|
 |
|
En el
complicado sistema político iraní, el líder religioso supremo,
ayatolá Ali Jamenei, es el que toma las decisiones clave en materia de
política exterior.
|
La
posición asumida respecto de Irán por el virtual candidato
presidencial del gobernante Partido Republicano de Estados Unidos,
John McCain, contradice acciones del gobierno de George W. Bush.
Por Omid Memarian (*) - IPS
Tanto McCain como Bush criticaron al senador
Barack Obama, favorito en la carrera por la candidatura presidencial
del opositor Partido Demócrata para los comicios del 10 de
noviembre, por su disposición a mantener conversaciones directas con
adversarios de Estados Unidos, como Irán.
Consideraron que se trataba de "negociaciones con terroristas y
radicales", aunque el gobierno de Bush ha dialogado repetidamente
con "enemigos" como Corea del Norte, Irán y Libia.
Negociar con enemigos no es novedoso en la política exterior de
Washington, que ha resuelto así situaciones muy difíciles,
especialmente durante la Guerra Fría. Obama parece creer que esta
herramienta puede funcionar de nuevo.
En el caso de Irán, sin embargo, Estados Unidos se muestra
reticente. En los últimos dos años la secretaria de Estado
(canciller), Condoleezza Rice, ofreció a Teherán un diálogo directo,
pero con la condición previa de que suspendiera su programa de
enriquecimiento de uranio.
La oferta fue rechazada, porque esa condición dejaría mal parado al
gobierno de Irán frente a sus ciudadanos.
Los críticos del gobierno de Bush sopesan muchas razones por las que
Estados Unidos debería considerar una negociación directa con Irán.
Teherán ayudó en el pasado a Washington a alcanzar sus objetivos de
política exterior. Irán le abrió el camino para desplazar del poder
en Afganistán a la milicia islamista Talibán y ayudó al gobierno del
presidente Hamid Karzai a reconstruir la nación en 2002. Tampoco se
opuso a la invasión de Iraq en 2003.
El año pasado, los iraníes participaron en tres rondas de
conversaciones con el embajador de Estados Unidos en Bagdad. Ahora
preparan una nueva reunión para los próximos meses, en la que se
discutirán la seguridad de Iraq.
El mayor obstáculo para negociar directamente con Irán parece ser su
presidente, Mahmoud Ahmadinejad, cuyos comentarios sobre la
destrucción de Israel y la negación del Holocausto dañaron
severamente su reputación internacional.
Pero no es con él con quien debería conversar Estados Unidos. En el
complicado sistema político iraní, es el líder religioso supremo,
ayatolá Ali Jamenei, el que toma las decisiones clave en materia de
política exterior.
En el pasado, Jamenei permitió que diplomáticos de su país
dialogaran con Washington sobre la situación política en Afganistán
e Iraq. El poder de Ahmadinejad ha sido exagerado en Occidente y
especialmente en Estados Unidos.
En los últimos meses, importantes figuras iraníes han criticado la
política económica del presidente, que llevó la inflación a 25 por
ciento, una tasa sin precedentes. En los comicios parlamentarios,
los aliados de línea dura de Ahmadinejad no pudieron obtener la
mayoría frente a los conservadores moderados.
Ali Larijani, ex secretario de seguridad nacional y líder del equipo
que emprendió negociaciones sobre cuestiones nucleares con la Unión
Europea, fue elegido la semana pasada presidente del parlamento
iraní. Se trata de un político moderado que tiene estrechos lazos
con Jamenei.
Larijani renunció a sus cargos anteriores en protesta por la actitud
desafiante de Ahmadinejad ante la comunidad internacional respecto
del programa nuclear.
Ahora aparece como una amenaza al jefe de Estado de cara a las
elecciones presidenciales del año próximo. Su figura socava la
imagen populista de Ahmadinejad y facilita a sus rivales argumentos
para responsabilizarlo por los problemas económicos del país.
La pregunta ahora es por qué Irán debería dialogar con Estados
Unidos, cuando disfruta de mayor influencia regional y se beneficia
con los altos precios del petróleo. Para responderla hay que
entender la psicología política iraní.
Antes de la Revolución Islámica de 1979, Teherán se mantuvo cerca de
Estados Unidos e Israel y se distanció de los países árabes que
habían sido sus rivales históricos. Luego de esa fecha modificó su
estrategia, alejándose de Washington y tratando de mejorar sus
vínculos con el mundo árabe, incluido Arabia Saudita.
Ahora, temerosos del creciente poder de Teherán, los países árabes
se han alineado con Estados Unidos y compran miles de millones de
dólares en armas, lo cual constituye una amenaza para la seguridad
iraní..
Muchos analistas árabes creen que, a pesar de la violenta retórica
hacia Israel, la estrategia nuclear de Irán apunta principalmente a
otros países árabes.
Ese grado de desconfianza quedó en evidencia con los comentarios del
ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, Saud Al-Faisal,
quien ubicó a Irán detrás del más reciente estallido de violencia
política en Líbano.
"Esto afectará sus relaciones con todos los países árabes, incluidos
los islámicos", advirtió.
Aunque el histórico enfrentamiento de Irán con las naciones árabes
es demasiado profundo como para que pueda superarse rápidamente, los
líderes en Teherán saben que para detener una potencial agresión
árabe son necesarias negociaciones con Washington.
Además, la fragilidad de la economía, que sufre de una inflación que
figura entre las más altas del mundo, es consecuencia de las
sanciones aplicadas a Teherán y su marginación de los mercados
globales. Esto anuló las ventajas derivadas de los altos precios del
petróleo.
Para un país donde 69 por ciento de la población tiene menos de 30
años y donde 20 por ciento de la fuerza de trabajo urbana están
desempleada, negociar con Washington no es una cuestión de ideología
sino de supervivencia.
Mientras Estados Unidos parece volcarse hacia el diálogo con Irán,
nadie quiere asegurar la reelección de Ahmadinejad. Lo logre o no,
Washington debería negociar con Jamenei.
El rápido encarecimiento del petróleo, la ineficiencia de las
sanciones económicas impulsadas por Washington y la improbabilidad
de un ataque militar de estadounidense contra Irán indican que las
políticas de Bush han fracasado.
En este contexto, la idea de negociaciones genuinas con Irán --es
decir, sin precondiciones-- se vuelve cada vez más aceptable en
Estados Unidos.
******
(*)Omid Memarian es profesor asociado de la Escuela de Posgrado de
Periodismo de la Universidad de Berkeley. Recibió varias
distinciones, incluyendo el Premio al Defensor de los Derechos
Humanos de Human Rights Watch en 2005 y es un frecuente colaborador
de IPS.