Fue un ataque combinado. Palestinos armados disparaban gran cantidad de
bombas de mortero contra la central, que abastece de combustible al sur
israelí y a Gaza, como contra el kibutz (granja colectiva) aledaño. En
paralelo, una célula de cuatro palestinos penetró la cerca de seguridad que
separa Israel de la Franja de Gaza portando armas livianas, y llegó hasta la
central, donde mataron a dos empleados israelíes, de 53 y 37 años.
Por los sensores de la cerca, el Ejército israelí detectó la infiltración y
llegó al lugar, matando a dos de los terroristas. Otros dos lograron volver a
Gaza ilesos. En la persecución que siguió, el Ejército abatió a cuatro
milicianos más. Los atacantes pertenecían a tres organizaciones que operaron
conjuntamente: Jihad Islámica, los Comités de Resistencia Popular y Fatah.
Por la noche, los israelíes atacaron un coche en el barrio Sadjaía en Gaza,
donde viajaba otro de los terroristas, dándoles muerte a él y a un
acompañante.
Un vocero palestino, Abu Mudjaíd, dijo que "la resistencia palestina derrota
otra vez al Ejército israelí y logra propinar dolorosos golpes al enemigo".
Advirtió que los atentados continuarán, y que son una respuesta al bloqueo
israelí contra la Franja de Gaza.
"Nos llevamos un susto tremendo", dijo a Clarín Cecilia Bogdanovic,
chilena de 46 años que vive en el kibutz Nájal Oz hace 15. "Estamos
acostumbrados a vivir con ruido de disparos y bombas, pero como lo de hoy (por
el miércoles), nunca." Uno de los ocho morteros, contó, cayó a apenas unos metros de
su casa.