Desde el fin de la ofensiva israelí que terminó hace una semana y causó la
muerte de 120 personas en Gaza --la mitad de ellas civiles--, los milicianos
palestinos redujeron considerablemente el lanzamiento de cohetes, aunque la
calma se vio enturbiada el pasado jueves por la muerte de ocho estudiantes en
una escuela religiosa judía en Jerusalén a manos de un palestino armado. Hamás,
por su parte, no ataca a Israel desde hace siete días.
El brazo militar del Frente Popular para la Liberación de Palestina
(FPLP), las Brigadas de Abu Ali Mustafa, asumió la responsabilidad del ataque,
pero Israel responsabilizó del mismo a Hamás. "Hamás controla Gaza y son
responsables de cada misil disparado desde Gaza hacia Israel. No nos hacemos
ilusiones respecto a la agenda extremista y de odio de Hamás", afirmó el
portavoz del Gobierno israelí, Mark Regev, citado por el diario israelí 'Haaretz'.
Las Brigadas precisaron que habían disparado dos proyectiles caseros
contra el asentamiento judío de Zikim, situado en el desierto del Negev. También
aseguraron que pretendían golpear el puesto militar de Nahal Oz con proyectiles
de mortero. A su juicio, sus acciones se justifican por el derecho natural que
tienen a responder a los crímenes que comete Israel.
Olmert se lo temía
El cohete lanzado el miércoles, que no provocó daños ni heridos, cayó horas después
de que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, visitara la ciudad de Ashkelon y
subrayara que no había manera de garantizar que no caerían nuevos cohetes, como
finalmente ha ocurrido. De momento, Israel no ha adelantado si responderá al
reciente ataque de los milicianos con una operación militar.
En este sentido, Olmert advirtió de que los ataques con cohetes han sido
"la realidad de Israel durante los últimos 60 años", por lo que no se puede
considerar "una cuestión de antaño".
Según la agencia Israel News, el primer ministro recalcó a los miembros
del Centro Médico Barzilai que "no hay forma de evitar que se repitan estos
ataques", una situación que "exige moderación y fortaleza".
No obstante, dijo que la situación de los habitantes de Ashkelon no se
puede comparar con la de los vecinos de Sderot o de otras localidades israelíes
"que han soportado el disparo de cohetes durante años". Los responsables del
hospital de Ashkelon transmitieron a Olmert sus quejas por el hecho de que el
centro aún no haya sido fortificado.
"El (cohete) Grad es más pesado que el Qassam, y no podemos evitar que
estas cosas (los ataques con cohete) se repitan", reiteró el primer ministro.
Olmert, que ha desmentido en repetidas ocasiones las informaciones que
apuntaban a un posible alto el fuego con Hamás, explicó que si los milicianos
palestinos habían dejado de atacar temporalmente, "no es por su amor hacia
Israel", sino porque "ellos también sufren" cuando Israel "les asesta un duro
golpe y se ven obligados a volver a evaluar la situación". "Pero esto no
significa que no vayan a empezar otra vez" a disparar, matizó.
En su opinión, Hamás ha creado "una realidad en la cual no hay forma de
proteger a los civiles israelíes si no es respondiendo con ataques" contra
quienes atentan contra Israel, y a veces respondiendo "de manera
desproporcionada para que su dolor sea suficiente para disuadirles de seguir
disparando".
"No tenemos el deseo de hacer daño a los habitantes de Gaza, estamos
haciéndolo (las ofensivas israelíes) porque la realidad no nos da otra opción.
Así que su dolor hará que paren", indicó el jefe del Gobierno israelí, que
aclaró que el Estado hebreo "no sigue una política clara de lanzamiento de
operaciones", sino que se rige por el "método sistemático de combatir el
terrorismo allá donde esté, incluido Jerusalén".
Una vez finalizada su visita a Ashkelon, Olmert señaló que no había ido a
la ciudad "para hacer ninguna promesa a los habitantes", sino para "comunicarles
que la situación es compleja" y que el Gobierno no dispone de "soluciones
inmediatas".
Tregua improbable
Con este disparo se pone fin a los rumores e informaciones de los últimos
días sobre una eventual tregua entre Israel y Hamás --que gobierna 'de facto' en
la Franja de Gaza-- con la mediación de Egipto. En virtud de este acuerdo, Hamás
evitaría el lanzamiento de cohetes contra Israel a cambio de que éste dejase de
atacar contra la Franja.
Pero esta mañana Hamás negó los comentarios hechos por el presidente
palestino, Mahmud Abbas, de que su búsqueda de una tregua con Israel está
motivada por un deseo de proteger a sus dirigentes de los asesinatos selectivos
israelíes.
"Estas declaraciones no son sino mentiras que buscan dañar la imagen de Hamás", indicó un responsable de Hamás, Sami Abu Zuhri, en un comunicado. "Los
dirigentes de Hamás buscan el martirio y nunca regatearán sobre la sangre de su
pueblo como hacen otros", añadió.
Abbas dijo ayer en Amán que Hamás y Yihad Islámica, los dos principales
grupos radicales que operan en la Franja de Gaza y que están detrás de los
disparos de cohetes contra Israel, quieren garantías de que a cambio de una
tregua sus líderes no serán atacados.
El primer ministro israelí ha amenazado con atacar a todos los
responsables del lanzamiento de cohetes, haciendo surgir especulaciones de que
los dirigentes de Hamás podrían estar en el punto de mira. Israel asesinó a los
dirigentes de Hamás Ahmed Yassin y Abdelaziz Rantissi en la Franja en 2004.
Una tregua entre israelíes y palestinos podría constituir un elemento
clave para el proceso de paz, que Estados Unidos espera que desemboque en un
acuerdo de paz antes del fin de 2008.
El cese temporal de las hostilidades también podría resultar atractivo
para Hamás si incluyese una relajación del bloqueo israelí sobre la Franja. El
Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) ha rechazado las peticiones de los
países occidentales de reconocer a Israel, renunciar a la violencia y aceptar
los acuerdos de paz provisionales existentes entre el Estado hebreo y la
Autoridad Palestina.