"Mientras tanto, Irán compite con EEUU por intervenir en
Irak; las miras de
Teherán van más allá del Consejo Supremo Islámico en Irak y para ello está
acumulando una impresionante cartera de acciones políticas, económicas,
religiosas y militares en Irak. El incremento del comercio entre ambos países es
constante, y eso incluye el mercado negro a través de la frontera común; además,
el gobierno iraní y sus entidades estatales han hecho inversiones importantes,
han concedido préstamos a empresas iraquíes y han reconstruido ciudades sagradas
shiíes. Entre Qom (Irán) y Nayaf (Irak) existen lazos histórico-religiosos y
decenas de miles de peregrinos --entre ellos, sin duda, más de unos cuantos
agentes de la inteligencia iraní-- cruzan la frontera todos los meses”.
Junto a los paramilitares de la Organización Badr, a la corriente de Moqtada as-Sáder
se le hace responsable de la oleada de asesinatos sectarios y selectivos contra
sectores seculares de la sociedad iraquí de 2005 y 2006. En la foto, acto de la
milicia de as-Sáder en Basora en 2006 (foto Essam Al-Sudani)
En octubre, como parte de los intentos actuales estadounidenses de aislar y
sancionar a Irán, el gobierno de Bush anunció sanciones contra varios bancos,
empresas e individuos iraníes ligados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria
Iraní (IRGC, por sus siglas en inglés) y a su unidad de operaciones especiales,
la Fuerza al-Quds (Jerusalén), debido a su “apoyo al terrorismo”. La Casa Blanca
puso en marcha un intento global para persuadir a otros países de no hacer
negocios con los organismos mencionados, entre ellos el Banco Melli, de Irán:
“El Banco Melli presta servicios bancarios al IRGC y a la Fuerza al-Quds --afirma
el Departamento del Tesoro--. […] Las entidades que poseen o controlan el IRGC o
la fuerza al-Quds utilizan el Banco Melli para obtener múltiples servicios
financieros”.
Entre los documentos del Departamento de Estado y del Tesoro recopilados para
apoyar las sanciones --que pasaron inadvertidos para los medios de comunicación--
está semioculta la dirección de una sucursal del Banco Melli en un país ocupado
por las tropas estadounidenses: “Lugar: Nº 111-27, Alley District 929, Arasat St.,
Bagdad, Irak”.
Que un banco, del que EEUU afirma que favorece el terrorismo, opere libremente
en el corazón de la capital iraquí es, como mínimo, irónico, dada la práctica
declaración de guerra del gobierno de Bush contra la implicación de Irán en Irak.
Dando por sentadas las pruebas de que Irán provee armas, dinero, ayuda logística
y entrenamiento a las milicias shiíes y a la resistencia iraquí, algunos
halcones del gobierno de Washington, entre ellos el vicepresidente Cheney han
señalado que las fuerzas estadounidenses en Irak podrían atacar las líneas de
abastecimiento, los campos de entrenamiento y los depósitos de armas a lo largo
de la frontera iraní, incluso a riesgo de hacer estallar una guerra total.
Sin embargo y a pesar del público y amenazador ruido de botas contra Irán, EEUU
ha pasado la mayor parte de los últimos cinco años intentando una alianza de
facto con Irán en apoyo de un régimen liderado por shiíes (e instalado por EEUU)
en Bagdad. El componente más poderoso de dicho régimen, el Consejo Supremo
Islámico en Irak [1] y su disciplinada milicia, la Organización Badr, es también
el aliado iraquí más cercano a Irán. Aprovechando el vacío de poder creado por
EEUU tras la destrucción del gobierno de Sadam Husein, Teherán instauró una
vasta presencia en Irak, tanto manifiesta como encubierta, con una enorme
influencia entre casi todos los partidos shiíes y kurdos de su vecino
occidental. “La ocupación militar estadounidense de Irak ha permitido la
ocupación política iraní de Irak”, afirma Chas Freeman, antiguo embajador de
EEUU en Arabia Saudí.
Como resultado, en el Irak de 2008 hay dos paradojas [2]. La primera de ellas,
llamativa e irónica a la vez, es que la decisión de Washington de derrocar el
gobierno de Sadam Husein ha puesto en su lugar a una elite gobernante que está
mucho más cerca de Irán que de EEUU. Como resultado, los ayatolás de Teherán han
dado jaque mate (expresión derivada del persa shah mat, “el rey ha muerto”) a
los intentos estadounidenses de instalar en Bagdad un régimen favorable a los
estadounidenses y dócil como los intereses de Washington en el petrolífero Golfo
Pérsico. Ahora, en el complejo tablero de ajedrez iraquí se está jugando el
conflicto de poderes entre EEUU e Irán. Según el curso que tomen las relaciones
irano-estadounidenses durante lo que queda del mandato de Bush y el comienzo del
nuevo gobierno de Washington, Teherán tiene dos opciones: si las relaciones
entre ambos países mejoran, Teherán puede intentar --al menos a corto plazo--
negociar un acuerdo con EEUU para estabilizar Irak, siempre que fortalezca el
gobierno liderado por shiíes, de tal manera que se acomode a los intereses
regionales iraníes. Si las relaciones con EEUU empeoran, Irán puede utilizar a
sus aliados y a sus agentes en Irak para terminar con la “relativa calma” actual
y hundir Irak en una guerra civil absoluta.
La segunda paradoja es que, a pesar de la enorme influencia de Irán en Irak, la
mayoría de los shiíes iraquíes no son proiraníes. Al contrario, bajo la alianza
que gobierna Bagdad, en Irak hay una feroz corriente nacionalista árabe que se
opone tanto a la ocupación estadounidense como al apoyo iraní a los partidos
religiosos en Irak. En los últimos meses, este nacionalismo ha empezado a
expresarse de diferentes formas, desde el ferviente apoyo general al victorioso
equipo nacional de fútbol el pasado verano hasta la rabia furibunda que
provocaron el intento de privatizar la industria del petróleo iraquí o los
tiroteos contra civiles de la empresa de seguridad Blackwater en una rotonda de
Bagdad, pasando por la insinuación de que Washington podría dividir Irak en tres
mini Estados. Además, muchos shiíes iraquíes, al igual que los sunníes, albergan
agrios sentimientos contra su vecino persa desde la sangrienta guerra de
1980-1988, que dejó cientos de miles de muertos iraquíes. “El nacionalismo
iraquí es una realidad y su posición más general suele ser la hostilidad hacia
Irán --afirma Freeman--. […] El fin de la ocupación estadounidense de Irak como
fuente de dicho nacionalismo conducirá casi con seguridad a una renovación del
nacionalismo frente a Irán”.
Mientras tanto, Irán compite con EEUU por intervenir en Irak; las miras de
Teherán van más allá del Consejo Supremo Islámico en Irak y para ello está
acumulando una impresionante cartera de acciones políticas, económicas,
religiosas y militares en Irak. El incremento del comercio entre ambos países es
constante, y eso incluye el mercado negro a través de la frontera común; además,
el gobierno iraní y sus entidades estatales han hecho inversiones importantes,
han concedido préstamos a empresas iraquíes y han reconstruido ciudades sagradas
shiíes. Entre Qom (Irán) y Nayaf (Irak) existen lazos histórico-religiosos y
decenas de miles de peregrinos --entre ellos, sin duda, más de unos cuantos
agentes de la inteligencia iraní-- cruzan la frontera todos los meses.
“Los iraníes están invirtiendo en prácticamente todas las facciones existentes,
y ello para estar seguros de que una vez que las aguas vuelvan a su cauce,
quienquiera que tenga el control de Irak esté en deuda hasta cierto punto con
Irán”, ha aseverado Trita Parsi, autora de Treacherous Alliance: The Secret
Dealings of Israel, Iran and the U.S (Alianza peligrosa: los acuerdos secretos
de Israel, Irán y EEUU). Y Kenneth Pollack, de la Institución Brookings, añade:
“[…] Irán está apostando a todos los números de la ruleta”.
¿A quien pertenecerá al-Mliki?
La influencia de Irán en Irak comienza por el Consejo Supremo Islámico en Irak (CSII)
y su brazo armado, las milicias Organización Badr. Rebautizado en 2007 como
Consejo Islámico de Irak, opera como una maquinaria político-militar bien
engrasada: es la piedra angular del gobierno del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki,
domina buena parte del ejército y de la policía, controla la ciudad sagrada de
Nayaf y ostenta el gobierno y los consejos políticos de la mayoría de las
provincias del sur de Irak.
Antes, durante y después de la invasión estadounidense de Irak, los lazos del
CSRII eran bien conocidos por los oficiales estadounidenses. Pero el gobierno de
Bush --que se basó en el criterio de Ahmad Chalabi, líder exiliado del Congreso
Nacional Iraquí y neoconservador de pro, según el cual el tras la invasión Irak
sería una democracia laica que daría la bienvenida a las fuerzas
estadounidenses-- decidió ignorar la conexión iraní.
Creado en 1982 por la inteligencia iraní al inicio de la guerra irano-iraquí, el
CSRII estuvo liderado por dos hermanos, Mohammed Baqr al-Hakim y Abdel-Aziz al-Hakim,
este último el actual dirigente del CSII. La creación del CSRII por parte de los
hermanos Hakim fue supervisada por Ali Jameini, el entonces presidente de Irán y
ahora su máximo dirigente espiritual. Los hermanos al-Hakim reclutaron a la
fuerza a prisioneros de guerra iraquíes de los campos de internamiento en Irán
para crear la Organización Badr, controlada por el ejército y los servicios de
inteligencia iraníes y conocida con el nombre de Noveno Cuerpo Badr [de la
Guardia Revolucionaria de Irán].
Tras la invasión estadounidense de Irak en 2003, en medio del caos y del saqueo
que siguió al derrocamiento del régimen de Sadam, el aún por entonces Consejo
Supremo de la Revolución Islámica en Irak y las milicias Badr cruzaron la
frontera iraní para penetrar en Irak. “No existía control fronterizo --afirma Wayne White, quien en 2003 dirigía el grupo de la Oficina de Inteligencia e
Investigación del Departamento de Estado--. […] Los iraníes simplemente cruzaban
al otro lado; iban en convoyes, decenas de camiones a la vez.” Ali Allaui, el
ministro de Defensa iraquí de la posguerra y autor de The Occupation of Irak (La
ocupación de Irak) escribió: “Unos 10.000 combatientes de Badr, entrenados y
disciplinados, entraron en Irak, unos desarmados y otros con armas ligeras, y se
reagruparon en varias ciudades y localidades para formar el brazo armado del
CSRII”. Otras fuentes indican que su número fue mucho más elevado. Fuertemente
financiados por Irán, en pocos días el CSRII y el Badr instalaron a sus
dirigentes en los puestos adecuados en Baquba, Kut y otros lugares claves del
sur. Recelosos de Irán, pero con pocas alternativas frente a los enturbantados
dirigentes del CSRII y del Badr, las autoridades de la ocupación
anglo-estadounidense situaron a los dirigentes del partido en los puestos más
altos. Desde el principio, el Consejo de Gobierno Iraquí, elegido por EEUU a
partir de 2003, designó a Abdel Aziz al-Hakim para una sucesión de puestos
dirigentes clave; altos dirigentes del CSRII fueron instalados en varios
ministerios, en la nueva policía y en el nuevo ejército [la Guardia Nacional].
En el sur dominado por la [rama del Islám] Shía, los responsables del CSRII
fueron designados para gobernar las provincias, ciudades y pueblos. EEUU y Reino
Unido los consideraron sus aliados naturales en la lucha contra lo que quedaba
del partido Baaz y contra la creciente resistencia sunní, que precisamente eran
las fuerzas también consideradas por Irán como sus más mortíferos enemigos.
Literalmente en masa, los mandos de Badr fueron reclutaron para la policía y el
ejército iraquíes que estaban siendo montados por EEUU. Según Raed Jarrar, el
asesor iraquí de la ONG American Friends Service Committee [3], los mandos del
Badr conservaron su rango al pasar a formar parte de las fuerzas de seguridad
iraquíes. Desde 2003 hasta el día de hoy, una parte especialmente repulsiva del
trabajo del Badr en Irak han sido las actividades de los escuadrones de la
muerte. Con frecuencia, tales unidades han estado dirigidas desde el Ministerio
del Interior iraquí, cuyo cuerpo de policía, controlado por la Organización Badr,
ha sido acusado del asesinato de cientos de oficiales del anterior gobierno,
oficiales de inteligencia, ex militares y profesionales civiles, según los
ampliamente difundidos informes de la prensa. Mahan Abedin, director de
investigaciones del Centro para el Estudio del Terrorismo en Londres, afirma:
“En el verano de 2003 me dijeron en Teherán que el cambio de régimen en Bagdad
había permitido a la inteligencia iraní identificar a todas y cada una de las
personas que habían trabajado en la sección iraní del servicio de inteligencia
iraquí --y añade--: […] Eran capaces de obtener toda la información posible sobre
una persona, sus movimientos, sus contactos, el número de teléfono de su móvil.
Recopilaban toda la información”. Todos ellos fueron exterminados “en una guerra
secreta”, afirma Abedin.
“Tras la caída de Sadam, EEUU estuvo buscando agentes iraquíes de inteligencia
cuyo objetivo fuera Irán” --afirma Judith Yaphe, ex agente de la CIA especialista
en Irak--. […] A ningún iraní o pro-iraní le gustarían esos chicos, ¿verdad?
Nosotros queríamos utilizarlos e Irán quería desembarazarse de ellos y para
lograrlo sólo hay una forma”. Preocupados por impedir que EEUU hiciera causa
común con dichos agentes, Teherán utilizó la fuerza para deshacerse de ellos.
Las pruebas de una implicación iraní directa con el CSRII, ligado a los
escuadrones de la muerte, son difíciles de eludir. Desde luego, las relaciones
entre el CSRII y la Guardia Revolucionaria de Irán siguen vigentes. En diciembre
de 2006, dos líderes de las fuerzas secretas al-Quds de la Guardia
Revolucionaria fueron asaltados por fuerzas estadounidenses en Bagdad dentro en
una de las viviendas de Abdel Aziz al-Hakim, en la casa de Hadi al-Ameri,
responsable del CSII y jefe de las milicias Badr. Además, dirigentes militares
estadounidenses en Irak han reconocido las conexiones iraníes con el CSII. “Creo
que todos somos muy conscientes de las potenciales relaciones que existen”,
afirmó un experto militar estadounidense en Bagdad, quien sin embargo añadió que
mientras las milicias Badr no disparen a los estadounidenses, sus relaciones con
Irán se tolerarían.
EEUU también ha mostrado su predisposición a tolerar el récord de espantosos
crímenes del CSII, lo que incluye asesinatos extrajudiciales, tortura y cárceles
ilegales. “Según se ha dicho, EEUU tiene pruebas que implican a miembros del
CSII en las actividades de los escuadrones de la muerte, pero han sido remisos a
utilizarlas”, según un informe del Grupo Internacional de Crisis en noviembre de
2007, en el que se citaban fuentes militares estadounidenses.
La guerra interna shií
En especial durante los tres últimos años gran parte de la mortífera actividad
del CSII ha ido dirigida contra la corriente de Moqtada as-Sáder y su poderosa
milicia, el Ejército del Mahdi o Jaish al-Mahdi (JAM). Desde los barrios de
Bagdad hasta Najaf y Kárbala, pasando por Diwaniya, Amarah y Basora, el CSII ha
estado implicado en un sangriento enfrentamiento con el JAM, su mayor rival
entre la población iraquí shií. En la lucha del Badr contra as-Sáder, EEUU ha
apoyado inequívocamente al CSII. Joost Hilgerman, del Grupo Internacional de
Crisis, afirma que “El verdadero combate a largo plazo es entre el CSII y los
saderistas”, y continúa: “en esta pugna los estadounidenses han elegido, de
hecho, dar su apoyo al CSII”. Al actuar así, han escogido posicionarse junto a
un partido pro-iraní contra un movimiento que es, pese a sus también sólidas
relaciones con Irán, más independiente de Teherán que el CSII. Paradójicamente,
esto empujó a as-Sáder a acercarse más a Irán.
La rivalidad entre el Badr y as-Sáder se ha intensificado por el hecho de que
tanto as-Sáder como al-Hakim son descendientes de una antigua familia de
clérigos iraquíes. Cuando los Hakim huyeron de Irak, durante la época de Sadam
Husein, se establecieron en Irán, mientras que los as-Sáder se quedaron en Irak.
Debido a que el CSII de al-Hakim está financiado por Teherán, la mayoría de los
iraquíes lo miran con recelo, mientras que el movimiento de as-Sáder, menos
organizado, tiene raíces mucho más profundas en Irak (construyó mezquita tras
mezquita antes, durante y después de la invasión estadounidense). Sus áreas de
influencia también son diferentes. Al establecer una clara separación de clases,
al-Hakim representa a la elite urbana y a la clase comercial y económica entre
los shiíes; el liderazgo de su partido tiene mucho más en común con los hombres
de negocios, comerciantes y mercaderes, columna vertebral de la clase dirigente
en Irán. As-Sáder, por su parte, mantiene una lealtad inquebrantable hacia los
marginados y las clases más desfavorecidas shiíes en Irak y se ha ganado el
apoyo de antiguos baazistas shiíes y de nacionalistas árabes que no tenían a
dónde ir tras el derrocamiento de Sadam Husein.
A pesar de que la alianza táctica entre EEUU y el CSII funciona desde 2003, la
campaña conjunta EEUU-CSII contra as-Sáder se incrementó de forma espectacular
el año pasado tras el anuncio del presidente Bush de incrementar el número de
tropas. En aquel discurso, pronunciado en enero de 2007, Bush advirtió de forma
explícita a Irán de que se había convertido en objetivo: “Vamos a acabar con los
ataques contra nuestras fuerzas --afirmó--. Vamos a cortar los suministros
provenientes de Irán [...] y vamos a destruir las redes que suministran
armamento sofisticado y entrenan a nuestros enemigos en Irán”. Pero cuando EEUU
empezó a hablar del apoyo iraní a las fuerzas en Irak, no hablaba del CSII, sino
de as-Sáder y del JAM, principalmente de los denominado “Grupos Especiales JAM”,
o lo que los estadounidenses han empezado a llamar “Bad JAM” [4]. Según el
Pentágono, el JAM o elementos de su formación --listos para utilizar morteros y
misiles diseñados para atacar la fortificada Zona Verde en Bagdad-- atacaron a
fuerzas estadounidenses en Irak con explosivos de penetración de blindaje
fabricados en Irán.
Durante los primeros años de la ocupación, as-Sáder, un astuto nacionalista,
intentó mantener un comercio equitativo tanto con EEUU como con Irán, pero los
últimos dieciocho meses de implacable presión militar del tándem EEUU-CSII le
han dejado poca elección salvo la de buscar ayuda en Irán. Al percibir que el
aumento de tropas provocaría una matanza contra sus fuerzas, el pasado mes de
febrero as-Sáder ordenó al JAM que se retirara y él mismo pasó a la
clandestinidad. Según David Satterfield, antiguo consejero sobre Irak del
Departamento de Estado, as-Sáder ha pasado la mayor parte de los últimos 15
meses en Irán. Un informe del Grupo internacional de Crisis de febrero de 2008
describe un cambio significativo en el discurso de as-Sáder sobre Irán, que
hasta muy recientemente había sido rabiosamente anti-iraní: “Moqtada as-Sáder
solía aprovechar la línea nacionalista. Ahora su discurso se podría describir
como casi pro-iraní”. Un dirigente de as-Sáder manifestó ante el Grupo
Internacional de Crisis: “Incluso el Ejército del Mahdi ha cambiado su tono. El
discurso anti-iraní del año ha cambiado bastante”.
En el sur, a pesar del intento de as-Sáder de no llamar la atención, se produjo
una tremenda batalla entre las fuerzas de Badr y las de as-Sáder. Las fuerzas
del Badr, con frecuencia con uniformes del ejército y de las unidades de la
policía iraquí, aplastaron sin piedad al JAM. Las fuerzas estadounidenses y las
de Badr lucharon codo con codo contra las fuerzas de as-Sáder, unas milicias
peor armadas. Rompieron docenas de células del JAM y asesinaron o detuvieron a
cientos de sus hombres. En Bagdad y en capitales de provincia como Diwaniya
(donde se produjeron una serie de asaltos a gran escala contra el JAM), las
fuerzas estadounidenses, como es habitual, fueron utilizadas por el CSII para
golpear a as-Sáder. “Los saderistas detenidos afirman que detrás de sus
detenciones está la gente del CSII”, afirma Reidar Visser del Instituto Noruego
de Asuntos Exteriores, que ha escrito muchísimo sobre las luchas políticas en el
sur de Irak.
Peter Harling, del Grupo Internacional de Crisis, afirma “los badristas están,
fundamentalmente, utilizando a EEUU como una herramienta para debilitar a los
saderistas. […] Hemos oído en los consejos de barrio de Badr que denuncian a
cualquiera que esté relacionado con el movimiento de as-Sáder o con EEUU. Muchas
personas, incluidas quienes están en contra del movimiento saderista, afirman
que los baderistas van por libre haciendo el trabajo de inteligencia y señalando
a EEUU cuál es el objetivo correcto, es decir, los elementos saderistas. EEUU no
discrimina mucho entre sus enemigos”. Kenneth Katzman, un especialista en
Oriente Medio del servicio de investigación del Congreso, asiente y añade: “El
ejército estadounidense está jugando con los al-Hakim en esta lucha intestina”.
Abul Aziz al-Hakim, el líder del Consejo Supremo Islámico en Irak, la principal
formación histórica del confesionalismo shií iraquí y con fuertes vínculos con
Irán, durante su visita a la Casa Blanca en diciembre de 2006.
Teherán sopesa sus posibilidades
Irán está constantemente evaluando sus posibilidades en esta lucha interna shií.
A pesar de que Irán está más próximo al CSII, los dirigentes de Teherán podrían
estar preocupados sobre la viabilidad a largo plazo del partido. Abdel-Aziz al-Hakim
tiene cáncer de pulmón --el año pasado estuvo varias semanas en Irán recibiendo
tratamiento-- y su hijo y probable sucesor, Amar al-Hakim, es joven e inexperto.
Además, Irán es muy consciente de que muchos iraquíes shiíes, que lucharon
contra Irán durante la guerra iraco-iraní, desprecian al CSII por traidores.
“Les odian”, afirma Hiltermann que ha estudiado de cerca al CSII. Por eso, a
pesar de las inclinaciones nacionalistas de as-Sáder y su aparente distancia de
la dirección iraní, Irán busca establecer relaciones con el advenedizo clérigo.
Los intentos de Irán por cultivar relaciones con as-Sáder y viceversa operan en
dos direcciones: en primer lugar, directamente con as-Sáder y sus máximos
lugartenientes y, en segundo lugar, infiltrándose profundamente en el JAM, la
milicia de as-Sáder. Con un número aproximado de 60.000 hombres armados, el JAM
no es una fuerza de combate disciplinada sino una red con pocos vínculos, como
una franquicia de hombres armados en ciudades y barrios. Irán, considera esta
falta de disciplina una ventaja por lo que --según un amplio espectro de
analistas-- hizo todo lo que estuvo en su mano para ganarse la confianza de los
mandos locales y regionales del JAM. El objetivo de Irán podría haber sido
convertir el JAM en una versión de Hezbolá en Líbano, que depende de Irán para
armas y dinero.
Según el Pentágono, los llamados Grupos Especiales surgieron como un paraguas
que abarcara a todos los combatientes saderistas que, habiendo iniciado su
actividad hace un año, resultaron ser los enemigos más mortales para las fuerzas
de ocupación estadounidense. Después de que decenas de miles de combatientes de
la antigua resistencia sunní se unieron en la provincia de al-Anbar a la milicia
Ashwa (Despertar) bajo el mando de los jefes tribales iraquíes, como parte de un
cambio radical de EEUU hacia los sunníes en Irak en 2006, EEUU empezó a combatir
una oleada de ataques en áreas shiíes del sur y del este de Bagdad producidos
por la línea dura shií que se oponía al acuerdo entre EEUU y los sunníes. Hacia
mediados de 2007, esos resistentes fueron responsables de las tres cuartas
partes de las bajas infligidas a las tropas estadounidenses, según el propio
ejército de EEUU. El Pentágono denominó a los atacantes “Grupos Especiales del
JAM apoyados por Irán” y los acusó de utilizar bombas anti-blindaje altamente
efectivas fabricadas en Irán y denominadas EFP (Explosive formed penetrators)
[5].
Casi todos los analistas entrevistados respecto a estos hechos creen que Irán ha
suministrado al menos algunas de las armas utilizadas por la resistencia shií, a
pesar de que las pruebas presentadas por el Pentágono eran todo menos
abrumadoras. “No creo que consigamos mucha información secreta de lo que Irán
está haciendo en realidad”, afirma David Mack del Instituto de Oriente Próximo
que durante su carrera diplomática prestó servicios en Irak dos veces. “Vemos
los efectos de determinados tipos de armas que se podría decir que se
construyeron en Irán”. El Pentágono admite que hasta ahora no ha podido
interceptar ningún cargamento [de armas] que cruzara la frontera iraní para
entrar en Irak. Sin embargo, los militares insisten en que Irán está implicado y
se dice que las fuerzas estadounidenses e iraquíes han capturado a numerosos
combatientes entrenados en Irán y como mínimo a uno de los altos mandos de
Hezbolá de Líbano. Algunos escépticos respecto a las declaraciones del Pentágono
sugieren que las armas iraníes han entrado en Irak de contrabando, robadas por
elementos de la Fuerza al-Quds de la Guardia Revolucionaria Iraní que trabajan
por su cuenta, o por delincuentes, y ello sin conocimiento del líder supremo
Jomenei, lo cual parece improbable. Mahan Abedin califica la idea de absurda y
añade: “Si la Guardia Revolucionaria Iraní hace algo en Irak se castigaría
oficialmente. Cuando se trata de asuntos de tal importancia no queda lugar para
actuar fuera de los parámetros establecidos. No nos equivoquemos, la Guardia
Revolucionaria Iraní es una organización con un grado de disciplina altísimo; es
una fuerza ideológica y ha llevado mucho tiempo y mucha planificación establecer
la jerarquía; es una organización férreamente controlada”.
Hacia el final del verano [de 2007], el movimiento de as-Sáder había sufrido
grandes pérdidas y parecía tener serios problemas. Fueran delincuentes o no, los
Grupos Especiales sufrieron duros ataques conjuntos de las fuerzas
estadounidenses e iraquíes. Los enfrentamientos con las milicias de Badr, mejor
armadas y más disciplinadas, elevaron el número de bajas entre las fuerzas de
as-Sáder. A finales de agosto, una batalla entre el JAM y las fuerzas del Badr
que tuvo lugar en Kárbala, la segunda ciudad santa iraquí, dejó montones de
muertos y hasta 500 saderistas fueron detenidos. A los pocos días, as-Sáder
declaró un alto el fuego unilateral de seis meses [renovado en febrero de 2008
por otros seis meses].
El alto el fuego llegó en un momento muy oportuno para as-Sáder. En contraste
con los escuadrones de la muerte relacionados con Badr, que fueron acusados de
perpetrar asesinatos selectivos, al menos a algunos de los suboficiales y mandos
de as-Sáder se los relacionó con la terrible violencia contra la comunidad sunní
en sus campañas de limpieza étnica, especialmente en Bagdad; con frecuencia su
comportamiento era más el de gángsteres que el de un ejército político. El alto
el fuego dio a as-Sáder la oportunidad de gobernar a los elementos más
indisciplinados.
No ha quedado claro cuál es exactamente el motivo por el que as-Sáder declaró el
alto el fuego, pero su efecto fue fulminante: no sólo las fuerzas de as-Sáder
depusieron las armas sino que la violencia relacionada con los grupos especiales
disminuyó también de forma espectacular. El número de bajas entre los
estadounidenses, que había llegado casi a cero en la provincia sunní de al-Anbar
debido al movimiento Despertar, cayeron en picado en la capital y en el sur de
Irak. Pocas semanas después, hacia finales de octubre, as-Sáder y al-Hakim
firmaron un endeble tratado de paz, tratado, que se dice fue pergeñado en Irán.
“Según [el diario árabe] al-Hayat, el líder supremo iraní, el ayatolá [Ali]
Jamenei, estuvo presente cuando se firmó el acuerdo entre as-Sáder y al-Hakim en
octubre”, afirma Sam Parker, un experto en Irak del Instituto por la Paz
estadounidenses (a mediados de febrero parece que el acuerdo ya se ha roto).
El hecho de que tanto el JAM como sus Grupos Especiales mantuvieran a la vez el
alto el fuego anunciado por as-Sáder podría significar que las unidades que
supuestamente actuaban por su cuenta en el JAM no eran tan independientes “Esto
me indica que as-Sáder tenía más control de que realmente creíamos”, afirma
Wayne White. Otra posibilidad es que Irán utilizara su influencia en secreto,
cortando el suministro de armas y de dinero, para frenar a los combatientes
shiíes. “Creo que ahora existe una fuerte relación entre as-Sáder y los
iraníes”, afirma White, “Tanto Irán como as-Sáder hacen la misma lectura del
incremento de tropas estadounidenses. […] Miles [de milicianos del JAM]
abandonaron Bagdad hacia el sur con destino a los santuarios shiíes o Irán. […]
Simplemente se marcharon: ¿por qué enfrentarse a los estadounidenses en el
momento de su mayor fuerza? Pueden simplemente esperar a que las tropas de EEUU
adicionales se marchen”. En realidad un reciente y extenso informe de Christian
Science Monitor sugiere que as-Sáder utiliza el alto el fuego para consolidar su
milicia: ha creado una fuerza especial, la llamada de "Los Elegidos" (The Goldes
Ones), para aumentar la disciplina del JAM.
¿Distensión irano-estadounidense?
El pasado otoño, mandos estadounidenses empezaron a alabar, de forma cautelosa,
a los saderistas por su paciencia. El Pentágono, que se ha pasado años culpando
a los Grupos Especiales del JAM, eliminó todas las referencias al JAM y alabó
profusamente el alto el fuego de as-Sáder. El general David Petraeus, comandante
de las fuerzas estadounidenses en Irak, alabó personalmente a as-Sáder por
“trabajar para expulsar de su movimiento a los elementos criminales” y por su
promesa para mantener el alto el fuego anunciado en agosto. “La línea de as-Sáder
está al servicio del pueblo”, afirma Petraeus. A pesar del hecho de que as-Sáder
no quiere reunirse directamente con mandos estadounidenses, un experto mando
militar estadounidense en Bagdad declaró a The Nation que EEUU mantiene
contactos directos con dirigentes saderistas. “Hemos elegido caminos en los que
tenemos oportunidades para discutir de todo; bueno, no quiero decir sobre
estrategias sino sobre posibilidades”, afirma.
Más sorprendente si cabe, altos mandos estadounidenses también empezaron a
alabar a Irán. Según los mandos estadounidenses, desde finales del verano pasado
Irán empezó a restringir el flujo de armas que cruzan la frontera iraquí; tras
una petición del líder supremo Jamenei a al-Maliki durante el viaje del primer
ministro iraquí a Teherán. Satterfiel, del Departamento de Estado, declaró el
pasado mes de diciembre que “hemos sido testigos de una sistemática y prolongada
disminución de cierto tipo de violencia, por parte de cierta clase de sujetos
que no sólo se puede explicar por factores internos en Irak. […] Creemos que las
decisiones respecto a la estrategia seguida por la Guardia Revolucionaria Iraní
se han tomados con los más altos responsables del gobierno iraní”. En febrero,
Satterfield atemperó sus comentarios un poco al sugerir que Irán podría estar
detrás del aumento de los ataques de mortero y de lanzamiento de cohetes en
Basora.
Hubo otros indicios que indicaban la posible distensión irano-estadounidense en
Irak. El embajador Ray Crocker anunció en Bagdad que volvería pronto a sus
conversaciones con el embajador iraní, Hassan Kazemi-Qomi, un alto responsable
de la Guardia Revolucionaria Iraní que ayudó a organizar el movimiento Hezbolá
en Líbano. Hay rumores del aumento de los contactos clandestinos entre
responsables estadounidenses e iraníes en varios lugares. El informe de la
Agencia de Inteligencia Nnacional estadounidense, publicado el año pasado,
facilitó la disminución de la presión de EEUU sobre Irán al revelar que Teherán
había detenido su programa de armas nucleares en 2003. El propio Ali Jomeini
respondió diciendo, por primera vez, que podría imaginar “mantener relaciones
con EEUU”.
Cuando The Nation preguntó a los mandos estadounidenses sobre el papel cada vez
mayor de Irán en Irak la respuesta fue absolutamente suave: “Evidentemente, Irán
tiene intereses económicos, políticos y diplomáticos legítimos en Irak que tiene
que conseguir, ya sea ayudando a la consolidación de un poder en el sur o
construyendo un Irak con el que se sientan a gusto”, afirmó un mando militar
estadounidense en Bagdad, pero “lo que no vamos a consentir es la actividad
militante directa de la que Irán ha sido responsable” y continúa: “Van a ser
[Irán e Irak] vecinos para siempre. Comparten una gran frontera; la vida
económica a ambos lados de la frontera es bastante significativa y si todo
ocurre de forma abierta y transparente no habrá desventajas para ninguno”.
¿Puede EEUU llegar a un acuerdo con Irán para estabilizar Iráq, con Washington y
Teherán ignorando sus diferencias a fin de apoyar al gobierno de al-Maliki?
Posiblemente. Un escenario sería Washington, apoyado por Arabia Saudí, que
utilizaría su influencia con los sunníes, concretamente en el floreciente
movimiento Despertar, para reunirlos en una mesa, al mismo tiempo que Irán
utilizaría su influencia entre los shiíes para convencer a al-Maliki y a al-Hakim
de que hagan las concesiones necesarias para tender un puente entre las
comunidades. Esa idea está en el corazón del plan del Grupo de Estudio de Irak;
el grupo de asesores de 2006, dirigidos por James Baker y Lee Hamilton que Bush
destituyó cuando adoptó la decisión de incrementar el número de tropas. El plan
Baker-Hamilton apelaba a las negociaciones con Irán (y Siria) para tratar de
estabilizar Irak. Pero aún quedan tremendos obstáculos.
En primer lugar, Irán está muy disgustado con los intentos estadounidenses para
construir una fuerte milicia sunní --Despertar-- de 100.000 hombres. En una
entrevista realizada por la CNN el pasado otoño al embajador Kazemi-Qomi, éste
advertía explícitamente contra la política estadounidense de armar a los sunníes
y acusó a Washington de “devolver el poder a los antiguos asesinos”. Por el
contrario, Kazemi-Qomi exigió que EEUU siguiera apoyando a las milicias de Badr
relacionadas con las fuerzas de seguridad iraquíes. “EEUU debería armar y ayudar
al gobierno, al ejército y a la policía [iraquíes]. Inmediatamente después, dio
comienzo una ola de asesinatos cuyo objetivo eran los dirigentes de la milicia
Despertar y, según el New York Times, aunque a quien se culpa de los asesinatos
es a Al-Qaeda en Irak, muchos de los asesinos provienen de la Organización Badr.
Más importante aún, los nacionalistas iraquíes ya expresan su desprecio por la
idea de un pacto EEUU-Irán en Irak. Los nacionalistas --entre ellos los partidos
laicos, baazistas, muchos partidos sunníes, el movimiento Despertar y bloques
claves shiíes, incluidos los saderistas, a pesar de su reciente inclinación
hacia Irán-- empiezan a fusionarse en torno a un programa basado en la oposición
tanto a la ocupación militar estadounidense y a la ocupación política iraní, así
como a Al-Qaeda y a los separatistas, especialmente a los kurdos, que quieren
una región del Kurdistán independiente en el norte, del mismo modo que se oponen
al CSII que ha exigido una región shií cuasi-independiente en el sur. Si EEUU
fuera a iniciar una rápida retirada de sus tropas, las posibilidades de que el
nacionalismo iraquí se reafirmara serían muchas. Finalmente, muchos analistas
afirman que los iraquíes limitarán la influencia de Irán en Irak, pero sólo a
condición de que los estadounidenses se vayan.
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(*)Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde
Notas de IraqSolidaridad:
1. Hasta 2007 conocido como Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq,
CSRII.
2. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Irán legitima la ocupación de Iraq
3. Organización religiosa de cuáqueros, fundada en 1917, opuestos a la guerra de
Iraq.
4. Juego de palabras intraducible. El acrónimo JAM significa mermelada. Bad JAM
significa tanto “los malos JAM” como “mermelada mala”.
5. Es la variante más mortífera de los artefactos de fabricación casera,
conocidos por sus siglas inglesas IED.