Depende del pensamiento que se consulte, pero los recientes ensayos de Irán
con misiles y torpedos pueden deslizar aun más la crisis con Occidente a una
guerra, o bien ser el prólogo de una negociación seria de aquel país con el
conjunto de las seis naciones (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia,
Alemania y China) que buscan detener el programa nuclear que lleva adelante
Teherán. Cómo puede una misma acción -que en el contexto general puede ser
considerada agresiva- llevar a suposiciones tan lejanas entre sí como el polo
norte lo está del sur No es tan difícil de entender.
Los que ven una señal promisoria en este desarrollo, como Mehrzad Boroujerdi,
experto en Medio Oriente de la Universidad de Siracusa, creen que las pruebas
misilísticas han ofrecido el botón de muestra de fuerza que con frecuencia
precede a una negociación diplomática clave. "Ellos están listos para la
diplomacia y deseosos de hablar, pero también están diciendo no pueden tratarnos
como un estado débil y de tercera clase", agregó el académico.
Otros expertos señalan que, si bien los altos precios del petróleo le han
ayudado a Irán a sobrellevar las sanciones occidentales, éstas comienzan a pesar
fuerte sobre su economía. La más reciente decisión de la Unión Europea de
limitar las operaciones de un banco iraní -efectivamente controlando sus fondos-
fue mal digerida en Teherán a pesar de que siempre prefirió dialogar con la UE y
no con el gran Satán , Estados Unidos en la jerga del régimen iraní. Otros que
adhieren a esta visión agregan que la dualidad de la teocracia iraní -cuyos
funcionarios calificaron de modo positivo la más reciente oferta del grupo de
los seis- quedó evidenciada tanto en esos comentarios como en el ensayo. Hay,
aseguran, por lo menos dos bandos en Teherán que difieren sobre cómo manejar
esta crisis uno está representado por el Ayatola Ali Jamenei, supremo líder
espiritual, y parece querer una desactivación del conflicto y el restante, por
el presidente Mahmoud Ajmadinejad partidario de estirar la cuerda hasta el
límite en la seguridad íntima que Estados Unidos no atacará y, eventualmente,
limitará cualquier acción individual de Israel. De hecho una de las
explicaciones más citadas fue que el ensayo con misiles resultó una respuesta a
anteriores maniobras israelíes ejercitando un supuesto ataque a Irán.
Javier Solana, el responsable de la política exterior de la Unión Europea,
viajará la semana entrante a Irán para obtener una respuesta clara a la oferta
más reciente de la UE en la cual los occidentales realizan algunas concesiones
en el modo de emprender el diálogo. Quienes trazan este horizonte optimista
toman en consideración las actuales circunstancias de George W. Bush, que está
en los meses finales de su mandato y además goza de una impopularidad
manifiesta. Los amagos de crisis económica -no sólo la recesión que ya está
presente- hablan de una hiperpotencia debilitada apenas este viernes se
mencionaba la posibilidad de que el Estado deba rescatar del derrumbe a las dos
más grandes garantes de préstamos hipotecarios (Fannie Mae y Freddie Mac) a un
costo estimado en cinco billones de dólares (sí, USD 5.000.000.000.000) algo que
tendría un efecto devastador sobre la economía estadounidense. El costo del
petróleo, que ayer pasó los 147 dólares el barril, antes de retroceder algo, es
otro indicador de este cuadro. Una respuesta militar iraní a cualquier ataque
sería cerrar el Estrecho de Ormuz, parte vital de la ruta petrolera.
Pero quizá los que avanzan en esta línea están dejando de lado indicadores
claves que sugieren que la crisis Irán-Occidente no ha dejado de escalar y no
parece pronta a hacerlo. Quizá haya que regresar al pensamiento de Henry
Kissinger cuando escribió que cuando la situación interna de un país se
complica, su política exterior suele volverse aventurera .
Por ejemplo, el esquema anterior no tiene en cuenta que, desde mayo pasado, se
sabe que hay una orden ejecutiva ( Finding ) de Bush al Estado Mayor Conjunto
para accionar de modo clandestino contra Irán, y que su vicepresidente Dick
Cheney -que hace tiempo sostiene la necesidad de imponer un castigo militar a
Irán- es el encargado de presionar sobre los uniformados para acelerar el plan.
Dos periodistas, Alexander Cockburn primero y Seymour Hersh después han
informado en detalle sobre esa orden ejecutiva sin ser desmentidos. Bush parece
haber aprovechado que, como comandante en jefe, no tiene que dar mayores
explicaciones al Congreso cuando emplea tropas regulares para realizar misiones
encubiertas, libertad que no tiene con la CIA. Su técnica entonces ha sido la de
colocar a los hombres de la CIA bajo el manto de las operaciones militares.
Estas se realizan desde una base en el oeste de Afganistán y, según los
informes, incluyen desde acciones para desestabilizar al régimen iraní hasta el
asesinato de blancos selectivos .
La idea de que alguna de estas operaciones pueda servir para crear un casus
belli no puede escapar a la imaginación más aletargada. Por lo demás cabe
señalar que el candidato republicano a la Presidencia, John McCain, respalda
toda la política de Bush en Medio Oriente y el demócrata Barak Obama se está
convirtiendo en un cubo Rubik ideológico, difícil de ordenar y descifrar. En los
últimos días, Obama votó en el Senado a favor de la iniciativa de Bush para
poder intervenir comunicaciones privadas sin autorización judicial y en cuanto a
Irán ha dicho que desea negociar pero sin levantar la opción militar de la mesa.