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MEDIO ORIENTE  

 

La guerra civil costó 150000 vidas
El Líbano se enfrenta a su (des)memoria histórica

 
 

(IAR Noticias) 14-Abril-08

Una mujer libanesa toma una fotografía a sus hijos junto a imágenes de las guerras civiles libanesas entre 1975 y 1990. (Foto: EFE)

Una mujer libanesa toma una fotografía a sus hijos junto a imágenes de las guerras civiles libanesas entre 1975 y 1990. (Foto: EFE)

Se cumple el 33 aniversario del inicio del conflicto que destruyó el país. Varias ONG  convocaron a una marcha en Beirut, de sur a norte.

Por
Mónica  G. Prieto
- El Mundo, España

En la explanada situada frente al edificio Starco, en el centro de Beirut, hay colocados 600 inodoros en una formación que evoca un cementerio de soldados anónimos. No se trata de restos de obra ni de un homenaje al WC, sino de la forma más satírica que ha encontrado la artista Nada Sehnaoui de agitar la memoria libanesa cuando se cumplen 33 años de la guerra civil que devastó el país, justo ahora que la retórica bélica suple a la voluntad de diálogo.

La exposición se llama "¿No hemos tenido bastante escondiéndonos durante 15 años en el baño?", y comparte nombre con la serie de actividades que, desde el domingo hasta el día 26, se celebran para compartir las experiencias de los años más trágicos con aquéllos que no los vivieron, los más jóvenes, en un intento de que la historia más negra del Líbano no se repita.

Se trata de una de las iniciativas civiles convocadas con motivo del 33 aniversario del inicio de una guerra que costó 150.000 vidas, más de 400.000 heridos y dejó 17.000 desaparecidos, una conmemoración que coincide con la peor crisis desde esos días. Los políticos, los mismos que entonces cambiaron las palabras por las armas, reivindican de nuevo la guerra como solución a las diferencias ideológicas. Y la sociedad, dividida y temerosa, parece incapaz de unir su voz para exigir que se trabaje por la paz.

Varias ONG convocaron el domingo a una marcha que atravesó Beirut de sur a norte –desde el lugar donde comenzó aquel conflicto, Ain al Rummaneh, hasta la Plaza de los Mártires, erigida en recuerdo de las víctimas- con el objetivo de "alentar, mediante la máxima participación posible, el rechazo del lenguaje de la guerra recordando las consecuencias del conflicto", explica Melhem Khalaf, responsable de la ONG Offre Joie, quien urge a los ciudadanos a "impedir [que los políticos] nos transformen en leña".

Desunión civil

La manifestación tuvo como lema "la unidad es nuestra salvación", pero ese es precisamente el punto flaco de la misma. "Somos una sociedad oportunista enferma de individualismo, carecemos de cultura cívica y de identidad nacional, sólo tenemos identidad comunitaria", lamenta la periodista de L’Orient Le Jour y socióloga Maria Chakhtoura. "Los grupos cívicos se sienten amenazados por los partidos políticos, y los ciudadanos están cansados y tienen miedo".

Su colega la escritora May Menasa, periodista del diario An Nahar, coincide con Chakhtoura. "Hay una enfermedad que corrompe al país: la no nacionalidad. Para que el Líbano sea fuerte hay que hacerlo laico, lograr que cada uno ejerza la religión en su casa pero no la convierta en asunto de Estado".

Algo que parece imposible en un país con 17 grupos religiosos que no digirieron los crímenes de entonces ni se reconciliaron pese al Acuerdo de Taif que puso fin a los combates. Las comunidades siguen enfrentadas entre sí e influidas por las potencias extranjeras, que han convertido el Líbano en un tablero donde disputarse sus intereses. Pero aunque es un elemento importante, la presión exterior no justifica la actual crisis como tampoco la justificó en 1975, cuando se culpó a palestinos, israelíes y sirios de una guerra civil –"la guerra de los otros", la siguen llamando muchos- de la cual tuvieron buena parte de responsabilidad los mismos líderes que hoy animan a sus comunidades a empuñar las armas.

Manipulación de la memoria

Una de las claves para entender que sus palabras estén teniendo efecto –las reyertas callejeras ya han dejado víctimas- es el hecho de que la memoria de la guerra haya sido reescrita a medida de cada comunidad. Amal Makarem, periodista y promotora desde hace una década de una ONG para la conservación de la memoria histórica, denuncia "la instrumentalización política de la memoria de la que se dispone como si se poseyera un canon, recordando las responsabilidades de unos y ocultando las de otros", algo en lo que coincide May Menasa. "Hemos escrito todo sobre la guerra pero no tenemos cultura sobre ella porque no se acepta: cada interpretación es contestada".

"Vivimos la guerra pero no la hemos reflexionado y ahora padecemos las consecuencias: cada comunidad detesta a la otra", añade Menasa, un punto en el que coincide Chakhtoura. "Ni la gente ni estos políticos oportunistas aprendieron nada". Chahktoura ingresó en la sección cultural del diario francófono en 1977, dos años después del inicio del conflicto, para escribir reportajes de cómo sorteaban los libaneses los avatares de la guerra. De su experiencia nacieron dos libros, ‘La guerra de los graffitis’ y ‘Memoria de supervivencia", destinados a "que las nuevas generaciones descubran la pobreza de espíritu y la humillación que implica la guerra".

Eso no impide que los jóvenes, que no conocieron la guerra, empuñen las armas cada vez que su líder aparece en televisión, celebrando con disparos –incluso con granadas- las posturas a menudo hostiles de sus dirigentes. Varias personas han muerto a causa de las balas perdidas.

Nostalgia de la guerra

"Hay una generación que tiene nostalgia del poder que le daba, en la guerra, tener un arma o vestir un uniforme independientemente de su clase social. Es incapaz de rehabilitarse. Y hay una generación que no recuerda la guerra pero que se siente fascinada por el relato de sus mayores", expica Chakhtoura. Eso, sumado a la división sectaria, a un liderazgo integrado por criminales de guerra protegidos por la ley de la amnistía y a la enorme cantidad de armas, hace temer una nueva explosión entre los observadores externos, aunque la socióloga se muestra convencida de que no llegará a mayores.

"Existen todos los ingredientes que se dieron en 1975, pero no hay voluntad ni fuerza para hacer otra guerra", explica Chakhtoura. "Y sin embargo, entonces había más esperanza. Antes luchabamos por grandes razones, por la supervivencia, luchábamos por un país y por un futuro en paz. Ahora nos preguntamos qué futuro nos espera".

Para Menasa, la clase política es la única responsable de la actual situación y la sociedad es la única capaz de resolverla. "Los políticos se han convertido en una fuente de odio y amenazas que no dejan de hablar de guerra civil. ¿Les han dicho sus mujeres que quieren una guerra civil? Las mujeres no engendramos hijos para la muerte sino para la vida, queremos la paz y no la guerra. Parece que sólo nosotras creemos en la patria, mientras que ellos quieren hijos para alimentar sus milicias". También parece que el Líbano esté destinado a repetir su historia, como lamentaba la poeta Nadia Tueni: "Mi país es memoria/ de hombres duros como el hambre/ y de guerras más antiguas/ que las aguas del Jordán".

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