egún el gobierno de George W Bush, Siria estaba “a semanas o meses” de
completar su reactor nuclear. Bajo la risa siria ante lo que parecer ser una
acusación ridícula se ocultaba una cierta preocupación – el temor de que esas
acusaciones podrían agravarse hasta llegar a ser algo similar a lo que sucedió
cuando Iraq fue acusado de desarrollar armas de destrucción masiva (ADM) en
2002-2003.El gobierno de Bush se las arregló para quedarse como si nada mientras
contaba esos cuentos y luego bombardeó Iraq por información errónea de
inteligencia. Hoy, cinco años después, todo el mundo sabe que Sadam Husein no
estaba desarrollando ADM.
Los sirios no pueden tolerar más sanciones y están aburridos del coro de
acusaciones provenientes de Washington desde 2003. Primero fue que daban refugio
a Sadam y a todos sus esbirros después de la caída de Bagdad. Esas acusaciones
resultaron carecer de fundamentos cuando todos ellos – incluyendo a Sadam –
fueron perseguidos hasta que fueron hallados, arrestados y ejecutados, en Iraq.
Luego vinieron acusaciones de envío de yihadistas a Iraq. Aunque hubo
insurgentes que cruzaron la frontera siria hacia Iraq, quedó en claro – en 2005
– que Siria no podía mantener un control total de una frontera de 605 kilómetros
(ni tampoco lo pudieron hacer los estadounidenses) y estaba haciendo lo posible
por mantener control sobre islamistas que entraban o salían del país, deportando
a muchos de ellos a sus países de origen.
El coronel William Crowe, quien controla la frontera entre Siria e Iraq,
habló con periodistas en el Pentágono en enero de 2007, diciendo: “No hay un
gran influjo de combatientes extranjeros que pase por la frontera [con Siria].”
Un mes después, el líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, dijo que sobre
la base del Cálculo Nacional de Inteligencia, “Siria no está causando
antagonismo dentro de Iraq... los sirios no tienen nada que ver con eso.”
Los estadounidenses pasaron entonces a decir que Siria estaba lavando dinero
del antiguo régimen iraquí. Enviaron expertos a Damasco, pero luego dieron a los
sirios su visto bueno, testificando que nada semejante había ocurrido en el
Banco Central de Siria.
Y ahora viene la historia de una alianza con Corea del Norte, basada en el
desarrollo de tecnología nuclear. La Agencia Central de Inteligencia de EE.UU.
(CIA) publicó un vídeo de diez minutos y fotos (obtenidos de Israel) basados en
secuencias filmadas de un edificio, supuestamente en Siria (del que se creía que
sería un operador nuclear en preparación) y que se parecía al reactor norcoreano
en Yongbyon.
El informe decía: “Información que hemos obtenido desde 2001 ha indicado una
cooperación entre entidades nucleares norcoreanas y responsables sirios de alto
nivel.” También mostraron fotos de científicos norcoreanos con personas que
afirmaron eran sirios, agregando, “Es claro para nosotros que esta cooperación
entre personalidades norcoreanas relacionadas con la actividad nuclear y
entidades y responsables sirios de alto nivel ya comenzó probablemente en 1997.”
El informe de inteligencia agrega: “Funcionarios nucleares norcoreanos fueron
localizados en la región del reactor [sirio] tanto a comienzos como a fines de
2007. Nuestra información muestra que asesores norcoreanos probablemente también
ayudaron en el estudio de evaluación de daños después que el reactor fue
destruido [en septiembre de 2007]. Una delegación norcoreana de alto nivel viajó
a Siria poco después que el reactor fue destruido y se reunió con responsables
asociados con el programa clandestino nuclear de Siria.”
Presumiblemente y según los estadounidenses, Siria estaba desarrollando un
reactor capaz de producir plutonio para alimentar un reactor nuclear, pero fue
destruido en sus primeras etapas. Un alto responsable de EE.UU., cuyo nombre no
ha sido revelado, explicó: “Obviamente estábamos considerando con mucho cuidado
las opciones, y habíamos estudiado algunos enfoques que involucraban una mezcla
de diplomacia y la amenaza de fuerza militar con el objetivo de tratar de
asegurar que el reactor fuera o desmantelado o permanentemente inutilizado, y
por ello, nunca llegara a funcionar.”
Los israelíes, agregó, creían que el “reactor posaba una tal amenaza
existencial” que requería una reacción más severa e inmediata. “Como país
soberano, Israel tenía que realizar su propia evaluación de la amenaza y de la
urgencia de la amenaza, y qué acciones debía emprender. Y lo hizo.”
No se mencionó la soberanía de Siria, y la violación del derecho
internacional al realizar un ataque semejante entre dos países – técnicamente en
estado de guerra – sin aprobación de Naciones Unidas.
Los sirios no tienen un historial de andar tras de una cara y costosa
tecnología nuclear, ni son aliados de primera con Corea del Norte como para
dedicarse a un tal proyecto, que sería políticamente costoso tanto para
Pyongyang como para Damasco. Toda la historia viene en medio de tiempos críticos
para los presidentes Bashar al-Assad y Kim Jong-il. El presidente sirio está en
contacto con el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, discutiendo una
oferta de Israel de reiniciar conversaciones sobre las Alturas del Golán. Los
estadounidenses no están contentos con esas conversaciones y han afirmado
repetidamente que no les apura la busca de una paz sirio-israelí, subrayando que
no la alentarían.
El ministro sirio de exteriores, Walid Muallem, acababa de encontrar a su
homólogo francés, Bernard Kouchner, en Kuwait, y los dos hablaron sobre el
Líbano meses después de que las relaciones empeoraron – de nuevo – entre París y
Damasco por la falta de progreso en las elecciones presidenciales libanesas. La
reunión Muallem-Kouchner fue un indicador de que los franceses están dispuestos
a volver a involucrar a los sirios respecto al Líbano.
El ex presidente de EE.UU., Jimmy Carter, acababa de completar una visita de
24 horas a Damasco, que también restauró la esperanza de que si los demócratas
llegan al poder, se podría abrir un nuevo canal entre los sirios y Washington.
Las acusaciones de trabajo con Corea del Norte dificultarán que los que estén
dispuestos a hablar con los sirios – sea Barack Obama, los alemanes, o Jimmy
Carter – tomen alguna futura iniciativa hacia Damasco.
Por su parte, el líder norcoreano ha estado involucrado (desde septiembre de
2005) en una serie de conversaciones entre seis partes (Corea del Norte y del
Sur, EE.UU., China, Rusia y Japón) orientadas a abandonar el inventario nuclear
de su país. Esas conversaciones han sido duramente condenadas por los halcones
belicistas en Washington, sobre todo el ex embajador de EE.UU. ante la ONU, John
Bolton. Se suponía que Corea del Norte declararía el tamaño y la capacidad de su
arsenal (como lo exige EE.UU.), antes del 31 de diciembre de 2007, pero no
cumplió con la fecha inicial. Las acusaciones de que ambos países han estado
colaborando en tecnología nuclear – si son probadas o si son impuestas como en
el caso de las ADM en Iraq, probablemente significarán tiempos difíciles para
sirios y norcoreanos.
En septiembre de 2007, el mundo especuló que Israel había bombardeado un
arsenal de armas nucleares norcoreanas, ocultas en Siria. Primero algunos
dijeron que era un centro de entrenamiento para grupos palestinos basados en
Siria. Otros dijeron que era un almacén militar para Hezbolá. Algunos
especularon que los israelíes bombardearon misiles balísticos recientemente
obtenidos de Rusia. Otros dijeron que era una instalación para armas nucleares,
desarrollada entre Siria y Corea del Norte. Los norcoreanos objetaron
enérgicamente a las acusaciones, y condenaron duramente el ataque israelí contra
Siria. Los sirios afirmaron que esas acusaciones fueron fabricadas por
Washington por motivos políticos, apuntando sobre todo a Pyongyang en lugar de
Damasco.
Los medios de información internacionales estuvieron ocupados justificando el
ataque – la agresión contra un Estado soberano – en lugar de condenarlo. La
historia sobre Corea del Norte comenzó cuando Andrew Semmel, del Departamento de
Estado de EE.UU., afirmó que Siria “podría haber” obtenido equipamiento nuclear
y señaló que “hay gente norcoreana aquí [en Siria]. No cabe duda de eso.”
Originalmente, en 2004, se rumoreó que el científico paquistaní Abdul Qadir
Khan, quien suministró centrífugas de gas y
hexafluoruro de
uranio a Corea del Norte, operó desde Siria. Jamás de presentó
alguna evidencia de que la red de Khan trabajó en Siria, y se citó a varias
personas en la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) diciendo que no
tenían informaciones al respecto. Bolton, en aquel entonces subsecretario para
control de armas, pregonó las acusaciones contra Siria. Mohammad ElBaradei, jefe
de la IAEA, fue involucrado, y dijo en junio de 2004: “No poseemos ninguna
información que justifique que debamos preocuparnos por Siria.”
Periodistas en EE.UU. se lanzaron sobre la historia, afirmando que Kim Jong-il
estaba ocultando sus armas en Siria; olvidando que los norcoreanos no confiaban
en nadie, ciertamente no en los sirios, respecto a su tecnología nuclear.
Algunos periódicos en EE.UU. dijeron que días antes del ataque contra Siria,
material norcoreano etiquetado como “cemento” había sido descargado en Siria.
Este material era supuestamente equipamiento nuclear. Joseph Cirincione, autor
de “Bomb Scare: The history and future of Nuclear Weapons” [Miedo a la bomba: La
historia y el futuro de las armas nucleares], y miembro emérito y director de
política nuclear en el Centro por el Progreso Estadounidense señaló: “¡Esta
historia es estúpida!” El embajador de Siria en Washington, Imad Mustapha, la
calificó de “ridícula.”
Esta vez, aunque numerosos analistas se mostraron escépticos ante la
“evidencia” estadounidense (citando todos la información defectuosa utilizada
por Colin Powell, Secretario de Estado de EE.UU., para justificar la invasión de
Iraq en 2003), la IAEA dijo que “deplora el hecho” de que Washington haya
mantenido silencio sobre la presunta instalación nuclear en Siria.
¿Por qué habían guardado su silencio durante seis meses los estadounidenses?
La IAEA igualmente criticó a Israel por bombardear la instalación antes de que
inspectores pudieran investigar la autenticidad de los informes. Según los
términos del
Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), firmado por Siria, la
IAEA, basada en Viena, debiera ser informada de semejante detecciones y sólo
ella tiene la autoridad de inspeccionar presuntas instalaciones nucleares.
La IAEA agregó: “Bajo el NPT, la agencia tiene la responsabilidad de
verificar cualesquiera afirmaciones de proliferación en un Estado sin armas
nucleares que forma parte del NPT.” Hay que señalar que Israel no ha firmado el
NPT, mientras que Corea del Norte lo hizo, luego violó el acuerdo, y se retiró.
Siria se ha quejado repetidamente por el propio programa nuclear de Israel y se
negó a firmar “protocoles adicionales de inspección” de la IAEA (que son
voluntarios) hasta que Israel firme el NPT.
En defensa de Siria se presentó Scott Ritter, el famoso jefe de los
inspectores de la ONU en Iraq de 1991 a 1998, quien certificó la legitimidad de
la actuación iraquí respecto a las ADM en 2003 y se ha mostrado muy crítico
sobre la decisión de EE.UU. de invadir Bagdad sobre la base de inteligencia
defectuosa. Ritter escribió: “Incluso si la inteligencia de EE.UU. fuera
exacta... Siria no había cometido ningún crimen, e Israel no tenía una
justificación legal para realizar su ataque.”
Comprometida por el NPT, Siria debe suministrar información “lo antes posible
antes de que material nuclear sea introducido a una nueva instalación.” No
existe evidencia, sin embargo, de que Siria haya alcanzado – o incluso tratado
de alcanzar – esa etapa cuando los aviones israelíes penetraron su espacio
aéreo. Ritter agrega: “Por fastidiosa que sea, la posición siria se ajusta
totalmente a sus obligaciones contractuales, y por lo tanto es Siria, no Israel,
quien estaba en total conformidad con el derecho internacional cuando sucedió el
ataque israelí el 6 de septiembre de 2007.”
La IAEA investigará las últimas afirmaciones de EE.UU., y dice: “Trataremos
esta información con la seriedad que merece e investigaremos la veracidad de la
información.” Siria, aparentemente muy segura, no ha mostrado objeción alguna,
manteniendo sus compromisos con el NPT.
Hablando con el periódico qatarí al-Watan, Assad minimizó las acusaciones,
diciendo: “¿Es posible que haya una instalación nuclear [en Siria] que no esté
protegida por cañones antiaéreos? ¿Una instalación nuclear? ¿Vigilada por
satélite? ¿En medio de Siria? ¿En el desierto? ¿Y en espacio abierto? ¿Cómo
puede haber una instalación nuclear cuando satélites monitorean cada metro que
se construye? Andan a la busca de una coartada.”
Agregó que ni los israelíes ni EE.UU. sabían qué era realmente la instalación
bombardeada en septiembre de 2007. “¡Atacaron un sitio vacío!” Cuando le
preguntaron cómo reaccionaría Siria ante la verdadera invasión aérea y a las
acusaciones de EE.UU., dijo: “Una reacción no tiene que ser un misil por un
misil. O una bomba por una bomba. O una bala por una bala. En realidad tenemos
medios con los cuales responder; ellos comprenden lo que queremos decir.”
Aparte de la historia de Powell en la ONU, ha aparecido otra respecto a la
inteligencia de EE.UU. sobre las actividades nucleares de Corea del Norte. En
1998, los servicios de inteligencia de EE.UU. obtuvieron imágenes de un proyecto
en Kumchang-ri (al noroeste de Yongbyon), y afirmaron que se trataba de una
instalación nuclear, Kim Yong-il consintió, bajo presión, a aceptar la
inspección del lugar, a cambio de ayuda para la construcción de una nueva
fábrica de patatas en Corea del Norte. Los inspectores no encontraron nada,
llevando a Robert Carlin, un experto en Corea del Norte de la CIA, a señalar la
“debilidad endémica” en la inteligencia de EE.UU.
Los estadounidenses, por lo tanto, se equivocaron sobre Corea del Norte en
1988. Se equivocaron sobre Iraq en 2002-2003. Se equivocaron en el Líbano en
2006, durante la guerra israelí contra Hezbolá, y de nuevo en 2007, cuando
creyeron que Siria apoyaba a los fundamentalistas suníes en Naher al-Bared. No
hay evidencia que pruebe que esta vez hayan tenido razón respecto a Siria, en
2008.
Pero si quieren insistir en una historia semejante – como en el caso de las
ADM de Iraq – en lo que queda del período de George W Bush en la Casa Blanca, -
nada en el mundo puede impedir que lo hagan. Realmente no importaría que Siria
sea inocente; eso correspondería perfectamente a la manera como todo ha pasado
entre Siria y EE.UU. desde 2003.
El escritor Hector Hugh Munro, conocido por su pseudónimo Saki, dijo una vez:
“Un poco de inexactitud ahorra a veces muchas explicaciones.” Eso resume
probablemente el motivo por el cual aviones israelíes invadieron el espacio
aéreo sirio, con la aprobación de EE.UU. y dispararon contra ciertos objetivos
dentro de Siria.