Después de una ofensiva de
cinco días en la que murieron 121 palestinos, Israel retiró sus tropas el lunes
de la Franja de Gaza y prometió nuevos ataques, pese al duro golpe
que ha supuesto esta última escalada de violencia para el paralizado proceso de
paz en Oriente Medio.
El ejército israelí replegó todos sus tanques de Jabaliya, en el norte de la
franja, y dejó tras de sí un panorama de devastación.
La ofensiva "Invierno caliente" sesgó la vida a más de 80 palestinos en un
fin de semana, entre ellos mujeres y niños. Además, fallecieron dos soldados
israelíes.
Los vehículos blindados israelíes retrocedieron hasta la frontera y algunos
regresaron directamente al Estado hebreo.
Pese a la retirada, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, afirmó que el
ejército continuará sus ataques en el futuro contra el movimiento radical
palestino Hamas que controla totalmente la Franja de Gaza desde junio de 2007.
Hamas ha perdido al menos a 40 de sus miembros durante la operación israelí, la
más sangrienta desde el inicio de la segunda Intifada palestina en septiembre de
2000.
La comunidad internacional lamentó los disparos de cohetes palestinos contra
Israel, motivo por el cual el ejército lanzó su ofensiva y también criticó el
uso desproporcionado de la fuerza por el Estado israelí así como las pérdidas
civiles.
De una forma más o menos intensa, los cohetes palestinos siguieron dirigiéndose
en estos últimos días contra el sur de Israel.
La ofensiva israelí ha supuesto un nuevo jarro de agua fría al frágil proceso
de paz israelo-palestino.
La Autoridad Palestina ha suspendido cualquier negociación con Israel, lo cual
complica la visita que el martes realizará a Jerusalén y Ramala (Cisjordania) la
secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, para tratar de impulsar
los contactos entre las partes.
El presidente estadounidense, George W. Bush, no ha abandonado su objetivo de
llegar a un acuerdo de paz antes de finalizar el año, es decir, antes de que
deje el cargo, según informó la Casa Blanca.
Asimismo, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Javier Solana, de
visita en Israel, afirmó que el proceso de paz no podía "detenerse", instando al
presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, a "volver a la mesa de
negociaciones".
"Seguimos en el corazón de la batalla, no se trata de un ataque puntual",
dijo Olmert ante la comisión parlamentaria de Relaciones Exteriores y Defensa.
El primer ministro israelí afirmó que el objetivo de la operación es una
"reducción radical de los disparos de cohetes, un debilitamiento de Hamas hasta
el punto que sea incapaz de controlar Gaza", algo que pasa, aseguró, por una
campaña "sistemática que aplique un amplio abanico de medios".
Según el ejército israelí, los cohetes de largo alcance disparados desde la
Franja de Gaza son de fabricación iraní, país considerado un aliado de
Hamas y enemigo jurado de Israel.
Abas propuso "actuar en vistas a alcanzar una tregua total con la parte israelí
y ahorrar al pueblo palestino nuevas víctimas y sufrimientos".
Hamas aplaudió por su parte la retirada de Israel, que vio como una
"victoria" de sus combatientes en la franja, de la que desaparecieron en
2005 todas las colonias presentes aunque los accesos a este territorio,
paupérrimo y superpoblado, siguen estando controlados por Israel.
Los ataques del ejército israelí causaron 121 muertos, muchos de ellos
civiles, desde el 27 de febrero. Dos palestinos heridos de gravedad que
habían sido hospitalizados en Egipto, fallecieron también el lunes.
En Cisjordania, un adolescente palestino murió a manos de un colono israelí
mientras se manifestaba contra los ataques en Gaza. Durante otras protestas en
Belén, Hebrón (también en Cisjordania) y en la parte este de Jerusalén, más de
20 palestinos resultaron heridos en altercados con soldados israelíes.
Este lunes, un avión israelí mató a un activista palestino e hirió a otras tres
personas en un ataque contra la localidad de Beit Hanun, al norte de la franja,
según fuentes médicas palestinas.