l rey Abdallah II de
Jordania recibió muchos más aplausos el domingo pasado que el Presidente de
Estados Unidos, George W. Bush, tras sus respectivos discursos ante cientos
de empresarios y políticos de Medio Oriente reunidos en el complejo
turístico egipcio del mar Rojo de Sharm el-Sheik.El gobernante más
poderoso del mundo defendió la necesidad de “la seguridad de la tierra del
hogar israelí”, mientras el monarca jordano pidió una paz justa para
Palestina. A su vez, el Presidente egipcio, Hosni Mubarak, hizo críticas
veladas también a la política de EEUU en Medio Oriente.
De ahí, quizá, la importancia del debate principal de la cita anual del
mismo foro que Davos, celebrado cada año en Egipto o en Jordania: si Medio
Oriente -más concretamente, las monarquías petroleras del Golfo- ya dispone
de reservas de petrodólares superiores a 1,5 billones de euros y ha
ingresado casi un billón de euros por la venta del petróleo en los cinco
últimos años, ¿por qué no dirige más inversiones hacia sus propias
economías, en lugar de los mercados de capitales estadounidenses o
participaciones multimillonarias en bancos de Wall Street?
Este tema fue de gran trascendencia en la cumbre con 60 jefes de Estado y
Gobierno celebrada en el escenario de un triple atentado islamista hace dos
años, ya que muchos creen que el auge del islamismo violento obedece en
parte a la extrema pobreza y desigualdad en Medio Oriente.
Pese a los abundantes ingresos petroleros en la región, el 24% de la
población de Medio Oriente ingresa menos de dos dólares al día. Egipto sufre
una pobreza endémica concentrada en las barriadas de la capital, El Cairo,
castigadas por subidas del precio de arroz y trigo superiores al 100% en un
año.
Pese a la constante publicidad sobre las nuevas capitales de finanzas en
el Golfo, la mano de obra inmigrante -procedente del subcontinente indio, en
su mayor parte- en ciudades como Dubai se hunde en la miseria entre la pinza
de precios crecientes de alimentos y una divisa (vinculada al dólar) que se
desprecia reduciendo fuertemente el valor de las remesas que mandan a sus
países de origen.
“Hemos destruido la clase media”, afirmó Khalid Abdulah, presidente del
Banco Timar de Bahrein, especializado en la financiación islámica. “Muchos
países petroleros muy ricos tienen infraestructura insuficiente de cloacas”,
dijo como ejemplo.
“No hay suficientes inversiones y lo que hay no se invierte en los países
pobres de recursos”, dijo, a su turno, Mustafah Nabli, asesor de desarrollo
del Banco Mundial.
Pese a pasar por años de bonanza tras la subida del petróleo hasta
precios desorbitados de 130 dólares el barril, los países del Golfo sólo
registran tasas de inversión privada de entre el 12% y el 16% del Producto
Interno Bruto (PIB), frente al 20% o el 25% en los países asiáticos de alto
crecimiento.
Pero otros participantes defendieron las estrategias de inversiones del
Golfo. Así, Mohamed Alabar, del gigante inmobiliario de Emiratos Árabes
Unidos, declaró que se había producido “un cambio increíble” respecto al
pasado.
“Si dudas del criterio de inversores del Golfo te invito a tomar una taza
de té con la Autoridad de Inversiones de Abu Dabi”, con referencia al fondo
soberano más grande de la región, que se ha hecho con una participación en
Citigroup. Rashid Rashid, ministro de Industria de Egipto, destacó el
crecimiento anual del 8,7% de la economía egipcia en el 2007, que achacó a
la liberalización.
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