Durante más de dos décadas, el megaterrorista y número dos del pro-iraní
movimiento chiíta libanés Hezbollah, Imad Mughniyeh, aprendió a huir de los
principales servicios secretos occidentales, entre ellos el Mossad israelí.
La obsesión por la seguridad de quien fuera el principal planificador de
operaciones armadas de Hezbollah no tenía límites. Aunque mantenía contactos
con numerosas organizaciones vinculadas a la Jihad mundial, nunca hablaba
por teléfono, se hizo varias operaciones de cirugía plástica y logró
confundir a sus enemigos, evitando que sus fotos actualizadas fueran
difundidas.
Mughniyeh -conocido al interior de Hezbollah como el “zorro”- estudió los
sistemas de las fuerzas de seguridad enemigas y eran muy pocos los que
sabían dónde se encontraba en cada momento.
Fuentes israelíes revelaron que el lunes por la noche cometió un error
que le costó la vida. El jefe de operaciones de la milicia islamista
libanesa apareció en el restaurante Qasar el Nubalah (palacio de los
nobles), en el corazón de Damasco, para festejar el XXIX aniversario de la
revolución iraní.
Uno a uno, entraron en la sala el dirigente más destacado del palestino
Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), Jaled Mishal, el líder de la
Jihad Islámica, Ramadan Salah, y el jefe del Frente Popular para la
Liberación de Palestina-Comando General, Ahmed Yibril. Todos ellos saludaron
a los diplomáticos iraníes y extranjeros y a los representantes del régimen
sirio, pero muy pocos notaron la presencia de un hombre corpulento y con
barba que se mantenía en un rincón.
Muy poca gente conocía el aspecto del líder militar de Hezbollah, aunque
sabían que había provocado la muerte de cientos de personas en decenas de
atentados en todo el mundo y en una ola de secuestros. Este año, por primera
vez, Mughniyeh, de 46 años, se permitió aceptar la invitación de sus jefes
iraníes para celebrar con ellos el aniversario.
Veinticuatro horas después perdía la vida al estallar su coche-bomba en
el barrio Kafer Susa de Damasco. El “zorro” murió de la misma forma que sus
dos hermanos, Fuad (en 1994) y Jihad (en 1985).
INTERROGANTES
Nadie sabe cómo los autores de la operación lograron entrar en el centro
de la capital siria, detectar a Mughniyeh, seguirlo durante 24 horas,
organizar la explosión que provocó su muerte y escapar del país. Todo esto
sin dejar la más mínima huella.
Fuentes de los servicios de seguridad israelíes afirmaron que, para
llevar a cabo una operación como la de Damasco, es necesario tener agentes
muy cerca de la elite de Hezbollah.
Según las mismas fuentes, en Teherán y en Damasco las autoridades
iniciaron ya una amplia investigación para detectar a los posibles traidores
que colaboran con el enemigo.
El Gobierno israelí ha ordenado al ejército reforzar las medidas de
seguridad en la frontera con Líbano para impedir posibles secuestros de
soldados ante las amenazas de Hezbollah de “guerra abierta” lanzada el
jueves por el máximo líder del grupo chiíta, Hassan Rasnallah.
Por otra parte, los servicios secretos israelíes, el Shin Bet, ordenaron
a todas las representaciones diplomáticas israelíes en el exterior reforzar
el estado de alerta ante posibles atentados de represalia. “La pregunta no
es si lanzarán una operación de venganza, sino cuándo y dónde”, afirmaron en
el Ministerio de Defensa israelí.
El Primer Ministro de Israel, Ehud Olmert, que normalmente no acude al
restaurante del Parlamento como acostumbraba a hacer su predecesor en el
cargo, Ariel Sharon, dio el jueves una vuelta al ruedo triunfal, siendo
discretamente felicitado por numerosos diputados.
Oficialmente, Israel continúa desmintiendo su participación y un portavoz
dijo sonriendo: “¿No sabe usted que el jefe del Mossad, Meir Dagan, está de
luto en casa por la muerte de su madre? ¿Cómo va a ser el Mossad el
responsable de la muerte de Mughniyeh?”.
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