ace unos días un analista internacional
señalaba "qué lejos está Turquía, y sin embargo qué cerca". En unas
semanas aquél país ha asistido a una serie de acontecimientos que han
podido condicionar seriamente el devenir del mismo. Los atentados del
mes de julio y los dos procesos judiciales en marcha, uno para
ilegalizar al partido en el gobierno y otro para desenmascara una oscura
trama golpista, son unas duras pruebas que cualquier estado tendría
difícil superar sin salir malparado.En estos días, y más allá de los
tópicos malintencionados o ignorantes, que se vierten en torno a la
compleja situación turca, la mayoría de actores de aquél país han tenido
ocasión de retratarse, y probablemente de adecuar su actuación futura.
La coincidencia de ambos procesos judiciales ha sido utilizada por parte
de la llamada trama Ergenekon para tensar todavía más la cuerda y
debilitar al gobierno del AKP.
Los círculos "kemalistas, jacobinos, burocráticos y militares",
defensores del status quo que ha dirigido la política turca en las
décadas pasadas han maniobrado para poder frenar los intentos
reformistas impulsados por el partido gobernante, y que muchos siguen
representando como la cara "amable" del islamismo político más radical,
cuando en realidad su actuación política está equiparada en cierto
sentido al de cualquier partido democratacristiano occidental.
La judicatura turca ha decidido no ilegalizar "de momento" al AKP, lo
que se interpreta como una victoria relativa de éste, que no debe
olvidar que en el pronunciamiento judicial se dejan abiertas todavía
muchas puertas para su futura ilegalización. Para algunos analistas
turcos llama la atención la petición del propio Tribunal Constitucional
al gobierno para que introduzca los cambios necesarios para evitar o
dificultar la prohibición de partidos políticos en el futuro. Sobre todo
si tenemos en cuenta que ese mismo órgano ha ilegalizado más de dos
docenas de partidos desde que se creó en 1960, utilizando los resortes
legales que disponía, pero también en ocasiones frenando cualquier
iniciativa en la línea que ahora propone.
El papel de la Fuerza Armadas Turcas (TSK) en política también ha
centrado la actualidad estos días. Tras la reunión del Consejo Militar
Supremo (YAS), se ha producido el relevo en la cúpula militar, pero ha
llamado la atención que en esta ocasión en la citada reunión no se haya
dado ninguna expulsión de militares acusados de "fundamentalismo
religioso", lo que ha podido obedecer a algún tipo de acuerdo en torno a
los militares implicados en la trama golpista de Ergenekon. El próximo
mes de diciembre se volverá a reunir el YAS y probablemente su actuación
irá en línea con el devenir de los acontecimientos.
En este teatro se ubica también lo que algunos han definido con
bastante acierto como "los otros golpistas", aquellos que de una manera
u otra han venido justificando los diferentes golpes de estado que se
han sucedido en Turquía en su historia moderna. Periodistas, profesores
universitarios, políticos o empresarios que han actuado tras cada golpe
como si nada hubiese pasado, que no han puesto los mecanismos necesarios
para juzgar a los golpistas, y que con sus actitudes han llegado a
"legitimar lo ilegítimo".
Representan alas élites del estado, protectores del citado status quo
y miembros también de la burocracia autoritaria, muchos de los cuales se
ubican dentro de la trama Ergenekon, y que algunos han definido como
"los falsos patriotas".
El próximo 20 de octubre se iniciará las primeras audiencias del
juicio contra esa trama que se extiende entre políticos, empresarios,
militares y medios de comunicación. Tal vez por esto llama la atención
el intento de algunos medios de ocultar el asunto, o de atribuirlo a las
desprestigiadas teorías conspirativas. Lo cierto es que tras una ardua
investigación, se están revelando los objetivos, los medios y las
relaciones entre los diferentes actores encausados, así como la
participación en los últimos años en la muerte de significadas figuras
políticas, judiciales o periodistas.
Bajo la fachada de defensa del laicismo, puede ocultarse todo un
movimiento fundamentalista secular, que antepone a cualquier medida
democrática la defensa de una situación de privilegio para sus propios
intereses, y que está dispuesta a poner contra las cuerdas la voluntada
democrática de la población turca, a la que dicen defender.
El AKP se ha salvado por los pelos, de momento. En estos momentos los
dirigentes del partido gobernante estarían barajando dos opciones. O
"abrazar el consenso" que reclaman sus opositores, lo que podría
convertirle en un "partido político más", con las connotaciones
negativas que conlleva, y con el freno a los cambios que promueven, o
bien, seguir adelante con su agenda reformistas para lograr importantes
transformaciones en la vida política del país.
En las próximas semanas el AKP deberá afrontar varias "patatas
calientes", como las "reivindicaciones kurdas, la apertura del seminario
Halki, los derechos de las minorías, como los alevís, la lucha contra la
corrupción y el crimen organizado, y otros temas relacionados con la
religión". Para ello se barajan algunos cambios tanto en el gobierno
como en el grupo parlamentario, seguir con la política de acercamiento
hacia la Unión Europea, e incluso continuar tejiendo el apoyo necesario
para iniciar una reforma constitucional, y todo ello con vistas además a
las importantes elecciones locales de marzo del 2009, donde los
estrategas del partido pretenden hacerse con el triunfo en importantes
ciudades turcas.
La decisión del Tribunal Constitucional ha podido estar influenciada
por la actual coyuntura, interna y externa, que vive Turquía. La
debilidad argumental, y con escasas pruebas, de las acusaciones contra
el AKP, así como el amplio apoyo popular que concentra en torno suyo son
las bazas locales, mientras que la firme oposición de EEUU y la UE a la
ilegalización serían las barreras externas.
Y en vísperas de estos acontecimientos, nos encontramos con los
atentados del mes de julio. Tras el ataque contra el consulado
estadounidense en Estambul el pasado 9 de julio, el día 27 otro atentado
en al misma ciudad provocaba la muerte de 17 personas y heridas a más de
cien. La autoría de estos ataques, a pesar de las pomposas declaraciones
oficiales, continúa siendo una incógnita. Desde grupos fundamentalistas
locales como Hezbollah, u organizaciones de izquierda como DHKP-C,
pasando por el PKK kurdo o grupos islamistas transnacionales como IBDA-C,
han sido señalados como autores de los ataques. Otras fuentes apuntan a
la elección de Estambul para lograr una importante cobertura mediática,
y un impacto en la política turca en pleno juicio de ilegalización del
AKP y del caso Ergenekon, en vísperas de cambios en la cúpula militar y
tras los continuos ataques contra las poblaciones del Kurdistán sur.
El futuro turco necesita importantes transformaciones. La judicatura
tiene su imparcialidad y credibilidad seriamente dañados por los
impulsos políticos que la han acompañado, de hecho en Turquía se suele
apuntar que allí, "un juicio no es jurídico sino político". Esos
magistrados han debido olvidar que "el primer objetivo de la ley y las
instituciones legales es proteger los derechos individuales frente al
estado, y no al revés".
El gobierno deberá decidir si sumarse a la tradicional "política de
tutelaje" (vekalet) o situarse entre los que defienden la
voluntad popular y a sus representantes elegidos democráticamente, al
tiempo que hace frente a una salida negociada de las demandas kurdas y
de otras minorías. Los partidos de la oposición debe dejar de utilizar
el sistema judicial en calve política, y los medios de comunicación
deberán evitar la manipulación y tergiversación que conlleva la
consecuente polarización de la sociedad.
Turquía está en el cruce de dos continentes, y al mismo tiempo
soporta su propia encrucijada interna, el futuro no se presenta nada
sencillo, pero los cambios que demanda la sociedad turca pueden ayudar a
solventar algunos de los obstáculos que se avecinan.