Hay al menos cinco candidatos que intentarán acceder al
puesto que hoy detenta Mahmud Ahmadinejad.
Por Gustavo Sierra - Clarín
La atención de la política internacional está centrada en la elección
estadounidense.
Pero hay otra elección tan importante como esa que se va a
desarrollar apenas seis meses más tarde, la de Irán.
Quien surja de las urnas
en un país tendrá al otro como su más acérrimo enemigo.
Y los pronósticos
indican que quien esté en la Casa Blanca lo más probable es que vaya a
enfrentar al mismo líder iraní que tiene Bush, Mahmud Ahmadinejad.
Irán se parece más a una monarquía que a una república. Un sólo hombre, el
Líder Supremo de la Revolución --el puesto que ocupó el ayatollah Jomeini y
ahora ocupa el ayatollah Ali Jamenei-- es quien tiene el poder para aprobar
las candidaturas y confirmar al presidente que elijan los iraníes.
Y todo
indica que Jamenei estaría inclinado a mantener a Ahmadinejad.
El presidente tiene una imagen de hombre fuerte que se puede plantar frente a
los poderosos del mundo, cuenta con el apoyo de los más pobres y no es acusado
de corrupción.
Sin embargo, hay al menos otros cinco candidatos que intentarán acceder al
puesto.
Ali Larijani, el presidente del Majlis (Parlamento) ya expresó su
deseo de presentarse.
Proviene de una familia de clérigos muy prestigiosos y
tiene la simpatía de Jamenei, pero su imagen de intelectual arrogante no lo
hacen muy popular.
Gholam Ali Haddad Adel, consuegro de Jamenei y amigo desde hace décadas, tiene
aspiraciones pero es considerado por la mayoría de los iraníes como un simple
títere del Líder Supremo.
El ex presidente reformista Mohammad Jatami es un candidato eterno.
Gobernó
diez años y se olvidó de los más pobres aunque dio libertades. Su imagen es la
de un clérigo agradable pero ineficiente.
Otro reformista y crítico de Jatami, Mehdi Karrubi, podría liderar a esa
corriente dentro de la revolución.
El Líder Supremo no confía demasiado en él y
muchos creen que se ha enriquecido a costa de una Fundación que dirige.
La sorpresa la podría dar el actual alcalde de Teherán, Mohammad Jafar
Ghalibaf, un ex comandante de la Guardia Revolucionaria y héroe de guerra.
Ocupa el puesto que tenía Ahmadinejad y es popular entre los pobres. Si se
convirtiera en el nuevo líder sería aún más duro para enfrentar a Washington.