El acuerdo de tregua alcanzado el pasado 18 de junio entre el gobierno israelí y
Hamas constituye una doble victoria para el partido islámico palestino.
Por
Michael Warschawski - Alternative Information Center
Traducido para Rebelión por LB
En primer lugar, ha quebrado la decisión israelí de no negociar con Hamas: Ehud
Olmert no ha tenido más remedio que negociar, de manera indirecta, con una
organización con la que según sus propias proclamas no iba a hablar nunca. En
segundo lugar, Israel se ha visto obligado a detener su agresión criminal contra
Gaza y su población.
A diferencia de lo que la mayoría de los periódicos israelíes están publicando
esta mañana, el reciente ciclo de violencia no comenzó con los cohetes Qassam
lanzados sobre Sderot, sino con la decisión de Israel y USA de someter a asedio
a Gaza, imponer un embargo internacional sobre una población de más de 1,5
millones de civiles y lanzar cientos de toneladas de bombas y proyectiles sobre
este diminuto territorio repleto de gente, todo ello con el propósito de forzar
a la población gazatí a deshacerse del gobierno que eligió democráticamente.
Como puede comprender cualquier persona no contaminada por el virus de la
arrogancia colonial, la violencia de los militares israelíes sólo fortalece la
popularidad del gobierno electo [de Hamas]. Se podría haber esperado de Olmert y
de sus generales que hubieran extraído algunas lecciones del fiasco libanés del
2.006, donde, como reacción a los masivos bombardeos israelíes y a la
destrucción en Beirut, Tiro y Bint Jbeil, la mayoría del pueblo libanés hizo
piña en torno a Hezbolá, incluyendo a muchas mujeres y hombres que
definitivamente no eran partidarios de esa organización. El orgullo y la
dignidad son factores con peso específico en el juego político, pero la historia
ha demostrado una y otra vez que los gobiernos coloniales son incapaces de
tomarlos en consideración.
El fracaso de la estrategia consistente en imponer cambios por medio de la
violencia militar no es sólo una derrota israelí, sino también un fracaso más de
la estrategia neoconservadora global usamericana de la "guerra preventiva
infinita contra el terrorismo". Desde Afganistán hasta el Líbano, desde Irak
hasta Palestina, la estrategia de los USA ha fracasado, como ha confirmado el
informe Baker-Hamilton. Y la mayor parte de la clase dirigente usamericana reza
para que, antes de desaparecer definitivamente de la escena política en unos
pocos meses, al Presidente Bush no le dé por ensayar un último golpe en un
intento infructuoso de revertir lo que durante la década anterior ha fracasado
de manera patética, un fracaso que ha costado la vida a cientos de miles de
civiles inocentes, sobre todo en Oriente Medio.
En 2006 Israel se vio obligado a retirarse del Líbano, dejando tras de sí un
gobierno pro-estadounidense más débil que antes. Ahora, en 2008, Israel tiene
que firmar una tregua con Hamas, con lo que fortalece el poder y popularidad de
Hamas en Cisjordania y Gaza.
Benjamin Netanyahu tiene razón cuando alude al fracaso de la estrategia de
guerra de Bush-Olmert. Sin embargo, su alternativa para remediar el fracaso del
brutal asedio y bombardeo de Gaza consiste en emplear una brutalidad aún mayor,
intensificar el asedio y propiciar más presiones internacionales contra la
población palestina.
¿Lo que no funcionó con violencia podrá funcionar con más violencia? Es muy poco
probable. El orgullo y la dignidad son a veces más fuertes que el poderío
militar.
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