Irán puede emerger
como el gran triunfador de la creciente tensión entre Estados Unidos
y Rusia, al menos en el corto plazo, según diversos analistas.
Por Jim Lobe -
IPS
Las escasas posibilidades de que Washington
lanzara un ataque militar contra Teherán antes de la finalización
del gobierno de George W. Bush, el próximo 20 de enero, se han
prácticamente esfumado a causa del aún incierto desenlace de la
crisis en Georgia, invadida por fuerzas de Moscú el 8 de agosto,
agregan los observadores.
El primer ministro ruso, Vladimir Putin, acusó este jueves a Estados
Unidos de provocar el conflicto. En declaraciones a la cadena
estadounidense CNN, dijo que durante los enfrentamientos había
ciudadanos estadounidenses "en el área", recibiendo "órdenes
directas de sus líderes".
Según Putin, la "provocación" buscaba beneficiar a uno de los
aspirantes a la presidencia de Estados Unidos, donde se votará para
elegir al sucesor de Bush el 4 de noviembre. La Casa Blanca señaló
que las acusaciones son "irracionales".
Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Francia,
Bernard Kouchner, dijo que la Unión Europea consideraba sanciones a
Moscú, mientras que su par británico, David Miliband, declaró que la
invasión a Georgia "marcó claramente el fin de la relativa calma" en
Europa que siguió a la disolución de la Unión Soviética.
En este contexto, la posibilidad de que Rusia coopere con Washington
y sus aliados europeos para imponer nuevas sanciones a Irán, por su
negativa a interrumpir su programa de enriquecimiento de uranio,
aparece remota.
La confrontación con Moscú desplazó a Irán del tope de la agenda
política del gobierno estadounidense. Al mismo tiempo, reforzó la
posición de Teherán, ya sea como potencial socio de Occidente para
contener a Rusia o potencial aliado de Moscú para enfrentar la
presión de sus adversarios.
"Cuando Estados Unidos invadió Iraq, no lo hizo para reforzar el
poder de Irán en la región. Tampoco fue ese el propósito de Rusia
cuando invadió Georgia, pero este puede ser el resultado", señaló
Gary Sick, experto en asuntos iraníes de la Universidad de Columbia
y ex funcionario del Consejo Nacional de Seguridad.
Hasta el momento, la respuesta de Teherán a la crisis en Georgia ha
sido mesurada, afirmó Farideh Farhi, del Centro Internacional para
Académicos Woodrow Wilson, con sede en Washington.
A pesar de los llamados de algunos sectores para alinearse con
Moscú, el gobierno, incluido el presidente Mahmoud Ahmadineyad,
desaprobó las acciones rusas, especialmente el reconocimiento formal
de la independencia de las regiones georgianas de Abjasia y Osetia
del Sur, indicó la experta.
"La razón es de principios. Si Irán apoya la secesión de territorios
que no están felices con los gobiernos centrales, tendrá que hacerle
frente a sus propios problemas de descontento étnico", dijo a IPS
Farhi, quien también es profesora en la Universidad de Hawaii.
Además, la mayoría de los responsables de la política exterior iraní
no consideran a Rusia un aliado confiable.
"Entienden que puede apoyarlos en el tema nuclear, de acuerdo a sus
propios intereses políticos y de seguridad, pero Moscú también ha
utilizado a Irán como pieza de negociación en sus relaciones con
Estados Unidos", agregó.
"Los iraníes no acudirán en apoyo de Rusia salvo que reciban un
pedido de ayuda, en cuyo caso podrán solicitar algo a cambio",
señaló Farhi.
Esto podría incluir varios temas. Entre ellos, una acelerada
finalización de la demorada planta nuclear de Bushehr, el ingreso
como miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shangai
--grupo de defensa establecido por China y Rusia--, o la entrega de
misiles avanzados tierra-aire, algo que ya ha solicitado Siria a
Moscú, tras apoyar su invasión de Georgia.
La fortaleza de Teherán responde, por un lado, a su condición,
compartida con Turquía, de ser la nación más poderosa en un área
estratégica poblada por Estados relativamente débiles, que cuentan
con el apoyo de Washington, como Georgia.
Durante la Guerra Fría, hasta la revolución islámica de 1979, Irán
fue el principal baluarte de Estados Unidos contra la influencia
soviética en la región del Golfo Pérsico.
Pero, por otro lado, deriva de su carácter de gran productor de
petróleo y gas, que puede jugar un papel clave como punto de
transporte de los recursos energéticos de la región del mar Caspio y
Asia central hacia Europa, cuya creciente dependencia del suministro
ruso aparece ahora más peligrosa que nunca.
Esto se volvió particularmente claro con la invasión de Georgia.
Moscú demostró que puede alcanzar fácilmente el oleoducto
Bakú-Tbilisi-Ceyhan, el único que transporta el petróleo hacia
Europa sin atravesar territorio ruso o iraní.
"Las compañías de gas y petróleo deben tomar en cuenta ahora este
nuevo nivel de inseguridad. Georgia se ha vuelto inestable y esto
incrementa el riesgo de transportar hidrocarburos a través de ella",
afirmó Jay Stanley, experto en energía que escribe para la
publicación Caspian Investor.
Si Georgia ha dejado de ser una fuente confiable de abastecimiento,
Teherán ocupará su lugar, señaló William Beeman, experto en Irán de
la Universidad de Minnesota. "¿Quieren gas? Se los vendemos", será
seguramente su posición, agregó.
Beeman destacó que Suiza firmó en marzo un acuerdo con Irán, con
vigencia por 25 años y por valor de 42.000 millones de dólares,
referido a un gasoducto y la provisión de ese producto.
Aunque Irán ha tenido conflictos con la mayor parte de las grandes
compañías energéticas europeas, a causa de los duros términos que
exigía, "puede ahora ver esta crisis para volver a tomar contacto
con ellas y proponerles dar una nueva mirada al tema", dijo Sick.
La creciente tensión entre Estados Unidos y Rusia puede influir las
discusiones en el gobierno de Bush respecto de la recomendación del
Departamento de Estado (cancillería) de buscar la aprobación iraní
para abrir una "sección de intereses" en Teherán, que en la práctica
significa restablecer las relaciones diplomáticas rotas en 1979.
Pero algunos expertos creen que las ventajas iraníes pueden tener
corta vida.
Ante la seguridad de que Rusia vetará en el Consejo de Seguridad de
la Organización de las Naciones Unidas sanciones contra Teherán,
Washington podría dejar de lado esa alternativa y optar por adoptar
medidas en conjunto con sus aliados más cercanos, según Trita Parsi,
director del Consejo Nacional Iraní-Estadounidense.
Por otra parte, advirtió el analista Michael Klare, el interrogante
es si la acción bélica unilateral de Rusia hace que Bush y su
vicepresidente neoconservador Dick Cheney, el abanderado de la línea
dura, "se sientan fortalecidos para actuar en forma más beligerante".