El anuncio de la dimisión
del primer ministro Ehud Olmert sumió el jueves a Israel en la incertidumbre,
reavivando una guerra de sucesiones, y puso en vilo el futuro de las
negociaciones de paz con los palestinos y los sirios.
Enmarañado en una serie de escándalos de corrupción, Olmert anunció el miércoles
que no se presentará el 17 de septiembre a las elecciones primarias
organizadas entre los 50.000 miembros de su partido, el centrista Kadima, por lo
que renunciará a mantenerse en el cargo.
Oficialmente, la Autoridad Palestina afirmó que los deberes judiciales de Olmert
son un "asunto interno" de Israel.
"Trabajaremos con cualquier primer ministro elegido en Israel y continuaremos
con Ehud Olmert hasta la llegada de su sucesor", declaró el jueves Abas en una
conferencia de prensa en el transcurso de una visita a Túnez.
Pero varios responsables implicados en las negociaciones estimaron que la
Autoridad Palestina iba a perder un primer ministro personalmente muy implicado
en las discusiones y dispuesto a tratar los temas más delicados, como
Jerusalén o las fronteras.
El movimiento islamista Hamas mostró su satisfacción ante la dimisión de Olmert
y estimó que era "una victoria de la resistencia" y que iba a debilitar
la posición del presidente Abas.
Los dos principales candidatos para suceder a Olmert, la ministra de Relaciones
Exteriores, Tzipi Livni, y el ministro de Transportes, Shaul Mofaz,
se congratularon por la decisión del dirigente.
Los sondeos dan por el momento una ligera ventaja a Livni frente a Mofaz,
considerado como un "halcón", o sea, proclive a una posición más dura.
Según la ley israelí, el presidente del país, Shimon Peres, encargará al próximo
líder de Kadima, un partido con mucho peso en el Parlamento, la formación de
un nuevo gobierno. Dispondrá de un plazo de 42 días para lograr una mayoría
parlamentaria que vote la confianza de ese gabinete.
En caso de fracaso, el jefe del Estado puede dar a otro diputado ese mismo
encargo o proclamar que es imposible la formación de un gobierno y proponer
entonces al Parlamento la votación de una ley de disolución antes del final
natural de la legislatura de la Kneset (parlamento israelí), en 2010.
Tanto Livni como Mofaz ya aseguraron su deseo de formar un gobierno de unión
nacional que incluya al Likud, la principal formación de la oposición de
derecha.
Sin embargo, el líder del Likud, Benjamin Netanyahu, rechazó en un primer
momento esa hipótesis.
"Este gobierno ha llegado al final y poco importa quién sea el líder de
Kadima", dijo a la radio Netanyahu, que exige elecciones anticipadas.
Los sondeos señalan al líder derechista favorito frente a Livni y Mofaz
para convertirse en el nuevo primer ministro de Israel en caso de comicios
anticipados.
Buena parte de los analistas israelíes consideran que, en estas condiciones, el
futuro líder de Kadima corre el riesgo de ser incapaz de formar un gobierno,
sobre todo porque el propio partido centrista está desunido por querellas entre
sus dirigentes.
El número dos del gobierno, Haim Ramon, miembro de Kadima, compartió este último
diagnóstico.
"No creo que haya muchas posibilidades para formar un gobierno dirigido por
Kadima porque el mundo político ha entrado en una turbulencia tal que será muy
difícil restablecer la calma", juzgó Ramon, un hombre cercano a Olmert.
Pese a esta incertidumbre, Israel debería continuar sus negociaciones directas
con la Autoridad Palestina e indirectas con Siria, para intentar alcanzar los
acuerdos de paz.
"Mientras ejerza mis funciones, no abandonaré mis intentos de negociar con los
palestinos para conseguir un resultado que permita dar una esperanza", prometió
Olmert.