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Niños palestinos se asoman por las ventanas de una vivienda durante un toque de queda en Hebrón en agosto de 2001.(Foto
Reuters) |
Los políticos buscan fórmulas para consolidar y reforzar la mayoría judía.
Por
Ana Carbajosa - El País, España
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, se va. En pocos meses dejará el
Gobierno, derribado por uno de los múltiples escándalos de corrupción que
acumula. Olmert se va, pero permanece su creencia de que Israel no será un
Estado viable el día que los palestinos pasen a ser mayoría tanto dentro de sus
fronteras, como en los territorios ocupados. Los políticos en liza para suceder
a Olmert comparten la creencia de que las proyecciones demográficas, que
reflejan un fuerte crecimiento de la población árabe junto a una caída del
número de emigrantes judíos, dictarán las políticas que se adopten en esta zona
del planeta, entre ellas la creación de un Estado palestino.
En demografía, como en casi todo, Israel es un caso único. Es un país que en
60 años ha quintuplicado su población. Cuenta hoy con algo más de siete millones
de habitantes, frente a los 650.000 que vivían en 1948 cuando se fundó el
Estado. El crecimiento vertiginoso ha sido posible gracias a una alta natalidad
y al desembarco de tres millones de inmigrantes judíos.
El cambio que se avecina podría ser igual de rápido, sólo que esta vez
contrario a los intereses del proyecto sionista, según advierten los demógrafos
y empiezan a mostrar las estadísticas. Por un lado, cada vez son menos los
judíos que hacen aliya, o emigran a Israel: 2007 fue el primer año desde
1989 en el que el número de emigrantes judíos no superó los 20.000. Y por otro,
la población árabe, tanto dentro de las fronteras del Estado de Israel como en
Gaza y Cisjordania, crece al doble de velocidad que la judía, según los datos
que maneja Sergio Della Pergola, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén
y toda una autoridad en la materia. Esos datos dicen que mientras los judíos
tienen una media de 2,7 hijos, los palestinos rozan los cuatro. "En unos 20
años, la población árabe que viva dentro de Israel alcanzará el 30% [frente al 20% actual]. Una nación con una minoría del 30% ya no es una
sociedad unitaria, es binacional", dice Della Pergola.
Pero a los políticos israelíes les preocupan las estadísticas que se refieren
no sólo a la evolución demográfica dentro de las fronteras del Estado de Israel,
sino en los 28.000 kilómetros cuadrados que separan el Mediterráneo del río
Jordán o lo que es lo mismo, la Palestina del mandato británico. "Si sumamos los
habitantes de Gaza y Cisjordania al millón y medio de árabes que viven en
Israel, y lo comparamos con el número de judíos israelíes, la diferencia
resultante es mínima. Pero si tenemos en cuenta lo rápido que crece la población
árabe, pronto serán más", añade Della Pergola.
Son esos números los que han hecho saltar todas las alarmas entre la clase
política, a izquierda y a derecha, y que ha llevado a muchos, incluido Olmert, a
concebir la creación de un Estado palestino no como una dádiva, sino como el
salvavidas del proyecto sionista. Porque sostiene Olmert que el día en que el
número de árabes supere al de judíos, la existencia misma de Israel estará en
peligro. "Si llega el día en que la solución de dos Estados
[uno israelí y uno palestino] fracasa, y nos vemos obligados a hacer frente a
una lucha por la igualdad de derechos al estilo surafricano, el día que eso
ocurra el Estado de Israel estará acabado", sostuvo Olmert en Washington tras la
conferencia de Annapolis que debe desembocar en la creación de un Estado
palestino. Yossi Beilin, del izquierdista Meretz, comparte con Olmert esa
visión. "Una minoría de judíos dominando a una mayoría palestina, sería como el
régimen surafricano. El mundo no lo toleraría".
Los aspirantes a la sucesión de Olmert analizan también el conflicto de
Oriente Próximo desde el prisma demográfico, aunque ofrecen muy distintas
soluciones. "Para los tres [Tzipi Livni, Benjamín Netanyahu y Shaul Mofaz]
constituye una cuestión crucial", asegura Arnon Soffer, el profeta de "la
amenaza demográfica árabe", catedrático de Geoestrategia de la Universidad de
Haifa. Los tres políticos han desfilado por sus aulas y se han dejado empapar
por sus predicciones, indica Soffer.
Netanyahu, al frente del derechista Likud y en cabeza según algunas
encuestas, todavía le llama para consultarle sobre el tema, según el
catedrático. A Netanyahu, al revés que a Livni o a Olmert, la preocupación
demográfica no le lleva a defender la necesidad de la creación de un Estado
palestino lo antes posible. Al contrario, fuentes próximas al candidato
conservador explican que "a pesar de considerar la demografía una cuestión
crítica, considera imposible alcanzar un acuerdo con los palestinos en las
actuales circunstancias, con Hamás en el poder en Gaza". Pero barrunta medidas
para evitar que los árabes israelíes diluyan la naturaleza judía de su país.
Pero si buena parte de la clase política israelí tiene tanta urgencia por un
acuerdo que conduzca a la creación de un Estado palestino, o por fijar al menos
unas fronteras definitivas, ¿por qué los hechos sobre el terreno, como la
expansión de asentamientos, apuntan en dirección contraria? Porque como dice
Calev Ben-Dor, analista de Reut, un think tank de Tel Aviv, una cosa es
querer que exista un Estado palestino "y otra que haya consenso en qué fronteras
debe tener, qué hacer con Jerusalén o con los refugiados". Y remata Beilin:
"Todos sabemos que el statu quo es insostenible y que hay que avanzar hacia la
partición, la cuestión es si tenemos líderes dispuestos a hacerlo".