Tanto expertos como profanos difieren al
valorar el éxito o fracaso de la recién XX Cumbre de la Liga Árabe (LA)
celebrada en Damasco, porque los países de esa entidad interpretaron a su
manera los resultados de dicha reunión.
Por Dmitri Kósyrev -
RIA Novosti
En calidad de país anfitrión, Siria expresó satisfacción. En conferencia de
prensa tras la clausura, el ministro sirio de Asuntos Exteriores Walid Al
Mualem dijo que la XX Cumbre de la Liga Árabe fue un éxito, porque a pesar de
todos los escollos, se celebró "en la fecha y lugar establecido".
El ministro se refirió a que Siria tiene demasiados adversarios en el mundo
árabe, y que algunos países intentaron que la cumbre se celebrará en otra
parte, como Egipto.
Pero el cisma se pudo evitar porque los países de la LA aceptaron que la
cumbre tuviera una representación flexible, y también porque se aplazó la
discusión sobre el asunto libanés.
De 22 países, en la cumbre de Damasco sólo once estuvieron representados
por sus máximos líderes y resto, estuvieron representados por embajadores o
por funcionarios oficiales de rango menor.
En lo que concierne a Líbano, la cita de Damasco se pudo celebrar porque se
decidió que el asunto libanés no sería incluido en la agenda de la XX Cumbre
de la LA.
Algunos países árabes, incluso ahora, cuando no hay soldados sirios en
Líbano, consideran que "la influencia siria" impide a los libaneses elegir su
presidente y ponerse de acuerdo en una serie de problemas clave.
Además, muchos reprochan a Siria sus relaciones especiales con Irán.
Tradicionalmente, el régimen iraní no goza de mucha simpatía entre el mundo
árabe.
Aunque la unidad árabe prácticamente no existe, se puede hacer un repaso de
los puntos en que los gobiernos de los países árabes están de acuerdo,
incluso en condiciones cuando sus discrepancias por poco impiden la
celebración de la cumbre.
Hubo unanimidad en cuanto al programa nuclear de Israel.
Israel debe adherirse al Tratado de no Proliferación del Arma Nuclear
(TNP) y supeditar todas sus instalaciones nucleares a la vigilancia y control
del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), subrayó la declaración
final de la cumbre de Damasco.
Como Corea del Norte, India y Pakistán, Israel sigue su senda propia en sus
asuntos nucleares, sobre todo en aspectos que tienen que ver con la componente
militar. Argumentando "circunstancias especiales" (en medio de países árabes),
Israel no confirma y tampoco niega la posesión de armas nucleares, se
abstienen de firmar el TNP y no autoriza las inspecciones de los funcionarios
de la OIEA.
Pero tarde o temprano los árabes llevarán este asunto hasta el final,
sobre todo si se tiene en cuenta que muy pronto países como Egipto, Bahrein y
posiblemente otros, comenzarán a desarrollar sus respectivos programas de
energía nuclear.
La cumbre de Damasco planteó de nuevo aspectos olvidados relacionados con
la definición del terrorismo.
Los países Árabes propusieron convocar una conferencia internacional bajo
la égida de la ONU para estudiar a fondo las causas y orígenes de este
fenómeno.
La propuesta árabe es muy clara. La ONU en calidad de estamento máximo para
establecer la concepción y ejercicio del Derecho Internacional, debe definir
qué es el terrorismo.
Una definición muy necesaria porque en el Derecho Internacional existen
vacíos o zonas indefinidas como, por ejemplo, la resistencia armada que se
libra en Irak en condiciones de ocupación. En efecto, ¿actualmente, la
población civil puede o debe combatir contra tropas ocupantes, o esto, sólo
fue heroísmo en tiempos de la II Guerra Mundial?
La declaración de Damasco plantea la necesidad de establecer diferencias
entre el "terrorismo" y el "derecho de los pueblos a luchar contra la
ocupación".
Aunque no se descarta que si los combatientes en su lucha contra los
ocupantes asesinan civiles o se dedican al secuestro, pueden ser considerados
terroristas.
A pesar de que no quedó consignado en la declaración final, los
participantes a la cumbre apoyaron la iniciativa de Rusia de celebrar una
conferencia internacional sobre Oriente Próximo en Moscú, como declaró el
secretario general de la Liga Árabe Amr Moussa. Es decir, podrá ser discutida
en Moscú la propuesta de convocar un debate serio sobre la problemática siria
y libanesa en el marco de la regulación de la situación en Oriente Próximo, un
asunto que los árabes no pudieron debatir en Damasco.
En conclusión, hay elementos positivos para valorar con óptica optimista
la XX Cumbre de la LA.
Los árabes no son los únicos países cuyas organizaciones regionales
demuestran falta de cohesión.
La pertenencia a una región necesariamente no implica la comunión de
criterios, al contrario, en muchos casos, esa circunstancia destaca
diferencias.
Es conocida la situación cuando los países tienen más reclamos con sus
vecinos que con otros países más apartados.
En el mundo, se considera que la entidad regional de más eficacia es la
Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) integrada por diez
países.
Entre esa decena hay países que permanente están en desacuerdo con el resto
al momento de abordar asuntos cruciales.
Por ejemplo, no hay consenso sobre lo que se debe hacer con el régimen
militar en Myanmar (Birmania) en cuanto a implementar su democratización por
las vías políticas o por la fuerza. Además, entre esos países hay pretensiones
territoriales.
La importancia de ASEAN es que no se trata de una asociación de países que
tienen posturas comunes sino al contrario, es un conglomerado de países que a
consecuencia de sus divergencias, aprendieron a dialogar entre sí sobre
asuntos importantes.
Las personas que desconocen la Organización de Cooperación de Shangai
(OCS) se sorprenderían de las pasiones que a veces se producen en los
diferentes grupos de trabajo de esa entidad.
Como antes, Tayikistán, Uzbekistán y Kirguizistán protagonizan de forma
permanente altercados por los recursos hídricos. Ante cualquier asunto, los
uzbecos siempre asumen posturas propias. Rusia y China difieren sobre el
ingreso de India a la OCS, pero al final, los países de la OCS siempre
encuentran soluciones comunes.
El mismo cuadro puede verse en América Latina y en África donde los países
afrontan contenciosos y precisamente en el marco de las organizaciones
regionales encuentran soluciones y un idioma común.
Sobre las situaciones que se dan en la Unión Europa y la Comunidad de
Estados Independientes (CEI) mejor ni hablar, y no obstante, todas esas
organizaciones tienen vida propia, se desarrollan y cada vez admiten nuevos
miembros.
Actualmente, en el mundo no hay una visión común sobre cómo debe ser el
orden mundial dentro de 20 ó 30 años. La tesis rusa indica que la mayor parte
de la responsabilidad recaerá en las organizaciones regionales y la ONU
desempeñará un papel tutor global.
Un modelo de arquitectura mundial lógico. Y el hecho de que la cumbre de la
LA pudo celebrarse a pesar de todos los problemas, demuestra una vez más la
vigencia de esa lógica.