de Palestina.
Así como en España no es ningún problema hablar acerca de la expulsión de los
judíos, sobre todo porque hace 500 años de aquellos hechos», responde.
¿Cuál es el rol de los palestinos en Acre y en Israel?
«Los israelíes no están preparados por entender que al instaurar el Estado de
Israel expulsaron a la gente que vivía allá por más de mil años. Los palestinos
de Acre demuestran que todos los palestinos, estén dónde estén, sufren las
consecuencias de la Nakbah. Los refugiados de Líbano, los de Cisjordania y Gaza
y también los palestinos de Israel. Demuestran que 60 años de violencia no han
hecho olvidar. Esto es sólo el comienzo de lo que puede estallar en otros
lugares. No hay ningún problema por parte del ejército israelí en matar
palestinos», afirma.
¿Se puede comparar el nihilismo nazi con el de los sionistas?
«No ayuda comparar el racismo nazi con el sionista, porque este último sólo
esta focalizado en los palestinos. A mi familia la salvaron los sionistas.
Israel tiene y tendrá políticas genocidas hacia los palestinos. Ningún pueblo
del mundo está libre de ser infectado por el virus nazi. En todos los países
pueden volver, también en Israel. El movimiento de los colonos cree en el
racismo. algunos dicen que son peor que los nazis. Si son como los nazis ya son
lo suficiente malos, les digo yo», responde sin perder el sentido del humor.
¿La solución es otra intifada?
«Tras la segunda intifada, la población israelí aceptó que el conflicto con
los palestinos es una guerra. Por lo tanto no hay posibilidad de discusión. La
semilla del cambio debe venir abonada por la presión exterior. Hemos de ir a las
escuelas israelíes y decirles a los estudiantes que les han lavado el cerebro.
Los que lo entiendan cambiarán Israel en los próximos 40 años. Entenderán que no
se puede apoyar el régimen sionista de Israel, como no se podía apoyar al
régimen racista de Sudáfrica, ni al de Pinochet, ni la segregación de los negros
en los EE.UU. de los años 60», contesta rememorando la historia.
¿No hay en Israel un nuevo colonialismo de Estado?
«Si, es una buena manera de decirlo. Es el cruce entre la vieja y la nueva
historia. Un buen análisis hace que el problema se pueda enfocar. La cuestión es
qué les podemos ofrecer a los israelíes al final de la ocupación. Uno de los
problemas es que Israel se ve como víctima y que los israelíes tienen miedo de
los palestinos. Pero lo más importante es que haya paz entre israelíes y
palestinos. Algo imposible con la megacárcel. No sólo la desprogramación mental
sino también la fuerza hará cambiar esta mentalidad. El ánimo de los palestinos
es compartir la paz con los judíos en Palestina. Quieren vivir una vida normal.
Tanto da si en un, en dos, en tres estados. Es la tercera generación de
palestinos que no viven una vida normal.
«No podemos permitir cuarenta años más de ocupación, no quedarían palestinos
para verlo», y la preocupación, por un momento, le nubla la mirada.
¿Abandonar la lucha armada por parte de los palestinos no les daría más
apoyo en Europa?
«Estaría bien, teóricamente. Pero es poco realista pensar que la gente que
está dentro de la megacárcel no resista, no den una respuesta. Más bien es al
revés: si más europeos presionan y boicotean a Israel, los palestinos no habrán
de luchar», afirma contundente.
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Conferencia en el Auditorio del MACBA de Barcelona, 16 octubre 2008
Comité de Solidaridad con la Causa Arabe