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Abdul Kader al-Zaid, asesinado a los 17 años
por soldados israelíes. |
Soldados israelíes que
mataron a tiros a tres jóvenes, en esta central ciudad cisjordana,
aseguran que sus víctimas se disponían a arrojar cócteles Molotov
contra ellos y el asentamiento judío de Bel El. Desde el lado
palestino, todo eso es mentira.
Por Cherrie Heywood
- IPS
La circunstancia de las muertes de estos jóvenes,
ocurridas la semana pasada, no quedan claras, ni tampoco si lanzaron
bombas incendiarias o si tan siquiera lo intentaron. E incluso si,
en realidad, pusieron en peligro la vida de soldados y civiles.
IPS visitó la zona dónde fueron asesinados dos de los jóvenes en el
campamento de refugiados de Jelazon, al norte de Ramalá.
Las familias de las víctimas dieron una versión totalmente diferente
de los hechos y acusaron a las Fuerzas de Defensa de Israel (fuerzas
armadas, conocidas por su acrónimo en hebreo, Tzáhal) de asesinato
premeditado.
El jefe de los negociadores de la Autoridad Nacional Palestina, Saeb
Erekat, condenó "las tácticas de mano dura del ejército que socavan
los esfuerzos" del gobierno de Mahmoud Abbas "para instaurar la ley
y el orden".
Un portavoz de la Tzáhal señaló a la prensa que los soldados
prepararon una emboscada en respuesta a una serie de ataques con
piedras y cócteles Molotov contra vehículos israelíes en las últimas
semanas.
"Cuando dispararon", los soldados "supusieron que los fallecidos
estaban preparando los cócteles Molotov", añadió el informante.
Aziz Yousef, de 21 años, de la aldea de Kufr Malik, cerca de Ramalá,
fue asesinado de un disparo el jueves. Mohammad Ramahi, residente de
Jelazon y de la misma edad, murió el miércoles a causa de las
heridas recibidas en un enfrentamiento con soldados israelíes en el
campamento.
El enfrentamiento entre manifestantes palestinos y soldados
israelíes fue el miércoles, tras el funeral de otro residente de
Jelazon, Abdel Qader al-Zaid, de 17 años, asesinado el día anterior.
Desde la casa de dos pisos de Ramahi se puede ver con claridad el
camino que divide el campamento de Jelazon del asentamiento israelí
de Bet El, a unos 400 metros de distancia.
Sólo conductores palestinos circulan por esa senda. Hay otro camino
exclusivo para los colonos israelíes, del otro lado del
asentamiento.
Bet El está ubicado en la cima de un cerro empinado. La mayoría de
los asentamientos israelíes se construyen en zonas altas por razones
de seguridad, para contar con vista panorámica de los valles donde
se encuentran las aldeas y ciudades palestinas.
Alrededor de Bet El hay una cerca electrificada de 12 metros de
alto. La mayoría de las viviendas se ubican lejos de esa valla.
También hay postes elevados con iluminación intensa.
Además, hay una torre de 15 metros desde la cual francotiradores con
armas automáticas y reflectores observan el campamento y el valle a
través de vidrios blindados. Un tanque israelí está permanentemente
apostado cerca del puesto de observación.
Los palestinos tienen prohibido por ley acercarse al área de 400
metros que separa el campamento del asentamiento. Cualquiera que
infrinja la norma podría recibir un disparo.
Mohammad Ramahi estaba a punto de casarse, dijo su tío, Ayman Ramahi,
director de la escuela secundaria para varones de Jelazon gestionada
por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
"Estaba muy entusiasmado con su nueva vida junto a su novia. Su
familia había pedido un préstamo para el casamiento", dijo Ayman
Ramahi a IPS.
"Mohammad no estaba metido en política. No era violento. Simplemente
trataba de alejar a los niños más pequeños porque habían empezado a
tirar pierdas contra los soldados israelíes que estaban en el
campamento para disolver la protesta", aseguró.
"Siempre empiezan así los enfrentamientos. Me parece que los
soldados vinieron aquí a propósito, a provocar disturbios", añadió.
Mohammad murió varias horas después en el hospital de Ramalá. La
bala le destruyó el hígado, los riñones y la aorta.
La madre de Abdul Kader al-Zaid, Ikhtikhaar, de 36 años, relató que
su hijo había hecho una pausa de dos horas en sus estudios para
comprar pan y practicar dabke, un baile tradicional árabe, con unos
amigos.
"Le encantaba el deporte. Tenía toda la vida por delante y había
pensado estudiar ingeniería eléctrica en la universidad", relató a
IPS.
"Lo mataron de un disparo a las afueras del campamento. Su cuerpo
fue arrastrado por los colonos 200 metros hacia el asentamiento"
israelí, contó su hermano Iyad, quien vio todo.
"Los soldados impidieron a punta de pistola que los familiares y
hasta una ambulancia se acercaran a mi hermano. Su cuerpo estuvo
tirado cuatro horas rodeado por efectivos israelíes antes de que nos
lo devolvieran", añadió.
"Es muy difícil que los jóvenes hubieran podido cruzar los 400
metros sin ser vistos. Los soldados tienen binoculares y un
telescopio. La zona está muy bien iluminada", arguyó Manaf Abbas, de
la organización de derechos humanos palestina Al-Haq.
"Y tirar una bomba incendiaria a cientos de metros de distancia,
hacia arriba del cerro y por encima de la cerca, darle justo a una
vivienda o a un soldado de la torre de control es imposible",
añadió.
Las familias y los amigos que presenciaron los hechos insistieron en
que los jóvenes fueron asesinados a las afueras del campamento
palestino, y de ninguna manera cerca del asentamiento israelí.
La organización de derechos humanos israelí B’Tselem señaló en su
informe "Normas de fuego abierto en los territorios ocupados:
Gatillo fácil", de 2002, que Tzáhal cambió su política de tirar a
matar de forma significativa tras el inicio de la segunda Intifada
(insurgencia popular palestina contra la ocupación), en 2000.
Antes de eso, los soldados sólo podían abrir fuego cuando una
persona estaba en peligro o si un sospechoso peligroso trataba de
escapar y, aun así, sólo como último recurso.
Tras la insurgencia, calificada por Tzáhal de "conflicto armado
similar a una guerra", actividades policiales comunes como dispersar
manifestaciones y realizar detenciones fueron ampliadas para quedar
incluidas bajo el término de "riesgo de vida".
"La nueva reglamentación permite, entre otras cosas, disparar a las
piernas de una persona que tire piedras. En algunas zonas, el
procedimiento de detención de sospechosos fue anulado y los soldados
pueden disparar sin advertencia previa contra sospechosos
palestinos", señaló la organización.
B’Tselem sostiene que ese cambio de política atenta contra el
derecho internacional y que las Tzáhal son responsables del
bienestar de la población civil.
Sin embargo, un portavoz de las Tzáhal señaló que el ejército
israelí seguirá "reforzando su presencia encubierta" a fin de
desarticular incidentes con lanzamientos de piedras.