esde esa fecha Irán ha venido celebrando
27 elecciones ininterrumpidamente, aun en los momentos más difíciles de
la guerra contra Iraq, el pueblo iraní ha acudido a las urnas.El
catorce de marzo se elige el nuevo Parlamento (Majlis), y
muchos coinciden en señalar que este día además de elegirse los nuevos
290 escaños, se someterá a una especie de referéndum la política llevada
adelante por el actual presidente, Mahmud Ahmadinejad, al tiempo que
mostrará los antecedentes de cara a las próximas elecciones
presidenciales en 2009.
La complejidad del sistema institucional iraní lleva en muchas
ocasiones a calificarlo con toda una serie de generalidades simplistas,
y obviando además el hecho de la diversidad social que encontramos en un
estado de más de setenta millones de ciudadanos, que componen todo “un
mosaico étnico, político e ideológico” de lo más diverso. De ahí que lo
más fácil se utilizar términos como “teocracia”, “sociedad cerrada”,
“dictadura de los mullahs” para definir la realidad de aquel estado.
Sin obviar las importantes carencias del régimen iraní, si lo
comparamos con los parámetros al uso en Occidente, vemos cómo estos días
la atención política en el país se centra en los discursos y propuestas
de los diferentes candidatos sobre “economía, política, cultura y
relaciones exteriores”.
“La compleja relación entre el estado y la sociedad civil
contemporánea, la evolución de los partidos políticos, organizaciones y
grupos de interés, la influencia de las crisis regionales y externas o
los obstáculos para una normal evolución política, requiere un análisis
más detallado de aquella realidad, alejándose de metodologías
restrictivas o, pero aún, de generalizaciones de estereotipos
preconcebidos”, apunta un buen conocedor de aquella realidad.
Con algunas instituciones todopoderosas, capaces de condicionar la
participación de algunos candidatos (ilegalización habemus), y con el
líder supremo actuando como árbitro entre las diferentes facciones
representativas de distintos intereses y orientaciones, y donde el
balance entre los centros de poder de la República Islámica es más que
evidente, la complejidad se acentúa.
Lejos de presentar un panorama político homogéneo, la realidad iraní
nos muestra un enorme fractura política, con fuerzas de centro,
izquierda y derecha, pero además en ocasiones se dan coaliciones que
superan esas divisiones. Tres son los campos que se presentan con más
claridad en el ámbito político actual, aunque dentro de cada uno de
ellos perviven las diferentes tendencias y en ocasiones defienden
intereses opuestos.
Así, en la actualidad encontramos “los denominados “osoolgarayan”,
que en Occidente se presentan de forma despectiva como los más
reaccionarios o intransigentes, los “aslahtalaban” o reformistas y los
“etedaltalaban” o centristas”.
Los primeros recogen entre otros a los apoyos del actual presidente y
a la mayoría de los parlamentarios salientes, sin embargo, las
diferencias entre partidarios de Ahmadinejad y sus detractores han
aumentado en las últimas semanas. Entre estos últimos, destacan los que
se conocen como “el nuevo triunvirato”, Ali Larijani (antiguo líder del
equipo negociador del programa nuclear iraní), Mohsen Rezai (antiguo
líder de los Guardias de la Revolución) y Mohammad Ghalibaf (alcalde de
Teherán y que apunta a las presidenciales del próximo año).
Diferencias en torno a la configuración de una lista han impedido
formalizar su propuestas, pero seguro que estos movimientos debilitará
las posiciones del presidente Ahmadinejad. Como también lo hará las
críticas de antiguos ministros como Akbar Velayati (exteriores) y Ali
Fallahian (inteligencia).
Los centristas o pragmáticos en torno al ex- presidente Rafsanjani,
aunque tal vez sería mejor definirlos como “oportunistas”, en base a las
características de éste, parecen mantener una posición de “observar el
desarrollo de los acontecimiento”, tal vez porque sus vistas están
puestas en las elecciones presidenciales del próximo año. De todas
formas, este sector ideológico también ha maniobrado para atraer hacia
una coalición a los desencantados del sector anterior, y se rumorea que
estarían buscando relanzar un partido como Kargozaran-e Jahid, formado
por tecnócratas del entorno de Rafsanjani.
Por su parte el sector reformista, que en las elecciones del 2004 se
presentó dividido entre los que propugnaban el boicot electoral y los
que tomaron parte en él, afronta nuevamente las elecciones en una
difícil situación. Con la mayor parte de sus candidatos ilegalizados,
con graves problemas de liderazgo, divididos y con pocas alternativas a
los grandes retos que tiene ante sí Irán, lo que deberían intentar es
buscar un giro a su política y “reformarse desde dentro”.
A pesar de la importancia de los temas domésticos en esta campaña
electoral, Irán no puede permanecer ajeno a los temas de política
exterior. Las amenazas de EEUU e Israel, dispuestos a provocar un cambio
de régimen en Teherán por medio de ataques militares o promoviendo
protestas en el país están sobre la mesa. No obstante, Irán tiene
experiencias similares en el pasado (crisis de los rehenes, las guerras
contra Irak y del Golfo, las sanciones económicas o los atentados contra
sus dirigentes) y su postura firme ante la hegemonía mundial de
Washington, así como su decidida apuesta por articular un eje con los
países “del sur”, le pueden permitir afrontar estros nuevos retos y
amenazas con garantías.
Un analista iraní señalaba que Occidente debería poner fin a su
hipócrita doble rasero, y como apuntaba recientemente un informe de
Human Rights Watch “el apoyo de la Unión Europea y EEUU a ciertos
autócratas para que parezcan demócratas, sin exigirles cumplir los
derechos civiles y políticos mínimos, ponen en riesgo los derechos
humanos en todo el mundo”.
Irán tiene mucho que aportar a la configuración de un nuevo orden
mundial más justo que el actual, y para muchos iraníes, “la revolución
tiene una importante agenda sin finalizar, y a pesar de los altibajos,
las limitaciones y la imposición de interpretaciones distorsionadas, el
vaso de la revolución está medio lleno”. De momento tras las elecciones
parlamentarias, las fuerzas políticas, y sobre todo algunos personajes,
preparan su candidatura para la elección presidencial del próximo año,
donde las alianzas y la heterogeneidad política del país se mostrarán a
los ojos del mundo.