A pesar de la tregua
precaria establecida luego de que Hezbola entregara el control de Beirut al
ejército libanés,
nuevos y violentos combates estallaron el lunes entre grupos de la coalición
gubernamental antisiria y la oposición liderada por la organización guerrillera
chií, en Trípoli, la gran ciudad del norte del país, según informa la agencia
AFP.
"Se produjeron violentos combates en los barrios de Bab al Tebbaneh y Jabal
Mohsen, obligando a retirarse al ejército libanés, que fue desplegado la
víspera en la zona", señaló la fuente de los servicios de seguridad.
Por el momento no hay
informaciones sobre posibles víctimas.
Los nuevos enfrentamientos se
producen en medio de una escalada de violencia en Líbano que desde el pasado
miércoles dejó un balance de más de 50 muertos y unos 200 heridos, según
fuentes oficiales citadas por varias agencias internacionales.
Los combates entre seguidores de
Hezbolá y grupos armados que apoyan al gobierno antisirio y pro-EEUU que
estallaron en Beirut la semana pasada, ya se extendieron a Trípoli, la segunda ciudad de
Líbano, y a las montañas Choueifat en las cercanías de la capital, bastión del
líder druso Walid Jumblatt.
El oficialismo antisirio
derrotado en las calles por Hezbolá está compuesto por el Partido Socialista
Progresista de la comunidad drusa (PSP), las Fuerzas Cristianas Libanesas
(denominadas "falangistas"), el partido Kataeb, también cristiano, y el
Movimiento Futuro, liderado por Saad Hariri, hijo del asesinado ex jefe de
gobierno.
Al menos 36 personas murieron en los enfrentamientos que mantuviero el domingo
en las montañas situadas al este de Beirut las milicias del movimiento chií
Hezbolá con los partidarios del líder druso partidario del Gobierno Walid
Jumblatt, según informaron fuentes de seguridad citadas por Reuterss.
Entre estos muertos figuran 14 miembros de Hezbolá, según estas fuentes.
Los combates comenzaron después de
que Hezbolá y sus aliados armados conquistaran posiciones de las milicias de
Jumblatt en el distrito de Aley antes de que este dirigente druso accediera a
entregar estas posiciones al Ejército libanés.
Mientras, en Beirut prevalece una calma precaria y las facciones
políticas se están preparando para reunirse con los mediadores de la Liga
Arabe que intentarán buscar una salida a la peor crisis en Líbano desde el
final de la guerra civil (1975-90).
El éxito de Hezbolá ha supuesto un duro revés para la coalición gobernante
pro-occidental de Fuad Siniora, señalan analsitas citados por Reuters.
Pese a que los dirigentes de la
coalición han dado marcha atrás a las decisiones que generaron la feroz reacción
de Hezbolá --la prohibición de su red de comunicaciones y la destitución del
jefe de la seguridad del aeropuerto de Beirut--, el grupo chií ha dado pocos
indicios de que esté dispuesto a hacer grandes concesiones políticas.
Las autoridades libanesas esperan que la misión árabe encabezada por Qatar
--formada en la reunión de emergencia de los ministros de Exteriores árabes ayer
en El Cairo-- consiga establecer una tregua entre el gobierno pro-EEUU y
la oposición prosiria que pide su renuncia.
Esta misión de alto nivel tiene
previsto mantener conversaciones separadas con los distintos dirigentes y buscar
el fin inmediato de la violencia.
Entre los delegados estará el secretario general, Amr Moussa, quien dijo en
una conferencia de prensa realizada este domingo en El Cairo, Egipto, que
la liga quiere "salvar a Líbano".
Asimismo, la Liga Árabe tiene previsto abordar la crisis política que atraviesa
el país desde hace 18 meses por la salida de Hezbolá y sus aliados del Gobierno
y asegurar la elección del comandante del Ejército, general Michel Suleiman,
como presidente, según indicaron fuentes oficiales libanesas.
Segúin fuentes oficiales citadas por la prensa libanesa, la coalición de
gobierno y la oposición encabezada por Hezbolá llegaron a un acuerdo para que
Suleiman sea el nuevo presidente, después de que el puesto esté vacante desde
finales de noviembre tras expirar el mandato de Emile Lahoud, pero no han
cerrado un acuerdo sobre el nuevo gobierno y una nueva ley electoral para
las elecciones generales del próximo año