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Primer ministro Ehud Olmert lee un informe entregado por el
gobernador del Banco de Israel Stanley Fischer.
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Cuando era el número dos del Fondo Monetario Internacional, Stanley Fischer
ayudó a la economía global a navegar la crisis que en 1997 y 1998 dejó
devastadas a Asia, América Latina y Rusia. Fischer era la principal fuerza
intelectual del FMI mientras que su jefe, Michel Camdessus, se encargaba de la
política.
Por Bob Davis -
The Wall Street Journal
Ahora, Fischer es gobernador del Banco de Israel y está a cargo
de una economía que dejó atrás el socialismo para poner en práctica la receta
dispensada por el FMI para controlar el presupuesto, abrirse al comercio global
y privatizar empresas. Los resultados han sido halagadores. El país ha crecido
un promedio de 5% en los últimos cinco años, con una inflación que no suele
exceder el 2%.
Israel es un lugar donde todos piensan que son expertos en casi
todo. "Me dan [consejos] cuando corro en la playa", dice el economista de 64
años. "La gente me para. Nunca los ignoro. Escucho".
Fischer confronta dilemas que aquejan a bancos centrales.
Cuando la inflación crece y la actividad económica declina, ¿qué mal hay que
atacar primero? ¿Cómo puede un país que se está beneficiando de la globalización
enfrentar la disparidad en los ingresos que suele acompañar a los avances?
Además, ¿cuánta atención le debe prestar un país a los consejos del FMI cuando a
la propia institución le está costando redefinirse?
Fischer dice que Israel y otros países están siendo golpeados
por tormentas originadas en otras partes: el enfriamiento económico y la crisis
de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos, el alza en los precios de las
materias primas en todo el mundo y la caída del dólar, que encarece las
exportaciones israelitas de alta tecnología. "El problema es el nivel de
incertidumbre. Es muy difícil creer que el precio del petróleo pueda seguir
subiendo al ritmo actual, pero ha sido así durante un buen tiempo", señala.
Asimismo, "podríamos estar delante de una economía que se desacelera
marcadamente. De modo que vamos a proceder lentamente mientras observamos la
evolución de los acontecimientos".
La era actual le trae algunos recuerdos de los años 70, cuando
la inflación se disparó y el crecimiento colapsó. Fischer, en todo caso, cree
que los bancos centrales han aprendido la principal lección de esa época: lo más
importante es mantener la inflación a raya, aunque eso signifique un menor
crecimiento. Pero pasar de las palabras a la acción es difícil. Si los precios
del crudo caen pronto, un alza de las tasas de interés es la medicina
equivocada. "No queremos hacer nada drástico como aniquilar la inflación",
advierte. "Una de las lecciones de los bancos centrales es que no hay que tratar
de que la inflación vuelva a la meta con un solo tiro, porque hay que tomar en
cuenta los efectos sobre la economía real".
Israel no puede recurrir a los trucos de la Fed, dice, al
concentrarse en la inflación subyacente, que excluye las variaciones en los
precios de la energía y alimentos. Aunque la Fed insiste en que la inflación
subyacente es una mirada más cercana a la realidad, un indicador con números más
bajos también disminuye la presión política para bajar las tasas. Israel, al
igual que muchos países latinoamericanos, tiene un historial de hiperinflación.
Fischer, por lo tanto, debe ser muy sensible a los temores inflacionarios.
Actualmente, la inflación bordea el 5% en Israel, muy por encima de la meta del
banco central de entre 1% y 3%.
En general, Fischer ha sido una figura tranquilizadora en un
país propenso a las estridencias. Su designación al mando del banco central fue
criticada inicialmente porque no tenía nacionalidad israelita cuando asumió el
puesto (ahora tiene nacionalidad estadounidense e israelita). Sin embargo, sus
lazos con el estado judío lo ayudaron. A los 18 años estuvo como voluntario en
un kibbutz y en los años 80 contribuyó a diseñar la política antiinflacionaria
del país. "Fischer es como el embajador de la globalización en Israel," dice Leo
Leiderman, ex economista del banco central del país.
Acerca de lo que piensa de las recomendaciones del FMI, Fischer
se ha sumado a una larga lista de ex empleados que rechazan las propuestas del
fondo, sobre todo la sugerencia de que el banco central de Israel forme un
comité de expertos para asesorar la política fiscal. El banco no necesita
ninguna ayuda, señala. "En el caso del FMI, escucho atentamente y leo [sus
reportes], pero uno no tiene que aceptar" lo que dice el FMI.