En la víspera del alto el fuego, 30 cohetes y 19 bombas de
mortero fueron disparados desde Gaza, sin causar bajas. Los ataques aéreos
israelíes hirieron a varios hombres armados.
Por Donald
Macintyre -
The Independent, Gran Bretaña
Traducción: Celita Doyhambéhère.
Cuando se le pregunta si está a favor de la tregua entre
Hamas e Israel, Andrew Breakell marca un número de su celular y se pone en
contacto con su ex socio de negocios palestino para preguntarle lo que piensa.
Su charla con Tawfiq Afanna, que solía manejar las exportaciones de carne y
ganado en pie que Breakell –un kibbutznik nacido en Manchester– enviaba a
través de la frontera a Rafah hasta el año pasado, es breve pero concisa.
“Dice que la única forma de salir adelante es sentarnos a dialogar”, afirma.
El sábado, Israel confirmó que la tregua comenzaría en
la mañana del domingo, en un intento
de ponerle fin a la lucha que ya ha matado a más de 400 palestinos y siete
israelíes. “Lo que ellos llaman una ‘calma’ es frágil, y probablemente no dure
mucho”, dijo el primer ministro israelí, Ehud Olmert. Israel “seguirá
implementando esta calma”, pero su ejército está preparando su respuesta en
caso de que continúen los ataques palestinos con cohetes, añadió. En la
víspera de la tregua, 30 cohetes y 19 bombas mortero disparadas desde Gaza
impactaron en Israel, pero no causaron bajas. Los ataques aéreos israelíes
contra la tripulación de cohetes en Gaza hirieron a varios hombres armados.
En la esquina entre las fronteras de Gaza, Egipto e Israel, estábamos
parados cerca del muro de concreto que protege al kibbutz Kerem Shalom del
fuego de francotiradores de Gaza. Estábamos a unos 200 metros del lugar en que
fue capturado el soldado del ejército israelí, Gilad Shalit. Fue aquí también
que una descarga de 15 morteros cayó en la víspera de Pascua, en abril,
mientras palestinos en tres vehículos militares lanzaban un ataque suicida
sobre la terminal adyacente a la frontera.
De manera que la noticia de que la tregua comenzará a las 6 AM hoy es un
asunto más de interés académico para las 17 familias en este ki-bbutz en el
extremo sur de la frontera entre Gaza e Israel. Significa que Israel, por el
momento, ha postergado la alternativa de un ataque por tierra a gran escala en
la Franja de Gaza, un paso favorecido por el gabinete de la línea dura.
Eso será un alivio para Breakell, de 53 años, padre de tres hijos, a quien
no le gusta la idea de una invasión a gran escala, considerando los resultados
negativos o inciertos de la guerra contra Irak, Afganistán y el Líbano. Dice
que está contento con una tregua, siempre y cuando conduzca a la liberación
del soldado Shalit. ¿Y a cuántos prisioneros estaría él preparado a
intercambiar por el soldado Shalit? “Ciento, miles”, insiste. ¿Incluyendo
aquellos con sangre israelí en sus manos? “Habría que preguntarles a las
familias de los que fueron asesinados”, dice. “Eso no es para mí.” Breakell
puede no ser un caso típico de tener roce continuo con un contacto empresario
de Gaza. Pero sus opiniones representan por lo menos una punta de un espectro
relativamente amplio de opiniones en los asentamientos de la frontera israelí
que han sufrido el peso de los ataques de cohetes y morteros desde Gaza.
En el kibbutz Nahal Oz, el principal alivio es que los cohetes Qa-ssam de
más largo alcance ahora pasan sobre el kibbutz en lugar de impactar en sus
campos de papas. Yankela Cohen, de 73 años, un miembro fundador del kibbutz en
1953, también quiere paz a la larga. Pero cree que una tregua de corto término
será “el silencio antes de la tormenta”. “Debemos atacarlos para cobrarnos
cada Qassam.” Hasta entonces, dice, están “viviendo una ruleta rusa”.
En Sderot, una ciudad desierta que ha soportado persistentes ataques de los
Qassam, hay opiniones distintas. Chen Abrahams, una trabajadora social que
vive en el kKi-bbutz Kfar Aza, dice que su hijo de ocho años duerme con ella
por temor. Ella le dice a su hijo que los niños están sufriendo también en el
otro lado de la frontera “para que él no crezca odiándolos”. Dice: “Soy una
persona pacífica. Prefiero hablar antes que pelear. Pero algunas personas,
incluyendo a mi marido, creen que estoy loca”.