Por Omar Barghouti - ZNet
(*)
En la historia quedará constancia de este día como el del inicio de una
nueva fase en el conflicto colonial entre Israel y los palestinos, por cuanto
que un alto dirigente israelí, en realidad "de izquierda", ha revelado
públicamente los planes genocidas que Israel está pensando aplicar a los
palestinos que están bajo su ocupación militar si estos no dejan de resistirse
a su dictados.
También marcará la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial
en que un Estado ha aterrorizado sin descanso (y en directo por la televisión)
a una población civil con actos de un genocidio a cámara lenta o de baja
intensidad, y en que uno de los altos cargos de su gobierno incitan
abiertamente a un "holocausto" en toda la extensión de la palabra mientras el
mundo lo contempla sin hacer nada, observando absolutamente apático o, como en
el caso de importantes dirigentes occidentales, con júbilo.
Es una triste ironía de la historia
que un dirigente israelí, judío en particular, amenace a quien sea con un
holocausto. ¿Acaso las víctimas de crímenes indescriptibles están abocadas a
convertirse en criminales atroces? ¿Es posible hacer algo para romper este
círculo vicioso antes de que el Estado que afirma representar a las
principales víctimas del Holocausto cometa él mismo otro holocausto?
Sin embargo, antes de plantear estas
preguntas, uno se podría preguntar si no es exagerado y altamente
contraproducente comparar los crímenes de Israel contra los palestinos,
independientemente de lo brutales e inhumanos que hayan sido, con el genocidio
nazi. Además, ¿acaso cada crimen no es único y digno de atención por derecho
propio en tanto que violación de los derechos humanos, del derecho
internacional, de los principios morales universales? La respuesta es sí; cada
crimen es único y nada de lo que Israel ha hecho hasta el momento se acerca
tanto, en cantidad, a los crímenes nazis. Pero cuando las
víctimas-convertidas-en-perpetradores admiten abiertamente sus intenciones de
llevar a cabo una forma exclusiva de ataque con la que ellos están más
familiarizados y de hecho cometen actos reiterados que recuerda
cualitativamente a aquel crimen por su racismo desenfrenado y por el espantoso
desprecio del valor y de la dignidad de la vida humana del "otro" que está
inherente en ellos, entonces habría que tomar en serio sus amenazas. Todos
estamos llamados a reaccionar, a actuar de cualquier manera para impedir que
este crimen en curso llegue a su conclusión lógica.
A pesar de su falta de independencia
política y de su discutible autoridad, la Autoridad Palestina de Ramala está
llamada a exonerarse inmediatamente de la acusación popular de complicidad.
Una de las personas más destacadas en lanzar esta dura acusación fue Azmi
Bishara, como reacción al anuncio del presidente de la AP en El Cairo, justo
el día antes de la última masacre israelí en Gaza, de que al-Qaeda se había
infiltrado en Gaza y de que los proyectiles lanzados indiscriminadamente por
la resistencia palestina contra ciudades y asentamientos israelíes
proporcionaba una excusa para la agresión israelí. La credibilidad de estas
aserción de complicidad fue lo suficientemente convincente como para provocar
que Mahmoud Abbas condenara el crimen israelí con una austeridad y con un
hipérbole sin precedentes calificándolo de [ser] "más que un holocausto" [2].
Todavía es de esperar que los
regímenes árabes, especialmente Egipto y Jordania, aun cuando no hayan sido
elegidos, sean ilegítimos y serviles a Estados Unidos, se distancien de la
letal guerra de agresión de Israel contra Gaza. Después de todo, sus continuas
relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, así como su implícita
justificación de los crímenes de Israel por medio de sus repetidas y gratuitas
descalificaciones de Hamas, han hecho que sus respectivas opiniones públicas,
por no mencionar de un público árabe más amplio, los etiqueten
convincentemente de cómplices del crimen.
Los gobiernos europeos,
principalmente en Francia, Gran Bretaña y Alemania, también tienen que
responder a esta grave acusación de connivencia con los crímenes de Israel
contra la humanidad, frecuente entre amplias mayorías de palestinos, árabes y
musulmanes. No sólo han guardado silencio ante el deliberado asesinato por
parte de Israel [3] de casi cien civiles inocentes, la mayoría de ellos niños,
en el curso de los últimos días en Gaza, sino que han seguido tratando a
Israel con reverencia, han seguido celebrando su llamando 60 aniversario, que
es en sí mismo un horripilante evento de limpieza étnica y ruina colonial, y
dotándolo generosamente de apoyo económico, político y científico que
contribuye de manera significativa a su impunidad.
Por otra parte, no se puede acusar
al gobierno estadounidense de instigar los actos de genocidio de Israel al
mismo nivel que los siniestros cómplices antes mencionados. Es y siempre ha
sido un completo y orgulloso cómplice en la planificación, financiación y
ejecución de estos crímenes contra los palestinos, por no mencionar su propio
e incomparable record criminal en Afganistán, Iraq y, antes de ambos, en
Vietnam. Cuando llegue el momento de nuestro propio Nuremberg, cuando
finalmente los criminales de guerra israelíes comparezcan ante un tribunal
internacional, habrá que reservar un importante espacio en el banquillo de la
defensa para los comandantes y dirigentes políticos estadounidenses. Sin la
complicidad estadounidense, que se expresa en una inconmensurable ayuda
militar, económica y diplomática, Israel no podría haber cometido todos sus
crímenes racistas y coloniales con esta impunidad.
Volviendo a la pregunta de si se
debe y se puede hacer algo para detener a Israel, la respuesta es sin duda
alguna sí. Los crímenes del apartheid sudafricano fueron desafiados no sólo
por la heroica lucha de las masas oprimidas sobre el terreno en Sudáfrica,
sino que también se luchó contra él con campañas mundiales de boicot,
desinversión y sanciones contra el régimen con todas sus cómplices
instituciones económicas, académicas, culturales y deportivas. De manera
similar la sociedad civil internacional puede, y debe, aplicar las mismas
medidas de justicia no violenta para hacer que Israel respete el derecho
internacional y los derechos humanos básicos. Incluso la amenaza de sanciones
demostró en el pasado ser lo suficientemente eficaz para detener las repetidas
campañas israelíes de muerte y devastación.
Si quedan impunes todas estas
imágenes de niños palestinos destrozados, todos estos episodios de matanza y
destrucción indiscriminadas por parte un ejército de ocupación contra una
población formada predominantemente por civiles indefensos, puede que, en
efecto, el mundo sea testigo de un nuevo holocausto.
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(*) Omar Barghouti es un analista
político independiente.
[1] http://www.haaretz.com/hasen/spages/959532.html
[2] http://english.aljazeera.net/NR/exeres/0C8EBD66-032E
-4470-82FB-005D6A2B5186.htm
[3] http://www.alhaq.org/etemplate.php?id=352
Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos