Por María Appákova -
RIA Novosti
El viaje incluye a Siria, Israel y el territorio controlado por
Administración Nacional Palestina (ANP). El itinerario y las fechas del viaje de
Lavrov guardan relación directa con los problemas que puede ayudar a solucionar
Rusia en esa parte del mundo. En lo que se refiere al itinerario Israel-
territorios palestinos- Siria su importancia sale a la vista.
Sólo en el marco de ese triángulo se puede hablar sobre las posibilidades de
un arreglo de la situación en Oriente Medio, ya que en el caso contrario, la
única perspectiva que se perfila es la guerra.
En lo que concierne al momento en que se produce la visita, no puede pasarse
por alto que la gira de Lavrov se realiza prácticamente en vísperas de la cumbre
de la Liga Árabe, prevista para finales de marzo en Damasco.
Y también con otro intento del parlamento del Líbano (el decimosexto) para
elegir a un nuevo presidente en ese país. Un nuevo fracaso en la elección del
presidente libanés condicionará el fracaso de la cumbre de la Liga Árabe y,
posiblemente, el aislamiento internacional de Siria.
Se considera que precisamente Siria está manipulando la situación política en
el Líbano, porque supuestamente bloquea la elección del primer mandatario estado
libanés, a pesar de que al respecto circulan otros puntos de vista.
En el marco de estos sucesos, ¿Cuál será el papel que desempeñaría Rusia para
dar solución a problemas de Oriente Medio? Según el ministro Lavrov, uno de los
objetivos de su gira es conocer las fuerzas políticas regionales a favor y
dispuestas a participar en una conferencia internacional sobre Oriente Medio en
Moscú.
Al respecto de esa cumbre, la semana pasada en París, Lavrov explicó que
Rusia está dispuesta a organizar ese foro, si todas las partes involucradas
manifiestan su disposición a participar. El titular ruso también resaltó que
también otros tres miembros del Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea y la
ONU) expresaron su interés por la celebración de la cumbre sobre Oriente Medio
en Moscú.
En la cumbre internacional sobre Oriente Medio celebrada en Anápolis el
pasado mes de noviembre, se acordó el reinicio de las negociaciones
palestino-israelíes. Ante la insistencia de Rusia, en esa misma conferencia se
constató la necesidad de estudiar las posibilidades de mantener negociaciones
encaminadas a normalizar las relaciones entre Israel y Siria y entre Israel y
Líbano.
En este sentido, la cumbre de Moscú se perfila como una continuación de las
iniciativas adelantadas en Anápolis, sobre todo en lo relativo al Líbano y
Siria. Al respecto, queda por superar la postura de Israel que se niega a
entablar conversaciones directas con Damasco en los términos propuestos por los
sirios: la devolución incondicional por Israel de las alturas de Golán.
El optimismo que había en noviembre sobre un pronto arreglo del problema
palestino-israelí se ha transformado estos últimos meses en decepción. Los
ataques del territorio israelí desde la franja de Gaza, el atentado sin
precedentes en Jerusalén, las operaciones del ejército israelí en el territorio
palestino y la construcción de nuevos asentamientos judíos no hacen sino
aumentar el pesimismo.
Tampoco se perfilan las posibilidades de normalizar las relaciones entre las
organizaciones palestinas Hamas y Al Fatah. Algunos expertos consideran que Al-Fatah
rechaza las propuestas de reconciliación debido a la postura intransigente
mantenida por algunos dirigentes de esta organización que se encuentran fuera
del territorio palestino, especialmente en Damasco.
Además, entre las agrupaciones armadas palestinas cunde la influencia de la
organización radical chiíta Hezbollah, apoyada a por Siria e Irán. Las
conversaciones palestino-israelíes de hecho están paralizadas, y de ambos bandos
con cada vez mayor frecuencia se escuchan declaraciones sobre el fracaso del
"proceso de Anápolis".
Expertos opinan que si próximamente llega a celebrarse uno que otro encuentro
entre los palestinos e israelitas, no ejercerá una influencia determinante en el
proceso de paz. Teniendo en cuenta lo anteriormente descrito, una nueva
conferencia de paz es una empresa muy arriesgada. Aunque muchos líderes
políticos árabes apoyan esta iniciativa, su realización práctica es muy
complicada, al menos a corto plazo.
Sobre todo si la conferencia busca obtener resultados concretos y no merecer
la importancia de un acontecimiento formal. De todas formas, el ministro Lavrov
viaja a Oriente Medio con mucha esperanza.
El canciller ruso no espera que los líderes regionales prometan participar en
la cita de Moscú. Su misión es potenciar y fortalecer los canales de
comunicación entre Siria e Israel y propiciar relaciones de confianza entre
ambos países.
¿Será esto posible? Por lo visto, este interrogante se quedará sin respuesta
cierto tiempo, al menos para la opinión pública mundial. Pero en el caso de que
la misión de Lavrov tenga éxito, con mucha probabilidad muchos problemas podrán
ser resueltos, entre ellos el arreglo palestino-israelí y la crisis interna en
Líbano.
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