En parte por los esfuerzos emprendidos por el presidente de Irán, Mahmud
Ahmadineyad, el programa nuclear iraní, "una de las prioridades nacionales del
país" (como afirma Teherán), se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza de
dimensiones globales.
Porque existe la opinión de que algunos rasgos del programa nuclear iraní
indican de que además de su aplicación civil, ese programa puede tener una
componente militar.
¿Para qué quiere Teherán desarrollar un programa nacional para enriquecer
uranio si cuenta con reservas insignificantes de este elemento en estado
mineral?
Sobre todo cuando Irán no habla de producir cantidades limitadas de uranio
enriquecido para investigaciones científicas, sino de su producción en
cantidades industriales.
A pesar de que cualquier reactor nuclear que adquiera Irán en el exterior
podrá funcionar adecuadamente únicamente con el combustible nuclear elaborado
por el país fabricante de ese reactor o con combustible fabricado por otros
países proveedores de tecnología nuclear.
Con el uranio pasa lo que ocurre con el petróleo, que como se sabe, tiene
diferentes calidades y ninguna empresa refinadora del mundo puede procesar todos
los tipos de crudo.
Entonces, ¿para qué querrá Irán enriquecer uranio?
Hay otros argumentos que sustentan la versión de que Irán aspira a
convertirse en un país poseedor de armamento nuclear.
Por ejemplo, el hecho de que Irán esté forzando la creación de un arsenal de
cohetes de medio y largo alcance.
Aquí surge la pregunta lógica, ¿para qué quiere Irán portadores con alcance
de entre 2.000 y 6.000 kilómetros si no tiene ojivas nucleares para esos
cohetes?
De acuerdo a la lógica militar más generalizada, un ataque a esas distancias
se justifica sólo si se utilizan ojivas nucleares, porque el empleo de cargas
convencionales es absurdo.
Por esa razón, la sesión de Moscú de expertos en materia de prevención
nuclear planteó el siguiente interrogante: ¿se podrá retrasar el avance de Irán
hacia la creación de su armamento nuclear y evitar su retiro del régimen de no
proliferación?
¿Qué perspectivas existen para solucionar el problema del programa nuclear
iraní en el contexto de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU?
En cuanto a las perspectivas hay poco optimismo, porque las resoluciones del
CSONU no han dado resultado.
Parece que ocurre lo contrario, a medida que el CSONU adopta nuevas
resoluciones sobre Irán, es mayor el número de centrifugadoras para enriquecer
uranio instaladas en la planta iraní de Natanz.
Además, Irán considera que los dos últimos informes del director del
Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) despejaron todos los
interrogantes con respecto al programa nuclear iraní, y la comunidad
internacional ya no debe tener más dudas al respecto.
Por esa razón, en la sesión del grupo de trabajo, los expertos buscaron
fórmulas para que las señales del CSONU hacia la élite política iraní sean más
claras y convincentes.
Por una parte, elevar la eficacia del régimen de sanciones y por otra parte,
tener a mano proyectos de cooperación atractivos en el caso de que las
autoridades iraníes acepten entablar las negociaciones con la ONU.
Los expertos revisaron prácticamente todas las variantes en la llamada
política del "palo y zanahoria" para Irán.
A cambio de la trasparencia del programa nuclear iraní exigido por el OIEA,
se podría transferir a Irán tecnología moderna incluida la posibilidad de crear
un centro internacional para enriquecimiento de uranio en el territorio iraní.
Se trata de la realización de la iniciativa propuesta por Ahmadineyad en
2005 y que frecuentemente se cita como alternativa. Y si se tiene en cuenta el
hecho de que Irán, difícilmente renunciará a sus planes de enriquecer de
uranio, hay que hacer lo posible para que Teherán limite esos trabajos y en
consecuencia, se controle la cantidad de centrifugadoras.
El asunto de las medidas de presión es el más difícil.
No todos los regímenes de sanciones pueden desarrollarse sin serios
inconvenientes colaterales. En esencia, el club de expertos perfiló variantes
que al ser desarrolladas en la práctica, sean menos perjudiciales que mantener
una actitud pasiva.
En calidad de sanciones, se contempló la prohibición de suscribir nuevos
contratos con Irán en primer lugar, en lo que se refiere a inversiones en el
sector del petróleo y el reforzamiento de las sanciones financieras.
Teniendo en cuenta que a consecuencia de las sanciones la economía iraní ya
sufre una crisis en su sistema bancario, el año pasado tuvo una inflación del 20
% y el desempleo ronda el 30 %, las sanciones propuestas pueden ser una medida
eficaz.
Esas medidas pueden obligar a que al final, la dirección iraní decida
conversar con la comunidad internacional. Aunque no hay garantías de que
Ahmadineyad desista de sus planes después de que su estrategia nuclear haya sido
insertada como un elemento de "la grandeza espiritual de la nación iraní".
Los expertos también consideraron otra variante, en la sesión se escuchó la
propuesta sobre si llegó el momento de reconocer que Irán es una potencia
nuclear.
Esto conllevaría a que Irán adquirirá compromisos internacionales
correspondientes, y que deberá firmar tratados nucleares globales.
Desde el punto de vista estratégico, militar y defensivo se aumentará la
atención hacia ese país, y se pondrán en marcha otro tipo de mecanismos de
persuasión y contención.
En los próximos días, a partir de la reunión del grupo de expertos reunida en
Moscú, el Foro de Luxemburgo para Prevención de Catástrofe Nuclear publicará sus
propuestas al Consejo de Seguridad de la ONU en relación al programa nuclear
iraní.