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Columna de humo de uno de los ataques israelíes sobre la ciudad de Khiam en
Líbano en julio de 2006 (Foto EFE). |
"Israel no quiere pagar el precio de la paz", asegura Jaled Mishal, el líder
de Hamás en el exilio. Pero este activista reconvertido a político no espera que
le crean y se esfuerza por argumentar sus declaraciones. Enumera el rechazo de
Israel a todos los planes de paz fueran árabes o internacionales, el hecho de
que ignorara la tregua unilateral que el Movimiento de Resistencia Islámica
decretó en 2005 o el bloqueo a su Gobierno elegido en 2006. Pero también
responsabiliza a EE UU, cuya política considera que "ha fracasado en Irak,
Palestina y Líbano". "No se puede alcanzar la paz en la región sin Hamás",
concluye.
Por Ángeles Espinosa - enviada especial en Damasco, El País
/ España
Mishal (Ramala, 1956) recibe a El País en su despacho del barrio de Mezzeh,
una zona residencial de Damasco, donde encontró refugio después de que en 1997
dos agentes del Mosad intentaran asesinarle en Jordania. La historia de cómo le
inyectaron un veneno y la intervención del rey Husein para que el Gobierno
israelí facilitara el antídoto a cambio de la libertad de sus espías parece
sacada de una película de acción. Sin embargo, a pesar del reciente atentado
contra un activista de Hezbolá en la capital siria, las medidas de seguridad son
discretas y el que tal vez sea uno de los hombres más odiados de Israel asegura
no tener miedo a la muerte.
Pregunta. ¿Qué opina de los resultados de la reciente cumbre árabe en
lo que respecta a Palestina?
Respuesta. Las resoluciones son positivas porque subrayan la condena a
la ocupación israelí, reconocen el derecho del pueblo palestino a la resistencia
y piden el fin del bloqueo a Gaza. Pero las cumbres árabes carecen de capacidad
para poner sus resoluciones en práctica. No me refiero sólo a Damasco. En este
momento de discrepancias y divisiones entre los árabes, lo obtenido nos parece
un logro.
P. ¿Aún considera válida la iniciativa de paz árabe de 2002 a la que
también se ha hecho mención?
R. Ya dijimos entonces que no iba a tener éxito porque Israel la iba a
rechazar y la Administración estadounidense no la tomaría en serio. Y esto es lo
que ha pasado desde 2002. Israel no quiere la paz. Quiere conservar la tierra,
seguir ignorando los derechos árabes y palestinos, y al mismo tiempo obtener
seguridad. No quiere pagar el precio de la paz. Lo prueba el que haya rechazado
todas las iniciativas árabes, palestinas e internacionales. Así que seis años
después de haber lanzado su iniciativa, los líderes árabes deber reconsiderar su
oferta. Según la ley del mercado, si uno expone su mercancía durante mucho
tiempo y nadie la compra, su precio baja. Israel debe saber que los árabes
tienen otras alternativas. Eso no significa desatar una guerra contra Israel.
Pero existe la alternativa de auto respetarse, de resistir, de respaldar a la
resistencia, de hacer sentir a Israel que no puede tener seguridad sin dar sus
derechos a los árabes.
P. ¿Está diciendo que no hay solución negociada para el problema
palestino?
R. Ningún ocupante retrocede por su propia voluntad, sólo lo hacen
obligados por la fuerza. De ahí que las negociaciones con Israel sin el respaldo
de la fuerza carezcan de sentido. No se consigue que se retiren respetando sus
valores. Si el ocupante tuviera ética, no hubiera tomado las tierras de otros.
Hay que obligarle a poner fin a la ocupación. Además, la paz la hacen los
fuertes, no el débil con el fuerte.
P. Y sin embargo usted descarta la alternativa de la guerra...
R. Esa alternativa no es posible ahora por el desequilibrio de fuerzas
entre los árabes e Israel. Sin embargo, sí es posible la resistencia. Y los
árabes deben respaldar la alternativa de la resistencia. Con el apoyo económico
y material de los países árabes, islámicos y otros amigos de la nación
(Palestina), la resistencia es capaz de hacer frente a la ocupación y obligar a
Israel a retirarse. Ya ha ocurrido antes en dos ocasiones: en el sur de Líbano
en el año 2000 y en Gaza en 2005.
P. Pero los palestinos están embarcados en una lucha fratricida. ¿Cómo
se explica? ¿No obstaculiza su objetivo de un Estado independiente?
R. No hay duda de que tenemos un problema en la dirección palestina.
Todos sabemos que la causa de esa división es la injerencia extranjera, israelí
y estadounidense para ser más precisos. También hay palestinos corruptos que se
benefician de la situación. Esa división nos debilita como palestinos y no ayuda
a conseguir el Estado palestino. Es parte del desafío que afrontamos. Nosotros,
desde Hamás, hemos intentado la reconciliación en varias ocasiones pero la
Presidencia palestina la ha rechazado. Recientemente en Sanaa alcanzamos un
acuerdo, pero luego se echaron para atrás. Estados Unidos e Israel les impide
entablar un diálogo ínter palestino. Estados Unidos e Israel plantearon a Mahmud
Abbas dos alternativas: o la relación con Hamás o la relación con ellos. El
factor exterior dificulta y retrasa la solución del problema interno, pero
seguiremos trabajando para encontrar una solución a través del diálogo. Al
final, será el pueblo palestino el que decida, porque sabe bien quién acepta y
quién rechaza el diálogo, quién es soberano e independiente y quién depende de
Israel y Estados Unidos.
P. Entonces, ¿no ha tenido oportunidad de hablar con Mahmud Abbas
durante la cumbre árabe?
R. Se niega a reunirse con nosotros.
P. Sin embargo, otros líderes sí que lo han hecho...
R. A algunos les plantea problemas y a otros no. Me he reunido con
varios líderes y ministros de Exteriores.
P. ¿Qué ha obtenido de esas reuniones? ¿Ha encontrado disposición a
darle más apoyo?
R. Algunos entienden que el problema no está en nosotros sino en la
Autoridad Palestina y son conscientes de la influencia negativa de Estados
Unidos e Israel sobre ellos. Muchos, tanto en el escenario árabe como
internacional, son conscientes de que no se puede ignorar a Hamás, de que la
política de aislar y bloquear a Hamás ha fracasado, y de que no se puede
alcanzar la paz en la región sin Hamás.
P. ¿Cree que el nuevo viaje de Condoleezza Rice a la zona contribuye a
desbloquear la situación?
R. Al contrario, el esfuerzo estadounidense es para impedir que haya
un acuerdo. Rice viene para presionar a los negociadores palestinos para que
acepten cualquier arreglo aunque no tenga contenido. La Administración
estadounidense no está interesada en un arreglo definitivo; sólo busca un logro
superficial que le sirva en las próximas elecciones. Ha venido a la vez que se
celebraba la cumbre para profundizar la división árabe. También para impedir
cualquier acuerdo entre los palestinos.
P. ¿Cambiarán las cosas con un nuevo presidente, probablemente
demócrata, en la Casa Blanca?
R. Hay poca diferencia entre las Administraciones estadounidenses. En
la historia del conflicto árabo-israelí no ha habido diferencias significativas.
Tal vez han tenido diferencias respecto a Irak, pero no en relación con el
problema palestino. Todos los presidentes compiten en su apoyo a Israel. La
política estadounidense en la región ha fracasado y va a seguir fracasando. Ha
sido así en Irak, pero también en Palestina y en Líbano. Nunca tendrá éxito
porque no tiene nada que ofrecer porque no es ni objetivo ni neutro.
P. Ha mencionado los tres países con grupos activos de resistencia a
las políticas de Estados Unidos (Hamás, Hezbolá y la milicia de Muqtada al Sáder).
¿Existe una línea de acción concertada?
R. No hay un frente común. Cada caso es diferente. Tanto en Palestina
como en Líbano la resistencia contra el ocupante es muy clara. El caso de Irak
es más complicado y el movimiento de resistencia no se limita a un solo grupo o
persona. Lo único en común es que no se someten a la hegemonía de Estados Unidos
e Israel. Al contrario, la resistencia está creciendo a la sombra del fracaso de
ambos y en la ausencia de una solución política.
P. Estados Unidos les acusa de recibir ayuda de Irán. ¿Qué tipo de
relación mantienen con ese país?
R. Como movimiento de resistencia estamos abiertos a todos. No
limitamos nuestras relaciones a Irán. Tenemos relaciones con los estados árabes,
los islámicos –incluido Irán-, los europeos y con otros. Aceptamos cualquier
apoyo para nuestro pueblo. No pedimos ayuda para Hamás, sino para el pueblo
palestino. Ahora mismo hay 18.000 funcionaros a los que el Gobierno de Salam
Fayyad no les está pagando, y 100.000 trabajadores que se han quedado en paro
debido a la política de sanciones. Intentamos asistirles. Por eso acogemos
cualquier ayuda que no venga con condiciones.
P. ¿Qué necesitan para poder convivir con Israel? ¿Vale con la
retirada a las fronteras de 1967?
R. En nuestro consenso nacional acordamos el establecimiento de un
Estado palestino en los territorios de 1967, con Jerusalén como capital, el
derecho de retorno y la eliminación de todos los asentamientos. Israel lo ha
rechazado. El problema no es la postura palestina o la postura árabe, sino la
israelí. Aceptamos un Estado con las fronteras de 1967, pero Israel lo rechaza,
Estados Unidos apoya su rechazo y la comunidad internacional guarda silencio.
Muchos interlocutores internacionales nos preguntan por qué no cesamos el
lanzamiento de misiles y declaramos una tregua. Estamos dispuestos a ello porque
somos la víctima, la parte agredida, cuya tierra está ocupada. Es Israel el
agresor y el ocupante. Si cesa su agresión, estamos dispuestos a declarar una
tregua, pero tiene que ser una tregua global, en Gaza y Cisjordania, bilateral y
simultánea, no unilateral. Es necesario levantar el bloqueo a Gaza y abrir los
pasos para que haya una situación viable para el pueblo palestino. Lo han
intentado Egipto, Rusia y algunos (mediadores) europeos, pero Israel sigue
negándose. Quieren un alto el fuego palestino y luego decidir qué hacer.
P. De acuerdo, pero ¿cómo justifica los atentados suicidas?
R. Consideramos que las operaciones de martirio son una reacción a las
matanzas israelíes. La prueba de ello es que no comenzaron hasta la matanza de
la mezquita de Abraham en Hebrón en 1994. Hace doce años propusimos a los
israelíes dejar a los civiles fuera del conflicto, pero rechazaron nuestra
propuesta. Por eso consideramos que todas las acciones de la resistencia
palestina, incluidas las de inmolación, son de autodefensa. Además, Israel posee
un arsenal muy avanzado y nosotros sólo disponemos de armas muy modestas y
simples. De ahí que el palestino que no encuentra mejor arma, se hace estallar a
sí mismo contra el enemigo.
P. Entonces, cuando acabe la ocupación, ¿dejará de estar justificado?
R. Por supuesto. Pero hay una doble moral. ¿Por qué no se produce la
misma reacción internacional cuando Israel perpetra una matanza de palestinos?
P. Ha dicho que Gilad Shalit, el soldado israelí capturado en Gaza
hace dos años, está vivo. ¿No serviría su liberación como un gesto de buena
voluntad para desbloquear la situación?
R. A pesar de que Gilad Shalit fue arrestado en combate, y no como
hace Israel con los políticos palestinos a los que secuestra y mata, le estamos
tratando muy bien porque tenemos ética y valores religiosos. Israel sin embargo
tortura a los 11.000 palestinos que tiene en sus cárceles. Tenemos interés en
liberarle siempre que Israel libere a los presos y presas que le hemos pedido.
P. ¿Cuántos son?
R. Hemos presentando una lista de mil. La comunidad internacional debe
respetar al ser humano. Si Gilad Shalit es un ser humano, los presos y las
presas palestinos también lo son. Lo que obstaculiza la puesta en libertad de
Gilad Shalit es el capricho israelí, la negativa de (el primer ministro israelí
Ehud) Olmert a liberar a nuestros presos. Por eso responsabilizo a Olmert de
alargar el secuestro de Gilad Shalit.
P. Israel ya intentó asesinarle cuando usted vivía en Jordania. Ahora
tras el atentado contra Imad Maghniye aquí en Damasco, ¿no teme por su vida?
R. No tememos a la muerte. Queremos una vida digna. Es nuestro deber
resistir al ocupante, defender nuestros derechos y servir a nuestro pueblo para
que pueda librarse de la ocupación. Líder es aquel que se sacrifica por sí
mismo, por su causa y por su pueblo, no al revés. El pueblo palestino no teme a
nadie porque tiene una causa justa. Son los israelíes los que tienen miedo
porque el ocupante nunca tiene tranquilidad.
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