Ruti Edri le dice
"el museo" al piso superior de su vivienda. Es un espacio tranquilo
y deshabitado, congelado en el tiempo. Las habitaciones están
vacías. Las camas, sin sábanas. Nadie usa el baño, ni hay ropa en
los armarios.
Por
Peter Hirschberg - IPS
"Vivimos en el piso de abajo. Mis hijos no están preparados para subir aquí.
Tienen demasiado miedo", relata Edri, de 38 años.
El salón de abajo, donde varios colchones están apilados contra un sofá,
es el improvisado dormitorio de los tres hijos de Edri.
"Ellos no pueden salir a jugar a causa de los cohetes. Tampoco van arriba.
Así que están varados en esta habitación. Han estado así durante tres años. Mi
hija de siete no sabe lo que es jugar en un parque", continúa.
Lo que transformó la mitad del hogar de Edri en una zona de exclusión son
los cohetes que, casi a diario, combatientes palestinos disparan desde Gaza
hacia Israel. Muchos tienen como blanco la meridional localidad de Sderot, donde
esta mujer vivió toda su vida.
Palestinos de Gaza lanzaron unos 4.000 cohetes contra comunidades del sur
de Israel desde que el ex primer ministro Ariel Sharon retiró unilateralmente al
ejército y a los colonos judíos de esa franja costera, en agosto de 2005.
Esos cohetes mataron a 15 personas. Esa cifra, relativamente baja, se
relaciona con la naturaleza improvisada de esas armas. Pero en los últimos meses
los milicianos palestinos comenzaron a utilizar artillería más avanzada, marca
Grad, que tiene más alcance y carga explosiva.
Pero el daño causado por los cohetes no es sólo físico. El sonido de las
sirenas que advierten a los residentes sobre la inminente llegada de un
proyectil se ha vuelto parte de la vida cotidiana.
Las paradas de autobús se han transformado en estructuras de concreto
reforzado. Allí se refugian los peatones si son sorprendidos por la alarma en la
calle.
En Sderot, los padres hablan sobre cómo sus hijos, traumatizados por los
misiles se orinan en la cama por las noches. O sobre cómo cualquier leve portazo
los sobresalta. Algunos dicen que sus familiares tienen demasiado miedo como
para visitarlos a la ciudad. Cientos de personas son tratadas allí por estrés
post-traumático.
Una propuesta de cese del fuego mediada por Egipto y que ahora está sobre
la mesa entre Israel y el palestino Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas)
incluye el fin de los proyectiles.
Pero buena parte de la población de Sderot está desilusionada con el
gobierno israelí, que, según cree, no los protegió. Por eso, pocos tienen
esperanzas en que la tregua perdure.
Muchos hablan de mudarse y reconstruir sus vidas en un área donde los
cohetes no puedan alcanzarlos, ni a ellos ni a sus hijos.
Quedan en la ciudad 7.000 de los otrora 25.000 habitantes. Muchos de los
que se quedan no tienen los medios necesarios para el traslado. "¿Quién
compraría mi casa? No valdría ni la mitad de lo que pagué por ella", explica
Edri.
Los cohetes prácticamente destruyeron los comercios locales. "Hamas logró
alterar nuestras vidas. ¿Quién en Sderot puede pensar en viajar al exterior y
dejar a sus hijos en su casa?", plantea Haim Ohana, sentado tras su escritorio
en la agencia de viajes que dirige.
El negocio de Tzipi Edri está vacío. "En promedio, hacemos 50 shekels (15
dólares) por día", relata esta mujer de 50 años que no guarda ningún parentesco
con Ruti y que ayuda a su nuera a administrar Excite, un comercio de ropa
femenina en el pequeño centro comercial de la ciudad.
Hace dos meses, un cohete cayó a pocos metros de la puerta del comercio,
causando grandes daños. Todavía hay hoyos grises en las paredes blancas del
local, donde la metralla arrancó pedazos de revoque.
El cartel de la entrada está lleno de agujeros causados por el estallido.
"Si yo hubiera estado adentro cuando impactó el proyectil, no estaría aquí
parada ahora. Estaría en terapia intensiva o en el cementerio", dice Edri.
Como muchos residentes de Sderot, Edri está furiosa con el gobierno por no
adoptar medidas más duras en represalia por los ataques.
Cientos de palestinos murieron en incursiones militares israelíes en Gaza
con ese objetivo, pero hasta ahora el gobierno evitó lanzar una ofensiva
prolongada y a gran escala en ese territorio.
"Por cada (cohete) Qassam disparado, nosotros deberíamos hacer detonar la
casa de quienes encubrieron a los terroristas. No me importa quién esté adentro.
Entonces aprenderán a no encubrirlos", dijo Edri.
"Se espera que nosotros nos contengamos cuando ellos nos disparan cohetes.
El mundo sólo ve el lado palestino. ¿Qué hay con nuestros hijos, que no duermen
de noche, que humedecen sus camas, que necesitan tratamiento psicológico?",
pregunta Edri.
"Creo en Hamas más que en mi propio gobierno. Nuestro gobierno habla duro,
pero cuando llega el momento de actuar no hace nada. Hamas dice que va a lanzar
cohetes y lo hace. Es fiel a su palabra. Nuestro gobierno no", agrega.
Sasson Sara, dueño de un pequeño kiosco en la calle principal de la
ciudad, quiere que el gobierno dé al ejército la orden de asesinar al liderazgo
de Hamas, del mismo modo que lo hizo hace varios años con el líder espiritual
del movimiento islámico, el jeque Ahmed Yassin, y a otros dirigentes.
"Ismail Haniyeh dice que los judíos estamos aquí temporal", señala Sara,
refiriéndose al líder de Hamas en Gaza.
"Si tiene razón, deberíamos hacer un trato con (el presidente de Estados
Unidos) George Bush, empacar e irnos a vivir al desierto de Nevada. Pero si
pensamos que éste es nuestro hogar, entonces el primer ministro (Ehud Olmert)
tiene que dar una orden muy clara: 'Quiero la cabeza de Haniye'. Si lo hace,
puedo asegurarle que ocurrirá. Pero nuestros líderes son débiles", opina.
No todos en Sderot creen en una solución militar a los ataques. A unas
cuadras de la casa de Ruti Edri, una multitud todavía da vueltas alrededor de
una casa que una hora antes fue alcanzada por un proyectil. Nadie estaba adentro
entonces, pero quedó un hoyo en el techo, causando grandes daños en el interior.
Haim, profesor en la escuela secundaria de la ciudad, inspecciona los
daños. En última instancia, israelíes y palestinos tendrán que sentarse a
negociar el fin al conflicto, afirma.
"Aquí hay dos naciones y cada una tiene derecho a un estado. Pero los
extremistas de ambos lados no quieren este sueño de dos estados para dos
pueblos. Nuestros extremistas creen que el Gran Israel pertenece al pueblo
judío. Pero le están haciendo el juego a Hamas, que también quiere un estado
aquí, aunque administrado por ellos", añade.
Haim no está a favor de una incursión a gran escala en Gaza, porque cree
que muchos soldados israelíes perderán sus vidas. Sin embargo, en el ejército se
piensa que ésta es la única manera de frenar a Hamas, dice.
"Al final habrá una operación masiva en Gaza. Yo no la quiero. Será muy
costosa. Pero ocurrirá", expresa